Muchos músicos españoles de pop utilizan el flamenco para incorporarlo a lo que hacen, pero Naiara Aznar, zaragozana de 29 años y ganadora de la duodécima edición de «Operación Triunfo» (2023/2024), encuentra en la copla, género desgarrador, la fuente a partir de la cual crea sus canciones, a las que les pone una voz de oro macizo. En su primer disco de estudio, «La española», seis de las siete canciones que lo integran llevan su firma y hay una versión de un clásico de Manuel Alejandro que inmortalizaron Rocío Jurado y Raphael. Sin embargo, el disco entero tiene perfume de homenaje, a golpe de guiño, a una serie de nombres que Naiara lleva bien cosidos a la cabeza: Las Grecas, Mocedades, Isabel Pantoja, Papá Levante.. ¿Releer a otros autores e intérpretes es también una forma de creación? «He hecho una versión de “Como yo te amo”, pero el resto han sido ideas mías aunque haya una inspiración o un “sample” o lo que sea –afirma–. Creo que eso también es como un curro y una locura en tu cabeza, el crear algo “inspirado en”. Y me parece increíble revivir canciones y artistas que a mí me han encantado desde siempre y que han sido tan relevantes en nuestro país. Ha sido un orgullo poder crear esas ideas». El título del disco no admite dudas, es una reivindicación inequívoca de la españolidad. Casi una audacia en los tiempos que corren, en los que te pueden adjudicar etiquetas indeseables por el mero hecho de manifestar que te sientes español.. «Me considero muy folclórica, pero no me voy a poner una bata de cola porque no es mi estilo». Naiara. ¿Naiara se siente española? «Yo me siento muy española –asiente– y para mí es algo muy obsoleto que se mezcle el estar orgulloso del sitio en el que uno ha nacido con cosas que no tienen nada que ver con eso. Yo reivindico que soy una mujer española por mi forma de de amar, por mis raíces, por mi gastronomía, por el sitio de dónde vengo. Es muy antiguo el asociar sentirse español con otras cosas. Para mí, eso queda como atrás. Yo no tengo nada que ver con cosas que no estén relacionadas con mi cultura, mis raíces y con la forma que tengo de ser, tan intensa, como creo que somos la gran mayoría de mujeres españolas. Para mí, España es el mejor país del mundo, sí. Me encanta viajar, conocer otros lugares y otras culturas. Pero siempre me voy sabiendo que voy a volver».. Una infancia dura. Naiara se ha definido como una folclórica con tatuajes. ¿Cree que esa puesta al día en lo estético de lo que es una folclórica ayuda a que los jóvenes se sientan identificados con un género musical que no es solo la bata de cola y la peineta? «Claro, porque al final yo me lo he llevado a mi terreno. Me considero muy folclórica en muchas cosas, pero obviamente no me voy a poner una bata de cola porque ese no es mi estilo. Me ha encantado poder fusionar la música de antes con lo de ahora y ponerle mi personalidad. Siento que la copla, el folclore, no es que se esté muriendo, pero un poco sí, porque ahora la gente no lo escucha tanto. Al igual que muchos artistas han abierto camino a otros, ojalá yo pueda abrir camino a otras personas a las que les inspire mi música y darle llama a esa música de antes, con ese peso, con letras más profundas, con un tono más desgarrador, y no dejarla morir. Isabel Pantoja me dijo: esta música se está muriendo, está en tus manos el seguir el camino. Entonces me encantaría poder seguir ese camino, pero llevándolo siempre a mi terreno».. «Isabel Pantoja me dijo: esta música se está muriendo, está en tus manos el seguir el camino». Naiara. A propósito de Isabel Pantoja, Naiara solo tiene palabras de admiración hacia ella: «Me siento muy identificada con Isabel Pantoja. La veo una mujer con mucha garra. Es como una madre, me dio consejos increíbles y me trató maravillosamente bien, igual