Viktoria Bonya, modelo e influencer conocida por las primeras ediciones del Gran Hermano ruso y con cerca de 13 millones de seguidores en Instagram, publicó hace un par de semanas un mensaje dirigido al presidente Vladímir Putin en el que ponía el dedo en la llaga de los principales problemas que preocupan a los rusos: el bloqueo de internet, las inundaciones en el Cáucaso, el sacrificio de ganado en Siberia y la catástrofe ecológica en el mar Negro.. Pero sobre todo, Bonya señaló algo que pocos se atreven a decir en voz alta: que desde gobernadores a famosos y el pueblo en general tienen «miedo» a Putin y no se atreven a decirle la verdad sobre lo que está ocurriendo en el país. «Pero usted es el presidente de nuestro país y creo que no debemos tener miedo», afirmó la bloguera, residente en Mónaco.. El vídeo, sumado a otras intervenciones de Bonya, acumuló decenas de millones de visualizaciones y recibió el respaldo tanto de personalidades cercanas al Kremlin como de opositores y activistas en el exilio. Hasta el portavoz presidencial, Dmitri Peskov, reconoció el «éxito» del vídeo y la «relevancia» de los temas que abordaba.. La respuesta de la televisión oficial no se hizo esperar. Vladímir Soloviov, la gran estrella de la televisión pública rusa y uno de los propagandistas más visibles del régimen, galardonado recientemente en el Kremlin por el propio Putin, invitó a Bonya a su programa Polni Kontakt. Lo que siguió desató el escándalo. Soloviov llamó a la influencer «mujerzuela» en antena, el mismo calificativo que había utilizado poco antes para referirse a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a quien llamó directamente «puta».. Bonya amenazó con presentar una denuncia conjunta en defensa de la mujer contra el presentador. El regulador ruso de las comunicaciones, Roskomnadzor, abrió una investigación. Y Soloviov, arrinconado, pidió perdón en directo en su propio programa. «Sí, por supuesto, debo disculparme. Usted tiene toda la razón. Por supuesto, me comporté de manera excesivamente apasionada», dijo el presentador, que admitió que debe controlar de manera mucho más estricta el vocabulario que emplea en antena. Bonya respondió de forma escueta: «Me alegro de que se haya disculpado».. El episodio no es un mero culebrón mediático. Los expertos consideran que los problemas denunciados por Bonya están en la raíz del desplome de los índices de popularidad de Putin, que registra sus indicadores de apoyo más bajos desde 2022. A menos de cinco meses de las elecciones parlamentarias, el partido del Kremlin, Rusia Unida, que impulsó la restricción de internet y las redes sociales, cuenta con menos del 30% de intención de voto en los sondeos, lo que amenaza su mayoría constitucional. El bloqueo de internet es criticado por más de dos tercios de los rusos, y el resto de partidos representados en la Duma han subido en las encuestas precisamente por haberse desmarcado de esa medida.. El propio Putin parece consciente de la tensión. La víspera de que se cerrara el escándalo televisivo, el presidente se dirigió a diputados y senadores en San Petersburgo para pedirles que no se centren exclusivamente en restringir, sancionar y castigar en su trabajo legislativo. Una señal de que el malestar que Bonya puso en palabras ha llegado, de alguna forma, hasta el Kremlin
El mayor escándalo de la televisión rusa de los últimos años concluyó con las disculpas del principal propagandista de este país a una popular bloguera que denunció en las redes el miedo de los rusos al presidente, Vladímir Putin. «Sí, por supuesto, debo disculparme. Usted tiene toda la razón. Por supuesto, me comporté de manera excesivamente apasionada», dijo Vladímir Soloviov, la estrella de la televisión pública, en su programa Polni Kontakt.. Soloviov, que decidió disculparse justo después de que el regulador ruso de las comunicaciones (Roskomnadzor) abriera una investigación, admitió que debe controlar de manera mucho más estricta el vocabulario que emplea en directo por la televisión. La bloguera, la modelo Viktoria Bonya, a la que había invitado al programa, respondió inmediatamente: «Me alegro de que se haya disculpado».. Bonya, a la que Soloviov llamó, entre otras cosas, «mujerzuela» -también llamó «puta» a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni-, había amenazado con presentar una denuncia conjunta en defensa de la mujer contra el presentador, galardonado recientemente en el Kremlin por el propio Putin. El escándalo estalló cuando Bonya, residente en Mónaco, publicó hace un par de semanas un vídeo dirigido al jefe del Kremlin en el que llamaba la atención de los principales problemas que preocupan a los rusos: el bloqueo de internet, las inundaciones en el Cáucaso, el sacrificio de ganado en Siberia y la catástrofe ecológica en el mar Negro.. Dicho vídeo, sumado a otras intervenciones de la bloguera, sumó decenas de millones de visualizaciones y recibió el respaldo tanto de personalidades cercanas al Kremlin como de opositores y activistas en el exilio. El propio portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció el «éxito» del vídeo y la «relevancia» de los temas a los que aludía.. En particular, Bonya destacó que desde gobernadores a famosos y el pueblo en general tienen «miedo» a Putin y no se atreven a decirle la verdad sobre lo que está ocurriendo en el país. «Pero Usted es el presidente de nuestro país y creo que no debemos tener miedo», dijo la influencer, conocida por las primeras ediciones del Gran Hermano ruso (Dom 2) y que cuenta con cerca de 13 millones de seguidores en Instagram.. Los expertos consideran que esos problemas denunciados por Bonya han sido la causa del desplome de los índices de popularidad de Putin, que cuenta con el indicadores de apoyo más bajos desde 2022. Precisamente, el presidente ruso se dirigió la víspera a diputados y senadores en San Petersburgo para pedirles que no se centren exclusivamente en restringir, sancionar y castigar en su trabajo legislativo.. A día de hoy, a falta de menos de cinco meses de las elecciones parlamentarias, el partido del Kremlin, Rusia Unida, que apoyó la restricción de internet y las redes sociales, cuenta con menos del 30 % de intención de voto en los sondeos, lo que amenaza su mayoría constitucional. En cambio, el resto de partidos representados en la Duma o cámara de diputados han subido en las encuestas, ya que han rechazado abiertamente el bloqueo de internet, que es criticado por más de dos tercios de los rusos.
La inesperada disculpa del propagandista Vladímir Soloviov revela el nerviosismo del Kremlin ante el caída de la popularidad de Putin
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