Nao y Marcel (Marcel y Nao) son canallas por defecto. Les da igual estar encima del escenario que abajo. Han venido a este mundo para pasárselo en grande y hacer lo que les viene en gana en cualquier momento. Sobre las tablas no parecen haber encontrado su límite. Siempre van a más. Hasta un montaje en apariencia más «sencillo» está repleto, por contra, de «caradurismo». Eso hicieron precisamente en «Nao y Marcel», donde lejos de la espectacularidad de otras piezas, como «Mammon» o «Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach», el monumental desafío era abarcarlo todo de principio a fin: ambos firmaban dirección, interpretación, iluminación, sonido, producción, autoría… Lo que hiciera falta. A lo Juan Palomo.. Pues bien, esa canallería de Marcel Borràs y Nao Albet también existe fuera de la escena. Son capaces de presentarse en una rueda de prensa ataviados como lo haría un ilustrísimo poeta de la Antigüedad. Coronas de laurel incluidas. «Hace calor», sonríen como justificación de la broma. Por teléfono, más de lo mismo: «Yo hoy hablaré así», dice Albet con voz de pito y entre risas. Apenas dura unos segundos, pero el hielo, si acaso hiciera falta, ya se ha roto.. ¿No se habían separado?. De esta guisa regresa la pareja artística a Madrid, de donde se fueron la última vez diciendo que jamás volverían a trabajar juntos. Y si acaso hubo alguien que no les conocía y que se lo creyó, se vuelven a presentar: «No nos hemos separado. Na. Marcel me ha hecho muchos cariños y carantoñas y le he perdonado. Vamos a estar juntos y seguiremos escribiendo estas locuras».. ¿La última? Ni más ni menos que una ópera, su primera ópera: «Los estunmen», la segunda parte de una trilogía que empezó con «Los esqueiters» y que llega ahora a los Teatros del Canal con música de Fernando Velázquez («El orfanato», «Un monstruo viene a verme», «Lo imposible»…) tras su estreno en Barcelona. Una pieza que comienza con un asesinato en masa («mass shooting») perpetrado por un chico y que continúa con la búsqueda de una madre, Evangelina, por entender qué llevó a su hijo a cometer semejante atrocidad. «Va a hacer un viaje épico parecido al del héroe; un viaje de no retorno en el que se le van a presentar en diferentes ensoñaciones muchos de los héroes que han configurado lo que es la heroicidad a lo largo de la historia y, por tanto, también, de alguna manera, lo que es la idiosincrasia masculina: esta masculinidad tóxica del patriarcado que nos atraviesa a todos y a todas; y que, a su vez, era el motor para escribir esta función. Porque en nuestro día a día todo esto nos resonaba mucho y queríamos intentar identificar cómo funciona exactamente», explica Albet.. Para ello, además de los intérpretes (entre los que por supuesto se encuentran ellos) y cantantes como las mezzosopranos Sandra Ferrández y Marifé Nogales, los catalanes han girado el reparto de esta función hacia los doce especialistas (los «stuntmen») que aparecen en escena. «Son la otra punta de lanza importante de la obra», destacan: «Hacen todo tipo de caídas, explosiones, etcétera. Nos van a maravillar con sus habilidades y también con su parte más interna, que era algo que queríamos sacar a la luz para reflexionar sobre la masculinidad. El especialista de cine representa el héroe de la contemporaneidad», presenta un Borràs que reconoce haber bebido desde pequeño de esos preceptos heroicos de la gran pantalla.. Pistolas marca de la casa. Identifican así unos valores de «fuerza, justicia o inteligencia» que les han acompañado durante toda su vida, sin embargo, hay otro aspecto que sobresale en la figura del héroe: «La violencia. Hemos sido entretenidos por ella. Nuestros referentes cinematográficos de adolescentes era gente que hacía apología de la violencia», reconoce una dupla que ha hecho de las pistolas de fogueo una seña de identidad de la mayoría de sus montajes. «Siempre aparecen». «Por eso», continúan, «la violencia es uno de los temas importantes de la función; y la contraponemos a la idea del amor».. «En realidad, lo que nos interesa, o la crítica que queremos hacer, quizá no tiene que ver con la violencia en el arte, que personalmente es algo que puedo defender, porque me parece que el arte debe estar por encima de la moral y que puede proponer cualquier cosa y que ya es el espectador quien debe saber diferenciar qué es realidad y qué es ficción; Pero, en cambio, pretendemos poner en tela de juicio la violencia que aparece en los comportamientos de la masculinidad heteropatriarcal», indica Albet sobre un montaje que ha contado con el apoyo de cuatro instituciones tan importantes como el Liceu, el Real, el Lliure y los Teatros del Canal.. Una bomba artística. Se trata de un proyecto nacido en la cabeza del director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, que habló con los creadores catalanes para «ampliar el concepto de lo que llamamos ópera. Con estos creadores colosales, a los que queríamos atraer al mundo de la ópera, el «soufflé» subió (…) Llamamos ópera a un género que tiene cuatro siglos pero con obras que a veces poco tienen que ver entre sí. Hay que tener un concepto muy abierto e inclusivo», remarca.. De este modo, se levanta una ópera de mediano formato que, en Madrid, con los instrumentistas de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) para interpretar una música compuesta por un Velázquez que define «Los estunmen» como «una bomba artística. Vamos a salir volando a todos los niveles».. Dónde: Teatros del Canal, Madrid. Cuándo: del 2 al 14 de junio. Cuánto: desde 9 euros.
