«Siempre he estado sufriendo de la barriga y eso muchos días me ha limitado para cosas de la vida diaria», destaca Núria González, quien lamenta no poder disfrutar de sus nietos como le gustaría o haber tenido que solicitar al tribunal médico la prejubilación como profesora de educación especial debido a la enfermedad que sufre, que se conoce como CIPO por sus siglas en inglés. «La pseudoobstrucción intestinal crónica es la forma más grave de trastorno de la motilidad del intestino delgado, un órgano neuromuscular que ha de moverse con determinada fuerza y de forma coordinada para garantizar una buena digestión de los alimentos», explica la doctora Carolina Malagelda, adjunta del Servicio del Aparato Digestivo del Hospital de la Vall d’Hebron. «En las personas que sufren CIPO, el intestino delgado pierde o disminuye esa capacidad de movimiento, esa motilidad, por lo que los residuos digestivos y alimentos ingeridos se quedan ahí estancados, algo similar a lo que sucede en una obstrucción intestinal, pero en este caso no hay nada que físicamente impida el paso del contenido intestinal», relata. Debido a esa acumulación que tiene lugar en el intestino delgado, los pacientes experimentan una serie de síntomas digestivos que, en ocasiones, pueden resultar invalidantes, como fuertes dolores abdominales, hinchazón, náuseas o vómitos, diarrea o estreñimiento…y, en algunos casos, puede incluso impedir a la persona nutrirse y es entonces cuando hay que recurrir a la alimentación parenteral para evitar la malnutrición del paciente. «Los síntomas son casis siempre crónicos y se presentan en crisis más intensas», aclara la doctora. Años tras el diagnóstico En el caso de Núria, los primeros síntomas ya aparecieron cuando solo era una niña. «De pequeña vomitaba con cierta frecuencia y cuando tenía 15 años, me tuvieron que operar del apéndice y entonces los médicos ya vieron que tenía colocado el intestino de una forma diferente», recuerda. Con la adolescencia, los síntomas fueron a más y Nuria empezó a sufrir cólicos intestinales, por los que le recetaron buscapina, pero aquello no resolvía su malestar. «Fui buscando una explicación a mis dolores de barriga de barriga de un lado a otro y solo me decían que podría ser una gastritis o estrés», lamenta y durante aquellos años de incertidumbre, sin saber realmente qué le estaba provocando ese malestar, entró en quirófano dos veces, una para ser intervenida de colon transverso y en aquella ocasión incluso le cortaron parte del órgano, y la otra, por una hernia del intestino delgado. Pero pese a ello, los problemas intestinales persistían. Núria seguía sin encontrarse bien, porque, como ella misma indica, «no estaban yendo a la base del problema, con lo que quizá, las operaciones a las que me sometí podría habérmelas ahorrado». Y no fue hasta que le derivaron a Vall d’Hebron, que cuenta con la unidad de referencia nacional para este tipo de trastornos del
Especialistas en este trastorno grave de la motilidad del intestino han acudido al Parlamento Europeo para solicitar una estrategia común en relación al abordaje de esta enfermedad, que pone el foco en su difusión
«Siempre he estado sufriendo de la barriga y eso muchos días me ha limitado para cosas de la vida diaria», destaca Núria González, quien lamenta no poder disfrutar de sus nietos como le gustaría o haber tenido que solicitar al tribunal médico la prejubilación como profesora de educación especial debido a la enfermedad que sufre, que se conoce como CIPO por sus siglas en inglés.»La pseudoobstrucción intestinal crónica es la forma más grave de trastorno de la motilidad del intestino delgado, un órgano neuromuscular que ha de moverse con determinada fuerza y de forma coordinada para garantizar una buena digestión de los alimentos», explica la doctora Carolina Malagelda, adjunta del Servicio del Aparato Digestivo del Hospital de la Vall d’Hebron. «En las personas que sufren CIPO, el intestino delgado pierde o disminuye esa capacidad de movimiento, esa motilidad, por lo que los residuos digestivos y alimentos ingeridos se quedan ahí estancados, algo similar a lo que sucede en una obstrucción intestinal, pero en este caso no hay nada que físicamente impida el paso del contenido intestinal», relata.Debido a esa acumulación que tiene lugar en el intestino delgado, los pacientes experimentan una serie de síntomas digestivos que, en ocasiones, pueden resultar invalidantes, como fuertes dolores abdominales, hinchazón, náuseas o vómitos, diarrea o estreñimiento…y, en algunos casos, puede incluso impedir a la persona nutrirse y es entonces cuando hay que recurrir a la alimentación parenteral para evitar la malnutrición del paciente. «Los síntomas son casis siempre crónicos y se presentan en crisis más intensas», aclara la doctora.Años tras el diagnósticoEn el caso de Núria, los primeros síntomas ya aparecieron cuando solo era una niña. «De pequeña vomitaba con cierta frecuencia y cuando tenía 15 años, me tuvieron que operar del apéndice y entonces los médicos ya vieron que tenía colocado el intestino de una forma diferente», recuerda. Con la adolescencia, los síntomas fueron a más y Nuria empezó a sufrir cólicos intestinales, por los que le recetaron buscapina, pero aquello no resolvía su malestar.»Fui buscando una explicación a mis dolores de barriga de barriga de un lado a otro y solo me decían que podría ser una gastritis o estrés», lamenta y durante aquellos años de incertidumbre, sin saber realmente qué le estaba provocando ese malestar, entró en quirófano dos veces, una para ser intervenida de colon transverso y en aquella ocasión incluso le cortaron parte del órgano, y la otra, por una hernia del intestino delgado.Pero pese a ello, los problemas intestinales persistían. Núria seguía sin encontrarse bien, porque, como ella misma indica, «no estaban yendo a la base del problema, con lo que quizá, las operaciones a las que me sometí podría habérmelas ahorrado». Y no fue hasta que le derivaron a Vall d’Hebron, que cuenta con la unidad de referencia nacional para este tipo de trastornos del intes
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