Messi es distinto, el mejor, el máximo goleador y también el que más economiza sus esfuerzos durante los partidos. Pocos jugadores pueden permitirse lo que se permite él en la Argentina de Scaloni. Es un líder, es decisivo y es el que, con diferencia, menos kilómetros hace, como ha ocurrido en el partido contra Austria.. Nadie ha jugado más partidos en la historia de los Mundiales, nadie ha acumulado más minutos, más victorias, más goles ni más participaciones directas en el marcador. Messi encabeza cada uno de esos registros, y los cinco al mismo tiempo. Eso ya era extraordinario antes de que empezara el torneo, pero esta edición de 2026 le ha regalado algo que completaba la colección: el récord de Miroslav Klose, durante años el máximo anotador en la historia de las Copas del Mundo con 16 goles. En la primera jornada, tres tantos ante Argelia bastaron para alcanzar esa cifra. En la segunda, dos goles más ante Austria, victoria argentina por 2-0, pusieron a Messi solo al frente de la tabla histórica con 18 dianas. El propio Klose reaccionó en el diario alemán Süddeutsche Zeitung: «¡Lionel Messi es para mí el mejor futbolista de todos los tiempos! ¡Felicidades, campeón!». El secreto de los 7,99 kilómetros. Y sin embargo, ahí está el dato que mejor explica qué tipo de futbolista es Messi. En el partido ante Austria, de todos los jugadores que completaron los noventa minutos sobre el césped, solo dos recorrieron menos distancia que él: los dos porteros. Alexander Schlager, el meta austriaco, acumuló 6,19 kilómetros, Emiliano Martínez se quedó en 4,66, y Messi marcó 7,99 kilómetros totales. Todos los jugadores de campo que permanecieron en el terreno superaron esa cifra. Pero lo que hace ese número todavía más revelador es el desglose: más de la mitad de esos kilómetros (4,37 km) los completó caminando. Messi camina por el campo más de lo que corre, y aun así anota, asiste y define partidos. Ningún entrenador del mundo se atrevería a señalarle por eso, porque los resultados cierran cualquier discusión antes de que empiece. Scaloni lo sabe, sus compañeros lo saben, y los rivales que llevan dos partidos intentando pararlo también lo han aprendido a su costa.. El camino que llevó hasta aquí. Durante mucho tiempo, la ausencia de un título con la albiceleste fue una sombra que Messi cargó donde fuera. La Copa América de 2021, disputada en Brasil sin un espectador en las gradas por la pandemia, cambió algo profundo en esa historia. Y Lionel Scaloni tuvo mucho que ver en ese giro, porque el técnico supo construir un grupo competitivo en torno al capitán sin caer en la trampa de idolatrarlo ni de blindarlo con amigos. El plantel entendió su papel: ganar el título que le faltaba a Messi era también la misión del colectivo, y esa energía empujó a Argentina hacia Catar, donde una final épica frente a Mbappé resolvió el debate generacional a favor de los veteranos. Luego llegó una segunda Copa América, esta vez en suelo estadounidense, aunque Messi se lesionó durante la final ante Colombia y no pudo terminarla.. El arranque del actual torneo prolonga esa hegemonía. Dos partidos, dos victorias, y la sensación de que Argentina gestiona la competición desde una autoridad que sus rivales todavía no han sabido contestar. Messi lleva cinco goles en esos dos encuentros, los suficientes para dejar atrás a Klose y escribir el registro que los libros de fútbol guardarán para siempre. Cada vez que aparece en el área contraria, decide.
El mito argentino marcó los dos goles a Austria en un partido en el que la mitad de la distancia que recorrió la hizo andando
Messi es distinto, el mejor, el máximo goleador y también el que más economiza sus esfuerzos durante los partidos. Pocos jugadores pueden permitirse lo que se permite él en la Argentina de Scaloni. Es un líder, es decisivo y es el que, con diferencia, menos kilómetros hace, como ha ocurrido en el partido contra Austria.. Nadie ha jugado más partidos en la historia de los Mundiales, nadie ha acumulado más minutos, más victorias, más goles ni más participaciones directas en el marcador. Messi encabeza cada uno de esos registros, y los cinco al mismo tiempo. Eso ya era extraordinario antes de que empezara el torneo, pero esta edición de 2026 le ha regalado algo que completaba la colección: el récord de Miroslav Klose, durante años el máximo anotador en la historia de las Copas del Mundo con 16 goles. En la primera jornada, tres tantos ante Argelia bastaron para alcanzar esa cifra. En la segunda, dos goles más ante Austria, victoria argentina por 2-0, pusieron a Messi solo al frente de la tabla histórica con 18 dianas. El propio Klose reaccionó en el diario alemán Süddeutsche Zeitung: «¡Lionel Messi es para mí el mejor futbolista de todos los tiempos! ¡Felicidades, campeón!». El secreto de los 7,99 kilómetros. Y sin embargo, ahí está el dato que mejor explica qué tipo de futbolista es Messi. En el partido ante Austria, de todos los jugadores que completaron los noventa minutos sobre el césped, solo dos recorrieron menos distancia que él: los dos porteros. Alexander Schlager, el meta austriaco, acumuló 6,19 kilómetros, Emiliano Martínez se quedó en 4,66, y Messi marcó 7,99 kilómetros totales. Todos los jugadores de campo que permanecieron en el terreno superaron esa cifra. Pero lo que hace ese número todavía más revelador es el desglose: más de la mitad de esos kilómetros (4,37 km) los completó caminando. Messi camina por el campo más de lo que corre, y aun así anota, asiste y define partidos. Ningún entrenador del mundo se atrevería a señalarle por eso, porque los resultados cierran cualquier discusión antes de que empiece. Scaloni lo sabe, sus compañeros lo saben, y los rivales que llevan dos partidos intentando pararlo también lo han aprendido a su costa.. El camino que llevó hasta aquí. Durante mucho tiempo, la ausencia de un título con la albiceleste fue una sombra que Messi cargó donde fuera. La Copa América de 2021, disputada en Brasil sin un espectador en las gradas por la pandemia, cambió algo profundo en esa historia. Y Lionel Scaloni tuvo mucho que ver en ese giro, porque el técnico supo construir un grupo competitivo en torno al capitán sin caer en la trampa de idolatrarlo ni de blindarlo con amigos. El plantel entendió su papel: ganar el título que le faltaba a Messi era también la misión del colectivo, y esa energía empujó a Argentina hacia Catar, donde una final épica frente a Mbappé resolvió el debate generacional a favor de los veteranos. Luego llegó una segunda Copa América, esta vez en suelo estadounidense, aunque Messi se lesionó durante la final ante Colombia y no pudo terminarla.. El arranque del actual torneo prolonga esa hegemonía. Dos partidos, dos victorias, y la sensación de que Argentina gestiona la competición desde una autoridad que sus rivales todavía no han sabido contestar. Messi lleva cinco goles en esos dos encuentros, los suficientes para dejar atrás a Klose y escribir el registro que los libros de fútbol guardarán para siempre. Cada vez que aparece en el área contraria, decide.
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