que su hermano y todo su equipo. Es una artista maravillosa a la que imitaba desde muy pequeña y también es una mujer muy sufridora, y eso se le nota cuando canta. Porque más que cantar, llora. Cuando canta una canción de desamor parece que se está muriendo. La veo como un icono».. Naiara relató el acoso escolar que sufrió de niña, el cual la obligó a cambiar de centro escolar y le hizo volcarse en la música. ¿Esa experiencia le ha hecho más corajuda, más resistente, más dura? «Pues sí –explica–, creo que muchas cosas en mi vida han hecho que yo me haga dura. No he tenido una vida común, una infancia y una adolescencia normales. Desde muy pequeña he sido muy madura. Lo pasé muy mal cuando me ocurrió eso en el instituto, pero yo venía de vivir cosas también muy duras y era como, bueno, estamos hechos para lo que venga. Mi infancia fue un poco locura. Mi madre me tuvo muy jovencita, con 18 años, y me dejaba con mis abuelos para irse a trabajar. Soy la mayor de seis hermanos y desde muy pequeña he sido también un poco una madre para ellos, porque sientes que es una responsabilidad y había que ayudar en casa. Mi padre –prosigue– fue un poco cabra loca y la música fue la que me hizo reconciliarme con él, porque no ha estado muy presente en mi vida. Pero mi música, el indagar en mis raíces y ponerme como blandita, me ha enseñado a perdonar. No tuve, ya te digo, una infancia normal de mamá y papá en casa y han pasado muchas cosas duras en mi vida. Pero si tuviera que volver a pasar por todas ellas para llegar a ser la clase de persona que soy hoy, lo volvería a hacer».. «No tuve una infancia normal de mamá y papá en casa y han pasado muchas cosas duras en mi vida». Naiara. Fue la orquesta en la que trabajó durante casi una década la que le cambió la vida: «Los años en la orquesta fueron muy buenos –dice–. Era súper feliz y no tenía ninguna presión. Ahí disfruté mucho porque, aunque era muy duro, con muchas horas encima de un escenario y muchos viajes, 150 bolos al año, figúrate, vivía muy bien de eso. Gracias a la orquesta me pude independizar, me compré un coche y pude ayudar a mi familia. A mí me gustaba mucho cantar, desde siempre, pero me daba un poco de vergüenza hacerlo delante de la gente, subirme a un escenario. Y la orquesta me quitó todos esos miedos y ese pudor, me dio las tablas y la preparación para lo que me vino después. No me imaginé nunca que me iba a cambiar tanto la vida», concluye.. Copla 3.0. Por Javier Menéndez Flores. Se comporta el corazón hoy igual que hace un siglo, pero no se canta al amor de la misma forma ni con el mismo traje. Por eso, cuando Naiara se arroja al pasado para sostenerles la mirada a esos hombres que tejían historias que siempre empezaban mal y acababan peor, pues nacían del dolor sin contornos de la pérdida, no ves a Juanita Reina sino a Lisbeth Salander. Y la electrónica es un as en la manga que se pone a las órdenes del desmelene de Las Grecas o del afilado pincel de don Manuel Alejandro, quien no se cansa de jurarte que como él te ama, convéncete, olvídate, nadie te amará. Porque todas las canciones de amor parecen hablarnos a cada uno de nosotros, aunque mientan.. En Torrero los gitanos cantaban en las puertas de sus casas, semidesnudos y libres como pájaros, y sentías un relámpago interior que más tarde supiste que se llamaba vocación. Y qué fácil era encontrar la paz en esas calles y perderse en el Canal Imperial que se avista desde una pequeña Venecia. Y en el triángulo irregular de Olivenza, a un rato en coche de Portugal, te podías refugiar en un castillo en el que con solo cerrar los ojos te visitaban los Caballeros Templarios y el tiempo dejaba de aplastarte. Pero fue en Madrid donde descubriste que es posible cantar para todos, porque es un río de acentos y colores y una patria