Son las once de la noche. Después de un día de 41 grados, abrimos de par en par todas las ventanas de casa. La lógica indica que así puede entrar aire fresco, pero en realidad, estamos intentando enfriar varias toneladas de ladrillo, hormigón y yeso. Algo imposible… ¿O no? La realidad es que detrás de esa costumbre cotidiana se esconde una de las estrategias de refrigeración más eficaces que conocen los ingenieros de edificios. Se llama night flushing, o ventilación nocturna, y consiste en utilizar el aire de la noche para enfriar no solo el ambiente de una vivienda, sino también sus paredes, techos y suelos. Su estructura. La idea puede parecer sencilla, pero numerosos estudios muestran que, aplicada correctamente, puede reducir varios grados la temperatura interior y disminuir de forma significativa la necesidad de utilizar aire acondicionado, especialmente en edificios con buena inercia térmica. Y cuando hablamos “de forma significativa”, un estudio señala hasta 6º menos mientras otro menciona una disminución de la demanda de refrigeración de hasta un 94%. ¿Cuál es la ciencia detrás de esto? Cuando una vivienda lleva horas expuesta al sol, el problema no es únicamente que el aire interior esté caliente. Las paredes, el techo, el suelo, los muebles e incluso los libros almacenan parte de ese calor como si fueran una batería térmica. Aunque el aire exterior refresque al anochecer, esos materiales continúan liberando lentamente la energía acumulada durante todo el día. Por eso muchas casas siguen siendo sofocantes incluso bien entrada la madrugada. Abrir una ventana durante unos minutos apenas cambia esa situación. Lo que realmente necesita enfriarse es la propia estructura del edificio y ese es precisamente el principio del night flushing. Cuando la temperatura exterior cae por debajo de la interior, se abren estratégicamente ventanas situadas en fachadas opuestas o en distintos niveles de la vivienda para generar una corriente continua de aire. Ese flujo extrae el calor acumulado en las superficies interiores durante varias horas. Al amanecer, la casa no solo contiene aire más fresco. También ha reducido la temperatura de sus paredes y techos. Y como esos materiales tardarán horas en volver a calentarse, el interior permanecerá más agradable durante buena parte del día siguiente. En cierto modo, es como introducir un enorme bloque de hielo invisible dentro de la vivienda. No enfría directamente el aire, sino que absorbe el calor conforme este vuelve a acumularse. La clave está en la diferencia de temperatura y para que resulte eficaz es necesario que exista una diferencia suficiente entre la temperatura exterior y la interior. Los estudios muestran que cuanto mayor sea ese contraste y más horas permanezca ventilándose la vivienda, mayor será la cantidad de calor que podrá eliminarse. Por eso esta técnica funciona especialmente bien en zonas donde los días son muy calurosos, pero las noches refresc
De acuerdo con diferentes estudios científicos puede reducir la necesidad de aire acondicionado hasta un 94%. La clave es saber cuándo usarla.
Son las once de la noche. Después de un día de 41 grados, abrimos de par en par todas las ventanas de casa. La lógica indica que así puede entrar aire fresco, pero en realidad, estamos intentando enfriar varias toneladas de ladrillo, hormigón y yeso. Algo imposible… ¿O no? La realidad es que detrás de esa costumbre cotidiana se esconde una de las estrategias de refrigeración más eficaces que conocen los ingenieros de edificios. Se llama night flushing, o ventilación nocturna, y consiste en utilizar el aire de la noche para enfriar no solo el ambiente de una vivienda, sino también sus paredes, techos y suelos. Su estructura.La idea puede parecer sencilla, pero numerosos estudios muestran que, aplicada correctamente, puede reducir varios grados la temperatura interior y disminuir de forma significativa la necesidad de utilizar aire acondicionado, especialmente en edificios con buena inercia térmica. Y cuando hablamos “de forma significativa”, un estudio señala hasta 6º menos mientras otro menciona una disminución de la demanda de refrigeración de hasta un 94%. ¿Cuál es la ciencia detrás de esto? Cuando una vivienda lleva horas expuesta al sol, el problema no es únicamente que el aire interior esté caliente. Las paredes, el techo, el suelo, los muebles e incluso los libros almacenan parte de ese calor como si fueran una batería térmica. Aunque el aire exterior refresque al anochecer, esos materiales continúan liberando lentamente la energía acumulada durante todo el día. Por eso muchas casas siguen siendo sofocantes incluso bien entrada la madrugada. Abrir una ventana durante unos minutos apenas cambia esa situación. Lo que realmente necesita enfriarse es la propia estructura del edificio y ese es precisamente el principio del night flushing. Cuando la temperatura exterior cae por debajo de la interior, se abren estratégicamente ventanas situadas en fachadas opuestas o en distintos niveles de la vivienda para generar una corriente continua de aire.Ese flujo extrae el calor acumulado en las superficies interiores durante varias horas. Al amanecer, la casa no solo contiene aire más fresco. También ha reducido la temperatura de sus paredes y techos. Y como esos materiales tardarán horas en volver a calentarse, el interior permanecerá más agradable durante buena parte del día siguiente. En cierto modo, es como introducir un enorme bloque de hielo invisible dentro de la vivienda. No enfría directamente el aire, sino que absorbe el calor conforme este vuelve a acumularse. La clave está en la diferencia de temperatura y para que resulte eficaz es necesario que exista una diferencia suficiente entre la temperatura exterior y la interior. Los estudios muestran que cuanto mayor sea ese contraste y más horas permanezca ventilándose la vivienda, mayor será la cantidad de calor que podrá eliminarse.Por eso esta técnica funciona especialmente bien en zonas donde los días son muy calurosos, pero las noches refrescan
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