La célebre Ley de Murphy, resumida popularmente en la premisa de que todo lo que pueda salir mal saldrá mal, nació en 1949 durante un fallo técnico en unos ensayos de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos coliderados por el ingeniero militar Edward Murphy. Nacido en la Zona del Canal de Panamá en 1918 y graduado en la prestigiosa academia militar de West Point, este oficial de investigación y desarrollo sirvió en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial reparando aviones en la India, China y Birmania, antes de ser enviado a la base de Edwards para trabajar en el Proyecto MX981.. El fallo de los sensores en el trineo cohete «Gee Whiz». La misión del capitán Murphy consistía en optimizar los sistemas de medición del trineo cohete «Gee Whiz», empleado por el célebre coronel y médico John Paul Stapp para estudiar los límites del organismo ante desaceleraciones extremas. Stapp, quien en una prueba posterior en Nuevo México logró un récord mundial de 1.017 kilómetros por hora deteniéndose en solo dos segundos, arriesgaba su propia integridad para evitar poner en peligro a su equipo. Para registrar científicamente estos salvajes efectos, el ingeniero diseñó y ordenó instalar dieciséis precisos instrumentos de medición en el habitáculo.. Sin embargo, durante los primeros ensayos, los dispositivos marcaron un desconcertante valor de cero. Al revisar el montaje, el militar descubrió que sus ayudantes habían conectado absolutamente todos los extensiómetros al revés. Visiblemente molesto ante un fallo técnico que anulaba por completo el experimento, el oficial sentenció que si existía una manera de que alguien hiciera un trabajo mal, lo haría de ese modo, una severa recriminación que los operarios de la base comenzaron a difundir como la explicación humorística de sus errores.. La popularización mediática y la verdadera visión de su autor. El salto de la anécdota cuartelera a la cultura de masas internacional se produjo semanas después, cuando un reportero preguntó a Stapp sobre la seguridad del peligroso proyecto. El coronel respondió de forma ingeniosa asegurando que el éxito de sus misiones residía en que siempre tenían presente la «Ley de Murphy» para evitar catástrofes, simplificando la frase original bajo el lema definitivo de que si algo puede salir mal, saldrá mal.. Tras abandonar la base militar, el ingeniero continuó una brillante trayectoria diseñando cabinas y sistemas de escape para aviones de combate como el F-4 Phantom o el supersónico SR-71 Blackbird, además de colaborar activamente en el soporte vital de las misiones lunares Apolo. Hasta su muerte en 1990, Murphy defendió el espíritu optimista de su enunciado frente a la interpretación fatalista que hoy en día domina la conciencia colectiva, argumentando que su máxima no justificaba el fracaso inevitable, sino que exigía prever preventivamente todos los fallos imaginables para alcanzar el éxito técnico.
El capitán e ingeniero estadounidense Edward Murphy concibió su famosa máxima durante unos arriesgados experimentos de aceleración en una base aérea de California en 1949, aunque el sentido real de su advertencia distaba mucho del pesimismo con el que finalmente se popularizó en todo el mundo
La célebre Ley de Murphy, resumida popularmente en la premisa de que todo lo que pueda salir mal saldrá mal, nació en 1949 durante un fallo técnico en unos ensayos de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos coliderados por el ingeniero militar Edward Murphy. Nacido en la Zona del Canal de Panamá en 1918 y graduado en la prestigiosa academia militar de West Point, este oficial de investigación y desarrollo sirvió en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial reparando aviones en la India, China y Birmania, antes de ser enviado a la base de Edwards para trabajar en el Proyecto MX981.. El fallo de los sensores en el trineo cohete «Gee Whiz». La misión del capitán Murphy consistía en optimizar los sistemas de medición del trineo cohete «Gee Whiz», empleado por el célebre coronel y médico John Paul Stapp para estudiar los límites del organismo ante desaceleraciones extremas. Stapp, quien en una prueba posterior en Nuevo México logró un récord mundial de 1.017 kilómetros por hora deteniéndose en solo dos segundos, arriesgaba su propia integridad para evitar poner en peligro a su equipo. Para registrar científicamente estos salvajes efectos, el ingeniero diseñó y ordenó instalar dieciséis precisos instrumentos de medición en el habitáculo.. Sin embargo, durante los primeros ensayos, los dispositivos marcaron un desconcertante valor de cero. Al revisar el montaje, el militar descubrió que sus ayudantes habían conectado absolutamente todos los extensiómetros al revés. Visiblemente molesto ante un fallo técnico que anulaba por completo el experimento, el oficial sentenció que si existía una manera de que alguien hiciera un trabajo mal, lo haría de ese modo, una severa recriminación que los operarios de la base comenzaron a difundir como la explicación humorística de sus errores.. La popularización mediática y la verdadera visión de su autor. El salto de la anécdota cuartelera a la cultura de masas internacional se produjo semanas después, cuando un reportero preguntó a Stapp sobre la seguridad del peligroso proyecto. El coronel respondió de forma ingeniosa asegurando que el éxito de sus misiones residía en que siempre tenían presente la «Ley de Murphy» para evitar catástrofes, simplificando la frase original bajo el lema definitivo de que si algo puede salir mal, saldrá mal.. Tras abandonar la base militar, el ingeniero continuó una brillante trayectoria diseñando cabinas y sistemas de escape para aviones de combate como el F-4 Phantom o el supersónico SR-71 Blackbird, además de colaborar activamente en el soporte vital de las misiones lunares Apolo. Hasta su muerte en 1990, Murphy defendió el espíritu optimista de su enunciado frente a la interpretación fatalista que hoy en día domina la conciencia colectiva, argumentando que su máxima no justificaba el fracaso inevitable, sino que exigía prever preventivamente todos los fallos imaginables para alcanzar el éxito técnico.
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