sin bandera, y donde Dios o alguien que se le parecía mucho te besó en la frente y te subió dos palmos del suelo.. Dile a la Mala, esa bestia con tacones a la que tanto le pone vacilar, que basta ya de chatarra y de cháchara y, venga, pillad la lancha motora ahora mismo, ya, porque vivir no es algo que se pueda dejar para mañana. Y tienes dos ángeles que te están volviendo loca, el que te da alas y el que te ofrece balas. Pero ahí está tu instinto, la mejor de tus armas, la que te salvó y te iluminó el camino en tantos momentos de flaqueza y duda, para saber cuánto puedes acercarte al fuego sin riesgo a abrasarte.. Hay veces en que te da por mirar el retrovisor y ves a una niña que acuna bebés y a una soñadora que esparció su voz en un millón de pueblos y en cada uno de ellos entregó todo cuanto tenía. Qué difícil es darse el justo valor a una misma, te dices, halagarse, reconocer que en los segundos decisivos no obraste tan mal, al contrario, pero poco a poco estás aprendiendo a acariciarte el lomo. Ya no quedan perdones en la recámara, ni reproches ni lágrimas a deshoras, solo una tonelada de canciones por cantar. Canciones con un aroma de otro tiempo que tú sabes cómo hay que repintarlas para que enganchen igual que un cubata bien cargado a muchachos y a muchachas a los que el nombre de Rocío Jurado no les suena de nada.. Canta Camarón «Como el agua» o Niña Pastori «Válgame Dios» y el sol de la infancia se abre paso entre las nubes y te acaricia la cara. Y sigues enredando en el teléfono y cuando suena esa plegaria que es «Como las alas al viento» te notas tan ligera que temes que se te lleve el aire. Y qué bueno fue chocarse, casi querer, como por accidente, con Whitney y su «I have nothing». De todos esos lugares procedes tú, la misma que presume de ser la española y olé y olá.
La vocalista maña, ganadora hace dos años de «Operación triunfo», hace un elogio de la españolidad en su primer disco de creación, «La española»
Muchos músicos españoles de pop utilizan el flamenco para incorporarlo a lo que hacen, pero Naiara Aznar, zaragozana de 29 años y ganadora de la duodécima edición de «Operación Triunfo» (2023/2024), encuentra en la copla, género desgarrador, la fuente a partir de la cual crea sus canciones, a las que les pone una voz de oro macizo. En su primer disco de estudio, «La española», seis de las siete canciones que lo integran llevan su firma y hay una versión de un clásico de Manuel Alejandro que inmortalizaron Rocío Jurado y Raphael. Sin embargo, el disco entero tiene perfume de homenaje, a golpe de guiño, a una serie de nombres que Naiara lleva bien cosidos a la cabeza: Las Grecas, Mocedades, Isabel Pantoja, Papá Levante.. ¿Releer a otros autores e intérpretes es también una forma de creación? «He hecho una versión de “Como yo te amo”, pero el resto han sido ideas mías aunque haya una inspiración o un “sample” o lo que sea –afirma–. Creo que eso también es como un curro y una locura en tu cabeza, el crear algo “inspirado en”. Y me parece increíble revivir canciones y artistas que a mí me han encantado desde siempre y que han sido tan relevantes en nuestro país. Ha sido un orgullo poder crear esas ideas». El título del disco no admite dudas, es una reivindicación inequívoca de la españolidad. Casi una audacia en los tiempos que corren, en los que te pueden adjudicar etiquetas indeseables por el mero hecho de manifestar que te sientes español.. «Me considero muy folclórica, pero no me voy a poner una bata de cola porque no es mi estilo». ¿Naiara se siente española? «Yo me siento muy española –asiente– y para mí es algo muy obsoleto que se mezcle el estar orgulloso del sitio en el que uno ha nacido con cosas que no tienen nada que ver con eso. Yo reivindico que soy una mujer española por mi forma de de amar, por mis