Algunos días estás tan saturado de información, y al mismo tiempo desorientado, y te has vuelto tan suspicaz, pero a la vez tan incrédulo, que si alguien publica un artículo titulado Claves para afilar un lápiz, lo lees, por si acaso se vuelve viral y te quedas fuera de la conversación. No sé si es un gran ejemplo, porque a lo mejor encierra su misterio usar bien el sacapuntas. Te espanta la idea, en cualquier caso, de perderte algo y que justo sea lo que alumbre eso que hoy le pasa al mundo, incluso lo que al fin lo resuelva. Enfrentas semejante torrente de novedades, estímulos, declaraciones, versiones, enlaces, mensajes, stories, newsletters, substacks, que ya no sabes a qué merece la pena prestar atención y a qué no, qué es cierto y qué dudoso, qué una mamarrachada y qué un latigazo de lucidez, qué te va hacer malgastar el tiempo y qué ganarlo. No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente.. Seguir leyendo
No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente
Algunos días estás tan saturado de información, y al mismo tiempo desorientado, y te has vuelto tan suspicaz, pero a la vez tan incrédulo, que si alguien publica un artículo titulado Claves para afilar un lápiz, lo lees, por si acaso se vuelve viral y te quedas fuera de la conversación. No sé si es un gran ejemplo, porque a lo mejor encierra su misterio usar bien el sacapuntas. Te espanta la idea, en cualquier caso, de perderte algo y que justo sea lo que alumbre eso que hoy le pasa al mundo, incluso lo que al fin lo resuelva. Enfrentas semejante torrente de novedades, estímulos, declaraciones, versiones, enlaces, mensajes, stories, newsletters, substacks, que ya no sabes a qué merece la pena prestar atención y a qué no, qué es cierto y qué dudoso, qué una mamarrachada y qué un latigazo de lucidez, qué te va hacer malgastar el tiempo y qué ganarlo. No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente.. Seguir leyendo
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