La dupla catalana vuelve a Madrid con su primera ópera, ‘Los estunmen’, para diseccionar la violencia en el ADN masculino
Nao y Marcel (Marcel y Nao) son canallas por defecto. Les da igual estar encima del escenario que abajo. Han venido a este mundo para pasárselo en grande y hacer lo que les viene en gana en cualquier momento. Sobre las tablas no parecen haber encontrado su límite. Siempre van a más. Hasta un montaje en apariencia más «sencillo» está repleto, por contra, de «caradurismo». Eso hicieron precisamente en «Nao y Marcel», donde lejos de la espectacularidad de otras piezas, como «Mammon» o «Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach», el monumental desafío era abarcarlo todo de principio a fin: ambos firmaban dirección, interpretación, iluminación, sonido, producción, autoría… Lo que hiciera falta. A lo Juan Palomo.. Pues bien, esa canallería de Marcel Borràs y Nao Albet también existe fuera de la escena. Son capaces de presentarse en una rueda de prensa ataviados como lo haría un ilustrísimo poeta de la Antigüedad. Coronas de laurel incluidas. «Hace calor», sonríen como justificación de la broma. Por teléfono, más de lo mismo: «Yo hoy hablaré así», dice Albet con voz de pito y entre risas. Apenas dura unos segundos, pero el hielo, si acaso hiciera falta, ya se ha roto.. ¿No se habían separado?. De esta guisa regresa la pareja artística a Madrid, de donde se fueron la última vez diciendo que jamás volverían a trabajar juntos. Y si acaso hubo alguien que no les conocía y que se lo creyó, se vuelven a presentar: «No nos hemos separado. Na. Marcel me ha hecho muchos cariños y carantoñas y le he perdonado. Vamos a estar juntos y seguiremos escribiendo estas locuras».. ¿La última? Ni más ni menos que una ópera, su primera ópera: «Los estunmen», la segunda parte de una trilogía que empezó con «Los esqueiters» y que llega ahora a los Teatros del Canal con música de Fernando Velázquez («El orfanato», «Un monstruo viene a verme», «Lo imposible»…) tras su estreno en Barcelona. Una pieza que comienza con un asesinato en masa («mass shooting») perpetrado por un chico y que continúa con la búsqueda de una madre, Evangelina, por entender qué llevó a su hijo a cometer semejante atrocidad. «Va a hacer un viaje épico parecido al del héroe; un viaje de no retorno en el que se le van a presentar en diferentes ensoñaciones muchos de los héroes que han configurado lo que es la heroicidad a lo largo de la historia y, por tanto, también, de alguna manera, lo que es la idiosincrasia masculina: esta masculinidad tóxica del patriarcado que nos atraviesa a todos y a todas; y que, a su vez, era el motor para escribir esta función. Porque en nuestro día a día todo esto nos resonaba mucho y queríamos intentar identificar cómo funciona exactamente», explica Albet.. Para ello, además de los intérpretes (entre los que por supuesto se encuentran ellos) y cantantes como las mezzosopranos Sandra Ferrández y Marifé Nogales, los catalanes han girado el reparto de esta función hacia los doce especialistas (los «stuntmen») que aparecen en escena. «Son la otra punta de lanza importante de la obra», destacan: «Hacen todo tipo de caídas, explosiones, etcétera. Nos van a maravillar con sus habilidades y también con su parte más interna, que era algo que queríamos sacar a la luz para reflexionar sobre la masculinidad. El especialista de cine representa el héroe de la contemporaneidad», presenta un Borràs que reconoce haber bebido desde pequeño de esos preceptos heroicos de la gran pantalla.. Pistolas marca de la casa. Identifican así unos valores de «fuerza, justicia o inteligencia» que les han acompañado durante toda su vida, sin embargo, hay otro aspecto que sobresale en la figura del héroe: «La violencia. Hemos sido entretenidos por ella. Nuestros referentes cinematográficos de adolescentes era gente que hacía apología de la violencia», reconoce una dupla que ha hecho de las pistolas de fogueo una seña de identidad de la mayoría de sus montajes. «Siempre aparecen». «Por eso», continúan, «la violencia es uno de los temas importantes de la función; y la contraponemos a la idea del amor».. «En realidad, lo que nos interesa, o la crítica que queremos hacer, quizá no tiene que ver con la violencia en el arte, que personalmente es algo que puedo defender, porque me parece que el arte debe estar por encima de la moral y que puede proponer cualquier cosa y que ya es el espectador quien debe saber diferenciar qué es realidad y qué es ficción; Pero, en cambio, pretendemos poner en tela de juicio la violencia que aparece en los comportamientos de la masculinidad heteropatriarcal», indica Albet sobre un montaje que ha contado con el apoyo de cuatro instituciones tan importantes como el Liceu, el Real, el Lliure y los Teatros del Canal.. Una bomba artística. Se trata de un proyecto nacido en la cabeza del director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, que habló con los creadores catalanes para «ampliar el concepto de lo que llamamos ópera. Con estos creadores colosales, a los que queríamos atraer al mundo de la ópera, el «soufflé» subió (…) Llamamos ópera a un género que tiene cuatro siglos pero con obras que a veces poco tienen que ver entre sí. Hay que tener un concepto muy abierto e inclusivo», remarca.. De este modo, se levanta una ópera de mediano formato que, en Madrid, con los instrumentistas de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) para interpretar una música compuesta por un Velázquez que define «Los estunmen» como «una bomba artística. Vamos a salir volando a todos los niveles».. Dónde: Teatros del Canal, Madrid. Cuándo: del 2 al 14 de junio. Cuánto: desde 9 euros.
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