La escena es habitual: un café pagado con un simple gesto, el abono del transporte acercando la cartera o una compra completada sin introducir el PIN. La tecnología contactless ha cambiado la forma de consumir hasta el punto de que muchos usuarios apenas utilizan efectivo.. El avance ha simplificado la vida diaria, aunque también ha abierto nuevas conversaciones sobre seguridad digital. A medida que los medios de pago evolucionan, también lo hacen las técnicas utilizadas por los delincuentes para intentar acceder a información financiera.. No se trata de un fenómeno masivo ni de un riesgo constante, pero sí lo suficientemente real como para que expertos en ciberseguridad y organismos financieros recomienden adoptar ciertas precauciones, especialmente en espacios concurridos.. Entre esas recomendaciones ha surgido una solución inesperadamente sencilla: envolver las tarjetas en papel de aluminio.. ¿Para qué sirve envolver las tarjetas de crédito en papel de aluminio?. Las tarjetas modernas incorporan chips de identificación por radiofrecuencia, conocidos como RFID o NFC. Gracias a esta tecnología, el terminal de pago puede leer la información necesaria sin contacto físico. Ese intercambio funciona mediante ondas electromagnéticas de corto alcance. Precisamente ahí aparece la posible vulnerabilidad.. Algunos dispositivos electrónicos portátiles permiten intentar leer esas señales a muy poca distancia, una práctica conocida como skimming inalámbrico. Según explica la Agencia Española de Protección de Datos, este tipo de fraude busca captar datos sin manipular físicamente la tarjeta, generalmente aprovechando aglomeraciones donde el contacto cercano pasa desapercibido.. Aeropuertos, estaciones, festivales o centros comerciales suelen mencionarse como escenarios donde podría producirse un intento de lectura no autorizada.. La “jaula invisible” que bloquea las señales. El fundamento del papel de aluminio no tiene nada de superstición tecnológica. Se basa en un principio físico bien conocido: la jaula de Faraday. El físico Michael Faraday demostró en el siglo XIX que un material conductor puede bloquear campos eléctricos y electromagnéticos. Cuando una tarjeta queda envuelta en aluminio, las ondas externas no logran atravesar esa barrera ni salir de ella.. En términos prácticos, el chip deja de emitir o recibir señal mientras permanece cubierto. Es decir, ningún lector cercano podría establecer comunicación inalámbrica con la tarjeta.. Especialistas del National Institute of Standards and Technology explican que este tipo de aislamiento electromagnético es el mismo principio que utilizan laboratorios, equipos electrónicos sensibles o incluso algunas salas de seguridad informática.. El resultado: una protección adicional simple, barata y accesible para cualquier persona.. Cuándo tiene sentido utilizar este método. Los expertos coinciden en algo importante: envolver la tarjeta no es necesario en todo momento. El riesgo de lectura fraudulenta sigue siendo bajo debido a las limitaciones técnicas de alcance y a los sistemas de seguridad bancarios actuales. Sin embargo, puede resultar útil en situaciones concretas:. Viajes internacionales o aeropuertos con gran afluencia.. Eventos multitudinarios.. Uso habitual del transporte público en horas punta.. Personas que llevan varias tarjetas juntas en la cartera.. En estos contextos, el aluminio actúa como una capa extra de precaución, similar a usar una funda protectora.. Conviene evitar falsas expectativas. Cubrir la tarjeta no impide fraudes derivados de compras online, filtraciones de datos o engaños mediante phishing. Tampoco sustituye las medidas de seguridad que ofrecen bancos y aplicaciones móviles.. La Banco de España insiste en que la protección real pasa por combinar hábitos digitales responsables con herramientas tecnológicas: activar alertas de movimientos, revisar extractos periódicamente, bloquear rápidamente la tarjeta ante pérdidas y utilizar aplicaciones oficiales para controlar operaciones.. Muchos especialistas recuerdan además que la educación digital sigue siendo la defensa más eficaz. Gran parte de los incidentes financieros no se produce por ataques sofisticados, sino por desconocimiento o exceso de confianza.. No es una solución milagro ni una obligación diaria, pero sí un recurso con base científica que puede aportar tranquilidad en situaciones específicas.
