Cuando la madrileña Nuria Martín López, conocida artísticamente como Numa, decidió convertir una casa familiar en Gamones de Sayago (un pequeño pueblo zamorano de apenas 40 habitantes) en su hogar y en el futuro taller de su marca de cerámica. No lo hizo movida por una huida ni por un plan previamente trazado sino que, como si de un lema vital se tratase, «en realidad, la sorpresa fue que Sayago nos estaba buscando».. Nacida y formada en Madrid, donde consolidó su primer taller de cerámica, Numa nunca imaginó que aquel refugio de fin de semana acabaría convirtiéndose en el corazón de su vida profesional y familiar. Pero el proceso fue orgánico, casi natural. «En realidad no es algo que fuéramos buscando, sino un proceso de ir formando la idea, mientras reformábamos una casa que iba a ser sólo para pasar los fines de semana y desconectar en vacaciones con la familia», recuerda. Poco a poco, ella y su pareja, el creativo publicitario Delfín, comprendieron que el futuro estaba allí: un entorno silencioso, austero y poderoso que se convertiría en la fuente estética y espiritual de su obra.. Aunque su taller se ubica hoy en Sayago, Madrid sigue siendo un punto cardinal en su trayectoria artística. No solo es el lugar donde comenzó todo, sino también uno de los principales destinos de sus piezas. «Actualmente tengo más trabajo aquí del que tenía en Madrid. Mando muchas piezas a la capital y a sitios mucho más lejanos».con naturalidad. Cada visita a Madrid es una reconexión con sus raíces culturales: «Uno de mis museos favoritos es el Lázaro Galdiano. También me gusta mucho la Casa-Museo Sorolla y procuro estar al día de nuevas exposiciones». El Rastro, el tapeo, las salas de exposiciones… Numa continúa cultivando ese vínculo emocional con la ciudad, aunque reconoce que su ritmo actual es otro: «La verdad es que cada vez me da más pereza salir de mi zona de confort».. Barro tierra y silencio. Buena parte de su obra nace de una conexión profunda con su entorno. Si Madrid le ofreció técnica, formación y primeras oportunidades, Sayago le brindó «mucha inspiración». porque «la naturaleza nos regala infinitas posibilidades creativas», afirma. «La belleza en lo pequeño, como esos micropaisajes escondidos en una hoja o en el musgo», añade.. Para definir su estilo, habla de «barro, tierra, silencio». Tres elementos que concentran tanto su filosofía de trabajo como su visión del arte. «El barro encierra la esencia de la vida, al unir los cuatro elementos. Esa libertad deja fluir mi creatividad desde una paz interior que es lo que llamo silencio».. En Numa Cerámica, cada pieza necesita su propio tiempo. «La prisa es enemiga de la cerámica hecha a mano», sentencia. «El barro es una materia viva que necesita sus tiempos en cada fase del proceso». Frente al producto industrial, que se decide rápido, ella defiende una forma de crear y consumir basada en la emoción: «Yo busco que la persona se enamore de la pieza. Pero para que alguien se emocione con una pieza, antes me tengo que emocionar yo haciéndola».. Del taller a mesas de alto nivel. Su trabajo ha llegado a restaurantes como Lera, El Ermitaño, Brigecio, R. España, Pata Negra, Sancho II, así como a espacios gastronómicos de Madrid, Navarra, Huesca, Murcia o San Sebastián. En todos ellos, sus piezas dialogan con la cocina de autor. «El chef quiere transmitir un concepto a través del sabor y también de la mirada», explica. Y en ese diálogo hay una filosofía compartida: territorio, tradición, sostenibilidad y emoción. Cada vajilla busca contar algo: «Un lavabo puede ser sólo una pila para lavarse o contar una historia y recordarte un lugar».. En Numa se organizan experiencias de verano que atraen a maestros y alumnos de Italia, México, Estados Unidos, Francia o Singapur. «El entorno rural y natural se convierte en una parte fundamental del trabajo, y también hay un componente social, a través de la comunicación con los vecinos del pueblo».. Sostenibilidad. Instalarse en un pueblo diminuto no estuvo exento de dificultades, especialmente en 2007 cuando las conexiones digitales eran pobres y la visibilidad era un reto. «En las zonas rurales hay que ser muy resolutivo, no tienes cerca soluciones rápidas como acostumbraba en Madrid», reconoce. Pero también, añade, «hay recompensas inesperadas», como aprender a dedicar tiempo a cosas productivas.. Su compromiso con la sostenibilidad en el oficio le ha valido reconocimientos, como el de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta ibérica, por el uso del vidrio reciclado en sus piezas y de lo que se muestra orgullosa.
