Rompe hoy el paseíllo de la Feria del Toro con su tradicional antesala novilleril, abriendo las puertas a un ciclo de San Fermín que, un año más, se erige como el epicentro sociológico y mediático del planeta taurino. Pamplona no es solo la feria de mayor proyección e impacto internacional, sino el último bastión donde el toro mantiene de forma escrupulosa la integridad de su trapío y la variedad de encastes exigibles a una plaza de máxima responsabilidad. Bajo el riguroso diseño de la Casa de Misericordia, el abono de 2026 ofrece un armazón sólido que conjuga la jerarquía de las figuras con las corrientes de renovación que la fiesta demanda. El gran argumento promocional y el indiscutible eje sobre el que orbita la feria se sustenta en el doblete de Roca Rey. El espada limeño, auténtico ídolo de la afición navarra, asume la responsabilidad de comparecer dos tardes clave: el jueves 9 de julio, con los toros de Victoriano del Río, y la jornada de clausura el día 14 con la corrida de Jandilla, que, en esta ocasión, después de muchos años, no se ha guardado para la ganadería de Miura. La otra columna sobra la que se cimenta el abono es Morante de la Puebla, cuya sola presencia en el momento de mayor regularidad de su carrera dota de categoría a la feria, además de nombres fundamentales en el actual escalafón superior como Alejandro Talavante, Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado. Además, como es usual en Pamplona, la Meca ha realizado una decidida apuesta por el relevo generacional, abriendo hueco a los nuevos valores y triunfadores del inicio de campaña, otorgando oportunidades legítimas a los Navalón o Diosleguarde, por poner un par de ejemplos. Es ahí donde la feria cobra su dimensión más justa y selectiva, midiendo las capacidades de la savia nueva frente al toro de Pamplona. La gran paradoja del serial vuelve a ser la ausencia de Diego Ventura. Resulta incomprensible que la máxima figura del rejoneo quede excluida, un año más, del escaparate taurino con mayor repercusión mundial, privando al aficionado de presenciar la plenitud del arte de Marialva en la tradicional corrida de rejones del 6 de julio. La expectación ya se respira a orillas del Arga, donde los Corrales del Gas reciben al constante desfile de aficionados y curiosos que acuden a admirar la imponente estampa del toro de Pamplona antes de que irrumpa en las calles. Allí, astados de hierros como Cebada Gago, Fuente Ymbro, Victoriano del Río o Álvaro Núñez aguardan su hora bajo la mirada respetuosa de una ciudad que venera al animal totémico de la fiesta. Es el prólogo silencioso de la emoción, el reencuentro con un trapío serio y astifino que define la identidad de este ciclo. A partir de hoy, esa pasión local se desborda para hacerse universal en una Pamplona donde el turismo se dispara y las calles se convierten en un crisol de idiomas unidos por el pañuelico rojo. Mientras las televisiones ultiman el despliegue técnico que l
La Feria del Toro despliega su dimensión global y su arraigo social en un ciclo que proyecta la emoción de la bravura al mundo
Rompe hoy el paseíllo de la Feria del Toro con su tradicional antesala novilleril, abriendo las puertas a un ciclo de San Fermín que, un año más, se erige como el epicentro sociológico y mediático del planeta taurino. Pamplona no es solo la feria de mayor proyección e impacto internacional, sino el último bastión donde el toro mantiene de forma escrupulosa la integridad de su trapío y la variedad de encastes exigibles a una plaza de máxima responsabilidad. Bajo el riguroso diseño de la Casa de Misericordia, el abono de 2026 ofrece un armazón sólido que conjuga la jerarquía de las figuras con las corrientes de renovación que la fiesta demanda.El gran argumento promocional y el indiscutible eje sobre el que orbita la feria se sustenta en el doblete de Roca Rey. El espada limeño, auténtico ídolo de la afición navarra, asume la responsabilidad de comparecer dos tardes clave: el jueves 9 de julio, con los toros de Victoriano del Río, y la jornada de clausura el día 14 con la corrida de Jandilla, que, en esta ocasión, después de muchos años, no se ha guardado para la ganadería de Miura. La otra columna sobra la que se cimenta el abono es Morante de la Puebla, cuya sola presencia en el momento de mayor regularidad de su carrera dota de categoría a la feria, además de nombres fundamentales en el actual escalafón superior como Alejandro Talavante, Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado. Además, como es usual en Pamplona, la Meca ha realizado una decidida apuesta por el relevo generacional, abriendo hueco a los nuevos valores y triunfadores del inicio de campaña, otorgando oportunidades legítimas a los Navalón o Diosleguarde, por poner un par de ejemplos. Es ahí donde la feria cobra su dimensión más justa y selectiva, midiendo las capacidades de la savia nueva frente al toro de Pamplona.La gran paradoja del serial vuelve a ser la ausencia de Diego Ventura. Resulta incomprensible que la máxima figura del rejoneo quede excluida, un año más, del escaparate taurino con mayor repercusión mundial, privando al aficionado de presenciar la plenitud del arte de Marialva en la tradicional corrida de rejones del 6 de julio.La expectación ya se respira a orillas del Arga, donde los Corrales del Gas reciben al constante desfile de aficionados y curiosos que acuden a admirar la imponente estampa del toro de Pamplona antes de que irrumpa en las calles. Allí, astados de hierros como Cebada Gago, Fuente Ymbro, Victoriano del Río o Álvaro Núñez aguardan su hora bajo la mirada respetuosa de una ciudad que venera al animal totémico de la fiesta. Es el prólogo silencioso de la emoción, el reencuentro con un trapío serio y astifino que define la identidad de este ciclo.A partir de hoy, esa pasión local se desborda para hacerse universal en una Pamplona donde el turismo se dispara y las calles se convierten en un crisol de idiomas unidos por el pañuelico rojo. Mientras las televisiones ultiman el despliegue técnico que llevar
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