raíces, por mi gastronomía, por el sitio de dónde vengo. Es muy antiguo el asociar sentirse español con otras cosas. Para mí, eso queda como atrás. Yo no tengo nada que ver con cosas que no estén relacionadas con mi cultura, mis raíces y con la forma que tengo de ser, tan intensa, como creo que somos la gran mayoría de mujeres españolas. Para mí, España es el mejor país del mundo, sí. Me encanta viajar, conocer otros lugares y otras culturas. Pero siempre me voy sabiendo que voy a volver».. Una infancia dura. Naiara se ha definido como una folclórica con tatuajes. ¿Cree que esa puesta al día en lo estético de lo que es una folclórica ayuda a que los jóvenes se sientan identificados con un género musical que no es solo la bata de cola y la peineta? «Claro, porque al final yo me lo he llevado a mi terreno. Me considero muy folclórica en muchas cosas, pero obviamente no me voy a poner una bata de cola porque ese no es mi estilo. Me ha encantado poder fusionar la música de antes con lo de ahora y ponerle mi personalidad. Siento que la copla, el folclore, no es que se esté muriendo, pero un poco sí, porque ahora la gente no lo escucha tanto. Al igual que muchos artistas han abierto camino a otros, ojalá yo pueda abrir camino a otras personas a las que les inspire mi música y darle llama a esa música de antes, con ese peso, con letras más profundas, con un tono más desgarrador, y no dejarla morir. Isabel Pantoja me dijo: esta música se está muriendo, está en tus manos el seguir el camino. Entonces me encantaría poder seguir ese camino, pero llevándolo siempre a mi terreno».. «Isabel Pantoja me dijo: esta música se está muriendo, está en tus manos el seguir el camino». A propósito de Isabel Pantoja, Naiara solo tiene palabras de admiración hacia ella: «Me siento muy identificada con Isabel Pantoja. La veo una mujer con mucha garra. Es como una madre, me dio consejos increíbles y me trató maravillosamente bien, igual que su hermano y todo su equipo. Es una artista maravillosa a la que imitaba desde muy pequeña y también es una mujer muy sufridora, y eso se le nota cuando canta. Porque más que cantar, llora. Cuando canta una canción de desamor parece que se está muriendo. La veo como un icono».. Naiara relató el acoso escolar que sufrió de niña, el cual la obligó a cambiar de centro escolar y le hizo volcarse en la música. ¿Esa experiencia le ha hecho más corajuda, más resistente, más dura? «Pues sí –explica–, creo que muchas cosas en mi vida han hecho que yo me haga dura. No he tenido una vida común, una infancia y una adolescencia normales. Desde muy pequeña he sido muy madura. Lo pasé muy mal cuando me ocurrió eso en el instituto, pero yo venía de vivir cosas también muy duras y era como, bueno, estamos hechos para lo que venga. Mi infancia fue un poco locura. Mi madre me tuvo muy jovencita, con 18 años, y me dejaba con mis abuelos para irse a trabajar. Soy la mayor de seis hermanos y desde muy pequeña he sido también un poco una madre para ellos, porque sientes que es una responsabilidad y había que ayudar en casa. Mi padre –prosigue– fue un poco cabra loca y la música fue la que me hizo reconciliarme con él, porque no ha estado muy presente en mi vida. Pero mi música, el indagar en mis raíces y ponerme como blandita, me ha enseñado a perdonar. No tuve, ya te digo, una infancia normal de mamá y papá en casa y han pasado muchas cosas duras en mi vida. Pero si tuviera que volver a pasar por todas ellas para llegar a ser la clase de persona que soy hoy, lo volvería a hacer».. «No tuve una infancia normal de mamá y papá en casa y han pasado muchas cosas duras en mi vida». Fue la orquesta en la que trabajó durante casi una década la que le cambió la vida: «Los años en la orquesta fueron muy buenos –dice–. Era súper feliz y no tenía ninguna