Aquella explosión del reactor número cuatro de Chernóbil marcó, sin duda, un antes y un después en Europa entera. Fue durante la primavera de 1968, cuando las nubes cargadas de radionucleidos obligaron a evacuar a miles de personas y, como si de una película se tratase, crearan la zona de exclusión que sigue siendo, casi cuatro décadas después, un laboratorio involuntario.. Allí, donde se respira soledad, silencio y destrucción, la vida resistió. Y, entre todas las formas, los hongos se apoderaron del lugar. A finales de los años 90, la investigadora Nelli Zhdanova entró en el interior de las ruinas del reactor y descubrió que los conductos, techos y paredes estaban cubiertos de un moho oscuro que crecía aparentemente alimentándose por la radiación.. El fenómeno del Radiotropismo. Zhdanova y su equipo describieron dicho fenómeno como radiotropismo. Es decir, el inquietante hecho de que, no solo estos organismos pueden crecer en un entorno tan hostil; sino que también crecen orientándose hacia las fuentes de radiación, como si algo en ellas las atrajera. La clave parece estar en la melanina, el pigmento que oscurece la piel humana y que también tiñe de negro a muchas especies de hongos.. Al igual que el bronceado protege de la radiación ultravioleta, la melanina fúngica puede desempeñar un papel de escudo ante partículas aún más energéticas. Experimentos posteriores mostraron que algunas cepas crecían más rápido cuando estaban expuestas a fuentes radiactivas. Los hongos no solo sobrevivían a la radiación, podían aprovecharla como energía.. La radiosíntesis. La idea fue bautizada como radiosíntesis. A primera vista, suena como la versión nuclear de la fotosíntesis, un tipo de metabolismo basado en la energía radiante. Aunque el mecanismo exacto sigue siendo desconocido, las observaciones despertaron preguntas científicas inmensas. ¿Podría un organismo utilizar radiación para vivir del mismo modo que otros usan la luz solar?. Los hongos de Chernóbil no son los únicos testigos de la adaptación a lo imposible. Incluso algunos animales de la zona mostraron señales de cambio. El oscurecimiento de anfibios locales, por ejemplo, sugiere que la melanina pudo haber actuado como ventaja evolutiva dentro de la zona contaminada.. ¿Qué implicaciones tiene en la ciencia?. Otros investigadores probaron estos hongos en condiciones extremas, incluso fuera de la Tierra. La misma especie hallada en Chernóbil se llevó a la Estación Espacial Internacional y, sometida a la radiación cósmica, mostró un crecimiento mayor que sus equivalentes en la Tierra. Además, los experimentos indicaron que una capa de hongos podía bloquear parte de esa radiación, ofreciendo una protección ligera y viva.. La hipótesis entonces es la siguiente, si durante los viajes a Marte o en la construcción de bases lunares, las paredes pudieran cultivarse en el espacio a partir de hongos melanizados, los costes en metal, materiales sintéticos y protección para la radiación en el espacio se reducirían de manera drástica. En lugar de llevar el escudo desde la Tierra, se construiría en el propio destino, con organismos capaces de absorber radiación.. Aún faltan respuestas, no todas las especies melanizadas se comportan igual, y no hay consenso sobre si la radiación alimenta el crecimiento o si simplemente no lo impide. Pero los hallazgos abren una puerta fascinante
El crecimiento de este tipo de moho se acelera cuando está expuesto a radiación ionizante. Los científicos describen este comportamiento como radiotropismo.
Aquella explosión del reactor número cuatro de Chernóbil marcó, sin duda, un antes y un después en Europa entera. Fue durante la primavera de 1968, cuando las nubes cargadas de radionucleidos obligaron a evacuar a miles de personas y, como si de una película se tratase, crearan la zona de exclusión que sigue siendo, casi cuatro décadas después, un laboratorio involuntario.. Allí, donde se respira soledad, silencio y destrucción, la vida resistió. Y, entre todas las formas, los hongos se apoderaron del lugar. A finales de los años 90,la investigadora Nelli Zhdanova entró en el interior de las ruinas del reactor y descubrió que los conductos, techos y paredes estaban cubiertos de un moho oscuro que crecía aparentemente alimentándose por la radiación.. El fenómeno del Radiotropismo. Zhdanova y su equipo describieron dicho fenómeno como radiotropismo. Es decir, el inquietante hecho de que, no solo estos organismos pueden crecer en un entorno tan hostil; sino que también crecen orientándose hacia las fuentes de radiación, como si algo en ellas las atrajera. La clave parece estar en la melanina, el pigmento que oscurece la piel humana y que también tiñe de negro a muchas especies de hongos.. Al igual que el bronceado protege de la radiación ultravioleta, la melanina fúngica puede desempeñar un papel de escudo ante partículas aún más energéticas. Experimentos posteriores mostraron que algunas cepas crecían más rápido cuando estaban expuestas a fuentes radiactivas. Los hongos no solo sobrevivían a la radiación, podían aprovecharla como energía.. La radiosíntesis. La idea fue bautizada como radiosíntesis. A primera vista, suena como la versión nuclear de la fotosíntesis, un tipo de metabolismo basado en la energía radiante. Aunque el mecanismo exacto sigue siendo desconocido, las observaciones despertaron preguntas científicas inmensas. ¿Podría un organismo utilizar radiación para vivir del mismo modo que otros usan la luz solar?. Los hongos de Chernóbil no son los únicos testigos de la adaptación a lo imposible. Incluso algunos animales de la zona mostraron señales de cambio. El oscurecimiento de anfibios locales, por ejemplo, sugiere que la melanina pudo haber actuado como ventaja evolutiva dentro de la zona contaminada.. Cultivo de CladosporiumUniversidad de Adelaide. ¿Qué implicaciones tiene en la ciencia?. Otros investigadores probaron estos hongos en condiciones extremas, incluso fuera de la Tierra. La misma especie hallada en Chernóbil se llevó a la Estación Espacial Internacional y, sometida a la radiación cósmica, mostró un crecimiento mayor que sus equivalentes en la Tierra. Además, los experimentos indicaron que una capa de hongos podía bloquear parte de esa radiación, ofreciendo una protección ligera y viva.. La hipótesis entonces es la siguiente, si durante los viajes a Marte o en la construcción de bases lunares, las paredes pudieran cultivarse en el espacio a partir de hongos melanizados, los costes en metal, materiales sintéticos y protección para la radiación en el espacio se reducirían de manera drástica. En lugar de llevar el escudo desde la Tierra, se construiría en el propio destino, con organismos capaces de absorber radiación.. Aún faltan respuestas, no todas las especies melanizadas se comportan igual, y no hay consenso sobre si la radiación alimenta el crecimiento o si simplemente no lo impide. Pero los hallazgos abren una puerta fascinante
