Lo que vivieron los madrileños en enero de 2021 fue algo insólito e irrepetible. Si ya de por sí era rara en esas fechas la situación en cualquier sitio, por las limitaciones que todavía estaba ocasionando la pandemia, otro acontecimiento vino a trastocar más la vida en la capital: Filomena. Muchos conservan en la memoria aquella monumental nevada como un álbum repleto de magníficas postales. Otros, sin embargo, tienen un recuerdo inevitablemente más complejo y contradictorio.. Es el caso de la autora, actriz y directora Carolina África. Tan solo veinte días después de haber dado a luz, acudió a la maternidad para hacerse unas pruebas y tuvo la mala suerte de resbalar a la salida por culpa de la nieve y el hielo acumulados. El resultado de la caída fue una fractura muy seria de tibia, peroné y pilón tibial, y un traslado inmediato al hospital contiguo a la espera de una operación que, en aquellos momentos, no podía ser tan inminente como a los médicos y a ella misma, que tenía una recién nacida en casa, les hubiera gustado. Tendría que quedarse diez días ingresada.. “Fue una mezcla extraña de emociones -recuerda África-. Madrid estaba cubierto de un manto blanco precioso, y la gente disfrutaba con la nieve jugando como niños. Al mismo tiempo, yo estaba viviendo un momento horroroso, separada de mi hijo pequeño, que tenía dos años y medio, y de la bebé recién nacida por las restricciones de la pandemia; con los huesos rotos, un dolor espantoso, porque no podía tomar Nolotil para que me sacasen la leche, y con una compañera de habitación nonagenaria, con demencia senil, a la que su nieta sí podía visitar porque era personal del hospital”. Tan atípico y contradictorio estaba resultando el asunto que la dramaturga pronto pidió un ordenador para convertirlo en materia teatral.. Un doble nacimiento. Y así, en aquel hospital, volvió a dar a luz; pero lo que nació esa vez fue un texto dramático titulado ‘Una buena vida’ que obtuvo el premio Luis Barahona de Soto y que ahora, cinco años después, ella misma dirige y protagoniza en el Centro Dramático Nacional. Junto a África, que se interpreta a sí misma, conforman el reparto Jorge Kent, en la piel de un enfermero, y Ahimsa, que da vida a la anciana compañera de habitación. Son los tres únicos personajes sobre el escenario en una función repleta de situaciones cómicas en la que “lo real parece ficticio, y a la inversa”.. Una obra que pretende, según su autora, ir mucho más allá de lo personal: “La verdadera historia es la del personaje de Jorge Kent, que es una mezcla de varios enfermeros y auxiliares que me cuidaron, mujeres y hombres; mi aparente drama es solo un cuento, un pretexto para que el público siga esa otra historia, que es el gran drama. En definitiva, esta obra va de celebrar el milagro del encuentro humano, de ser compasivos sin lástima, de reivindicar la belleza del cuerpo herido e imperfecto, de poner en valor los cuidados, de dignificar una profesión que sostiene el mundo, de valorar el tesoro que es tener una sanidad pública y la necesidad de defenderla con uñas y dientes”.
Carolina África escribe, protagoniza y dirige una comedia sobre el sentido de la sanidad y la necesidad del encuentro humano a partir de una experiencia personal pocos días después de dar a luz
Lo que vivieron los madrileños en enero de 2021 fue algo insólito e irrepetible. Si ya de por sí era rara en esas fechas la situación en cualquier sitio, por las limitaciones que todavía estaba ocasionando la pandemia, otro acontecimiento vino a trastocar más la vida en la capital: Filomena. Muchos conservan en la memoria aquella monumental nevada como un álbum repleto de magníficas postales. Otros, sin embargo, tienen un recuerdo inevitablemente más complejo y contradictorio.. Es el caso de la autora, actriz y directora Carolina África. Tan solo veinte días después de haber dado a luz, acudió a la maternidad para hacerse unas pruebas y tuvo la mala suerte de resbalar a la salida por culpa de la nieve y el hielo acumulados. El resultado de la caída fue una fractura muy seria de tibia, peroné y pilón tibial, y un traslado inmediato al hospital contiguo a la espera de una operación que, en aquellos momentos, no podía ser tan inminente como a los médicos y a ella misma, que tenía una recién nacida en casa, les hubiera gustado. Tendría que quedarse diez días ingresada.. “Fue una mezcla extraña de emociones -recuerda África-. Madrid estaba cubierto de un manto blanco precioso, y la gente disfrutaba con la nieve jugando como niños. Al mismo tiempo, yo estaba viviendo un momento horroroso, separada de mi hijo pequeño, que tenía dos años y medio, y de la bebé recién nacida por las restricciones de la pandemia; con los huesos rotos, un dolor espantoso, porque no podía tomar Nolotil para que me sacasen la leche, y con una compañera de habitación nonagenaria, con demencia senil, a la que su nieta sí podía visitar porque era personal del hospital”. Tan atípico y contradictorio estaba resultando el asunto que la dramaturga pronto pidió un ordenador para convertirlo en materia teatral.. Y así, en aquel hospital, volvió a dar a luz; pero lo que nació esa vez fue un texto dramático titulado ‘Una buena vida’ que obtuvo el premio Luis Barahona de Soto y que ahora, cinco años después, ella misma dirige y protagoniza en el Centro Dramático Nacional. Junto a África, que se interpreta a sí misma, conforman el reparto Jorge Kent, en la piel de un enfermero, y Ahimsa, que da vida a la anciana compañera de habitación. Son los tres únicos personajes sobre el escenario en una función repleta de situaciones cómicas en la que “lo real parece ficticio, y a la inversa”.. Una obra que pretende, según su autora, ir mucho más allá de lo personal: “La verdadera historia es la del personaje de Jorge Kent, que es una mezcla de varios enfermeros y auxiliares que me cuidaron, mujeres y hombres; mi aparente drama es solo un cuento, un pretexto para que el público siga esa otra historia, que es el gran drama. En definitiva, esta obra va de celebrar el milagro del encuentro humano, de ser compasivos sin lástima, de reivindicar la belleza del cuerpo herido e imperfecto, de poner en valor los cuidados, de dignificar una profesión que sostiene el mundo, de valorar el tesoro que es tener una sanidad pública y la necesidad de defenderla con uñas y dientes”.
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