presión. Ahí disfruté mucho porque, aunque era muy duro, con muchas horas encima de un escenario y muchos viajes, 150 bolos al año, figúrate, vivía muy bien de eso. Gracias a la orquesta me pude independizar, me compré un coche y pude ayudar a mi familia. A mí me gustaba mucho cantar, desde siempre, pero me daba un poco de vergüenza hacerlo delante de la gente, subirme a un escenario. Y la orquesta me quitó todos esos miedos y ese pudor, me dio las tablas y la preparación para lo que me vino después. No me imaginé nunca que me iba a cambiar tanto la vida», concluye.. Copla 3.0. Por Javier Menéndez Flores. Se comporta el corazón hoy igual que hace un siglo, pero no se canta al amor de la misma forma ni con el mismo traje. Por eso, cuando Naiara se arroja al pasado para sostenerles la mirada a esos hombres que tejían historias que siempre empezaban mal y acababan peor, pues nacían del dolor sin contornos de la pérdida, no ves a Juanita Reina sino a Lisbeth Salander. Y la electrónica es un as en la manga que se pone a las órdenes del desmelene de Las Grecas o del afilado pincel de don Manuel Alejandro, quien no se cansa de jurarte que como él te ama, convéncete, olvídate, nadie te amará. Porque todas las canciones de amor parecen hablarnos a cada uno de nosotros, aunque mientan.. En Torrero los gitanos cantaban en las puertas de sus casas, semidesnudos y libres como pájaros, y sentías un relámpago interior que más tarde supiste que se llamaba vocación. Y qué fácil era encontrar la paz en esas calles y perderse en el Canal Imperial que se avista desde una pequeña Venecia. Y en el triángulo irregular de Olivenza, a un rato en coche de Portugal, te podías refugiar en un castillo en el que con solo cerrar los ojos te visitaban los Caballeros Templarios y el tiempo dejaba de aplastarte. Pero fue en Madrid donde descubriste que es posible cantar para todos, porque es un río de acentos y colores y una patria sin bandera, y donde Dios o alguien que se le parecía mucho te besó en la frente y te subió dos palmos del suelo.. Dile a la Mala, esa bestia con tacones a la que tanto le pone vacilar, que basta ya de chatarra y de cháchara y, venga, pillad la lancha motora ahora mismo, ya, porque vivir no es algo que se pueda dejar para mañana. Y tienes dos ángeles que te están volviendo loca, el que te da alas y el que te ofrece balas. Pero ahí está tu instinto, la mejor de tus armas, la que te salvó y te iluminó el camino en tantos momentos de flaqueza y duda, para saber cuánto puedes acercarte al fuego sin riesgo a abrasarte.. Hay veces en que te da por mirar el retrovisor y ves a una niña que acuna bebés y a una soñadora que esparció su voz en un millón de pueblos y en cada uno de ellos entregó todo cuanto tenía. Qué difícil es darse el justo valor a una misma, te dices, halagarse, reconocer que en los segundos decisivos no obraste tan mal, al contrario, pero poco a poco estás aprendiendo a acariciarte el lomo. Ya no quedan perdones en la recámara, ni reproches ni lágrimas a deshoras, solo una tonelada de canciones por cantar. Canciones con un aroma de otro tiempo que tú sabes cómo hay que repintarlas para que enganchen igual que un cubata bien cargado a muchachos y a muchachas a los que el nombre de Rocío Jurado no les suena de nada.. Canta Camarón «Como el agua» o Niña Pastori «Válgame Dios» y el sol de la infancia se abre paso entre las nubes y te acaricia la cara. Y sigues enredando en el teléfono y cuando suena esa plegaria que es «Como las alas al viento» te notas tan ligera que temes que se te lleve el aire. Y qué bueno fue chocarse, casi querer, como por accidente, con Whitney y su «I have nothing». De todos esos lugares procedes tú, la misma que presume de ser la española y olé y olá.
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