La ceramista cuyo trabajo ha cruzado fronteras se encarga, entre otras cosas, de la vajilla de las mesas gastronómicas más prestigiosas
Cuando la madrileña Nuria Martín López, conocida artísticamente como Numa, decidió convertir una casa familiar en Gamones de Sayago (un pequeño pueblo zamorano de apenas 40 habitantes) en su hogar y en el futuro taller de su marca de cerámica. No lo hizo movida por una huida ni por un plan previamente trazado sino que, como si de un lema vital se tratase, «en realidad, la sorpresa fue que Sayago nos estaba buscando».. Nacida y formada en Madrid, donde consolidó su primer taller de cerámica, Numa nunca imaginó que aquel refugio de fin de semana acabaría convirtiéndose en el corazón de su vida profesional y familiar. Pero el proceso fue orgánico, casi natural. «En realidad no es algo que fuéramos buscando, sino un proceso de ir formando la idea, mientras reformábamos una casa que iba a ser sólo para pasar los fines de semana y desconectar en vacaciones con la familia», recuerda. Poco a poco, ella y su pareja, el creativo publicitario Delfín, comprendieron que el futuro estaba allí: un entorno silencioso, austero y poderoso que se convertiría en la fuente estética y espiritual de su obra.. Aunque su taller se ubica hoy en Sayago, Madrid sigue siendo un punto cardinal en su trayectoria artística. No solo es el lugar donde comenzó todo, sino también uno de los principales destinos de sus piezas. «Actualmente tengo más trabajo aquí del que tenía en Madrid. Mando muchas piezas a la capital y a sitios mucho más lejanos».con naturalidad. Cada visita a Madrid es una reconexión con sus raíces culturales: «Uno de mis museos favoritos es el Lázaro Galdiano. También me gusta mucho la Casa-Museo Sorolla y procuro estar al día de nuevas exposiciones». El Rastro, el tapeo, las salas de exposiciones… Numa continúa cultivando ese vínculo emocional con la ciudad, aunque reconoce que su ritmo actual es otro: «La verdad es que cada vez me da más pereza salir de mi zona de confort».. Barro tierra y silencio. Buena parte de su obra nace de una conexión profunda con su entorno. Si Madrid le ofreció técnica, formación y primeras oportunidades, Sayago le brindó «mucha inspiración». porque «la naturaleza nos regala infinitas posibilidades creativas», afirma. «La belleza en lo pequeño, como esos micropaisajes escondidos en una hoja o en el musgo», añade.. Para definir su estilo, habla de «barro, tierra, silencio». Tres elementos que concentran tanto su filosofía de trabajo como su visión del arte. «El barro encierra la esencia de la vida, al unir los cuatro elementos. Esa libertad deja fluir mi creatividad desde una paz interior que es lo que llamo silencio».. En Numa Cerámica, cada pieza necesita su propio tiempo. «La prisa es enemiga de la cerámica hecha a mano», sentencia. «El barro es una materia viva que necesita sus tiempos en cada fase del proceso». Frente al producto industrial, que se decide rápido, ella defiende una forma de crear y consumir basada en la emoción: «Yo busco que la persona se enamore de la pieza. Pero para que alguien se emocione con una pieza, antes me tengo que emocionar yo haciéndola».. Del taller a mesas de alto nivel. Su trabajo ha llegado a restaurantes como Lera, El Ermitaño, Brigecio, R. España, Pata Negra, Sancho II, así como a espacios gastronómicos de Madrid, Navarra, Huesca, Murcia o San Sebastián. En todos ellos, sus piezas dialogan con la cocina de autor. «El chef quiere transmitir un concepto a través del sabor y también de la mirada», explica. Y en ese diálogo hay una filosofía compartida: territorio, tradición, sostenibilidad y emoción. Cada vajilla busca contar algo: «Un lavabo puede ser sólo una pila para lavarse o contar una historia y recordarte un lugar».. En Numa se organizan experiencias de verano que atraen a maestros y alumnos de Italia, México, Estados Unidos, Francia o Singapur. «El entorno rural y natural se convierte en una parte fundamental del trabajo, y también hay un componente social, a través de la comunicación con los vecinos del pueblo».. Sostenibilidad. Instalarse en un pueblo diminuto no estuvo exento de dificultades, especialmente en 2007 cuando las conexiones digitales eran pobres y la visibilidad era un reto. «En las zonas rurales hay que ser muy resolutivo, no tienes cerca soluciones rápidas como acostumbraba en Madrid», reconoce. Pero también, añade, «hay recompensas inesperadas», como aprender a dedicar tiempo a cosas productivas.. Su compromiso con la sostenibilidad en el oficio le ha valido reconocimientos, como el de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta ibérica, por el uso del vidrio reciclado en sus piezas y de lo que se muestra orgullosa.
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