Un gesto tan cotidiano como cubrir una tarjeta bancaria con papel de aluminio ha pasado de parecer una excentricidad a convertirse en una medida preventiva que cada vez más usuarios consideran
La escena es habitual: un café pagado con un simple gesto, el abono del transporte acercando la cartera o una compra completada sin introducir el PIN. La tecnología contactless ha cambiado la forma de consumir hasta el punto de que muchos usuarios apenas utilizan efectivo.. El avance ha simplificado la vida diaria, aunque también ha abierto nuevas conversaciones sobre seguridad digital. A medida que los medios de pago evolucionan, también lo hacen las técnicas utilizadas por los delincuentes para intentar acceder a información financiera.. No se trata de un fenómeno masivo ni de un riesgo constante, pero sí lo suficientemente real como para que expertos en ciberseguridad y organismos financieros recomienden adoptar ciertas precauciones, especialmente en espacios concurridos.. Entre esas recomendaciones ha surgido una solución inesperadamente sencilla: envolver las tarjetas en papel de aluminio.. Las tarjetas modernas incorporan chips de identificación por radiofrecuencia, conocidos como RFID o NFC. Gracias a esta tecnología, el terminal de pago puede leer la información necesaria sin contacto físico. Ese intercambio funciona mediante ondas electromagnéticas de corto alcance. Precisamente ahí aparece la posible vulnerabilidad.. Algunos dispositivos electrónicos portátiles permiten intentar leer esas señales a muy poca distancia, una práctica conocida como skimming inalámbrico. Según explica la Agencia Española de Protección de Datos, este tipo de fraude busca captar datos sin manipular físicamente la tarjeta, generalmente aprovechando aglomeraciones donde el contacto cercano pasa desapercibido.. Aeropuertos, estaciones, festivales o centros comerciales suelen mencionarse como escenarios donde podría producirse un intento de lectura no autorizada.. La “jaula invisible” que bloquea las señales. El fundamento del papel de aluminio no tiene nada de superstición tecnológica. Se basa en un principio físico bien conocido: la jaula de Faraday. El físico Michael Faraday demostró en el siglo XIX que un material conductor puede bloquear campos eléctricos y electromagnéticos. Cuando una tarjeta queda envuelta en aluminio, las ondas externas no logran atravesar esa barrera ni salir de ella.. En términos prácticos, el chip deja de emitir o recibir señal mientras permanece cubierto. Es decir, ningún lector cercano podría establecer comunicación inalámbrica con la tarjeta.. Especialistas del National Institute of Standards and Technology explican que este tipo de aislamiento electromagnético es el mismo principio que utilizan laboratorios, equipos electrónicos sensibles o incluso algunas salas de seguridad informática.. El resultado: una protección adicional simple, barata y accesible para cualquier persona.. Cuándo tiene sentido utilizar este método. Los expertos coinciden en algo importante: envolver la tarjeta no es necesario en todo momento. El riesgo de lectura fraudulenta sigue siendo bajo debido a las limitaciones técnicas de alcance y a los sistemas de seguridad bancarios actuales. Sin embargo, puede resultar útil en situaciones concretas:. Viajes internacionales o aeropuertos con gran afluencia.. Eventos multitudinarios.. Uso habitual del transporte público en horas punta.. Personas que llevan varias tarjetas juntas en la cartera.. En estos contextos, el aluminio actúa como una capa extra de precaución, similar a usar una funda protectora.. Conviene evitar falsas expectativas. Cubrir la tarjeta no impide fraudes derivados de compras online, filtraciones de datos o engaños mediante phishing. Tampoco sustituye las medidas de seguridad que ofrecen bancos y aplicaciones móviles.. La Banco de España insiste en que la protección real pasa por combinar hábitos digitales responsables con herramientas tecnológicas: activar alertas de movimientos, revisar extractos periódicamente, bloquear rápidamente la tarjeta ante pérdidas y utilizar aplicaciones oficiales para controlar operaciones.. Muchos especialistas recuerdan además que la educación digital sigue siendo la defensa más eficaz. Gran parte de los incidentes financieros no se produce por ataques sofisticados, sino por desconocimiento o exceso de confianza.. No es una solución milagro ni una obligación diaria, pero sí un recurso con base científica que puede aportar tranquilidad en situaciones específicas.
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