«Ese hombre tiene una pistola» fue la frase legendaria de la junta de accionistas del 97 con la que Del Nido acorraló a Caldas formando un alboroto con la presunta condición armada del entonces presidente del Sevilla. El debate de vuelta de las elecciones andaluzas, esta vez en la RTVA, arrancó con fogueo, continuó con fuegos artificiales y tuvo hasta amagos de cobrar cuitas pendientes de la cita en RTVE. Una ronda inicial de medio minuto de plata. Tres bloques temáticos. Minuto de oro final. Todas las encuestas a favor de la mayoría absoluta de Moreno y una huelga en Canal Sur, que se saldó sin consecuencias informativas, condensaron el arranque. A una hora de la cita, Juan y Medio se fundió a negro en antena.. El traje azul con corbata añil de lunares verdes de Moreno, en términos cabalísticos, daba una idea de por dónde transitaba la noche. La campaña del PP se basa en el principio cofrade de «aquí no se mueva un varal»: ni Fadie, la hasta ahora ternera talismán, ni foto frente al Don’Ángelo ni mucho menos las vacas sagradas del partido en campaña. Moreno defiende el centro. En la primera vuelta del debate se especuló con el «look Tecnocasa» –traje y corbata verde– del presidente y Gavira, que para el gran público es el señor que aparece en los carteles con Abascal detrás como un ventrílocuo ochentero con Rockefeller, esta vez –«Toma, Moreno»– con pantalón gris, chaqueta azul y corbata de color «vino tinto español». Burdeos, o sea. La muerte de dos guardias civiles –Jerónimo y Germán– en Huelva estuvo muy presente. Costó que los candidatos arrancaran a tomar la palabra y chocó que Montero hablara de «accidentes laborales» tras el pésame por los agentes. El presidente, esta vez, evitó mirar, y mucho menos perder, los papeles por el suelo en el «debate decisivo». «Hoy no trae la carretilla», le dijo Montero. «Nos jugamos el gobierno o el desgobierno». «No voy a participar en el fango», señaló el presidente. La mirada cansada del retornado Maíllo –de nuevo, camisa blanca sin corbata–, con el estrés emocional del posible sorpasso de Adelante, remitía al supuesto anuncio de Shackleton en su expedición antártica: «Peligro constante. Dudoso que puedan regresar a salvo». Con ademán de entre druida y chamán, Maíllo apeló a «la alegría por la vida», recordando, para que nadie se confunda, que son «Por Andalucía» y no Adelante, partido que volvió a hacer de liebre con la crisis de los cribados.. También al ámbito de la leyenda corresponde la crítica a Lola Flores en el NY Times de «Ni canta ni baila pero no se la pierdan», los atributos con los que en los mítines engalanan a Montero, con Zapatero y Sánchez como teloneros. A la candidata socialista, de rojo pasión, la precipitaron en busca de un cambio en el que, por momentos, por autoconvencimiento, ya sólo cree ella. La ex vicepresidenta, con moral nivel ZP, como para opositar a guardameta en Alcoy, eligió dejar de ser «la mujer más poderosa de la democracia» para enfrentarse a Moreno: la mención a «la guerra ilegal» centró su primer alegato. «Juanma lo haría. Moreno, no», dijo de las promesas. «No se esconda detrás de mí», señaló al presidente. «Ha traicionado a Andalucía», dijo Moreno sobre la financiación «Montero-Junqueras». A la vista del «Blue Monday» demoscópico, al PSOE-A le valdría «que parezca un accidente» con el «No te aferres» de la otrora viuda de España de fondo. «Una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado», dijo Camba. En el caso de Vox, Gavira aulló de nuevo el discurso de Abascal. Con la cadencia de un capítulo de «Mad Men» dirigido por Garci, el candidato de Vox vendió «la prioridad nacional» igual que las gitanas de la Plaza de España ofrecen romero y vaticinan amores eternos. El amor, empero, viene a durar dos o tres años –según la ciencia–, que es menos que una legislatura pero más que un debate. «Los menas» y «la agenda 20/30» fueron otros mantras de Gavira, con gafas de pasta y aire de Umbral. El coloquio ya era más mortal que rosa y García, el candidato revelación de Adelante, con camiseta de Lorca, tuvo otro minuto de gloria. El debate coincidió con el 110 aniversario del Nobel de Cela, que era amigo del hombre «casado con España» –el columnista, no el candidato de Vox–, y cuyo discurso en Estocolmo dedicó a la fábula. La contienda dejó atrás el modo narrativo y se fue atropellando al punto de que, incluso, Moreno, asido a la moderación, frunció el ceño. Como dijo uno de sus ídolos, «90 minuti son molto longo», también de debate. Queda menos de una semana para el 17-M y ni emulando a Cela con la escupidera –trasunto entre «What if» y «Black Mirror»– parece ya que al presidente se le puedan escapar los comicios, en tanto acaricia la mayoría absoluta y la campaña, como el debate, se funde a negro.
El debate de vuelta se salda con otro «todos contra el presidente», asido al centro frente a la oposición andaluza
«Ese hombre tiene una pistola» fue la frase legendaria de la junta de accionistas del 97 con la que Del Nido acorraló a Caldas formando un alboroto con la presunta condición armada del entonces presidente del Sevilla. El debate de vuelta de las elecciones andaluzas, esta vez en la RTVA, arrancó con fogueo, continuó con fuegos artificiales y tuvo hasta amagos de cobrar cuitas pendientes de la cita en RTVE. Una ronda inicial de medio minuto de plata. Tres bloques temáticos. Minuto de oro final. Todas las encuestas a favor de la mayoría absoluta de Moreno y una huelga en Canal Sur, que se saldó sin consecuencias informativas, condensaron el arranque. A una hora de la cita, Juan y Medio se fundió a negro en antena.. El traje azul con corbata añil de lunares verdes de Moreno, en términos cabalísticos, daba una idea de por dónde transitaba la noche. La campaña del PP se basa en el principio cofrade de «aquí no se mueva un varal»: ni Fadie, la hasta ahora ternera talismán, ni foto frente al Don’Ángelo ni mucho menos las vacas sagradas del partido en campaña. Moreno defiende el centro. En la primera vuelta del debate se especuló con el «look Tecnocasa» –traje y corbata verde– del presidente y Gavira, que para el gran público es el señor que aparece en los carteles con Abascal detrás como un ventrílocuo ochentero con Rockefeller, esta vez –«Toma, Moreno»– con pantalón gris, chaqueta azul y corbata de color «vino tinto español». Burdeos, o sea. La muerte de dos guardias civiles –Jerónimo y Germán– en Huelva estuvo muy presente. Costó que los candidatos arrancaran a tomar la palabra y chocó que Montero hablara de «accidentes laborales» tras el pésame por los agentes. El presidente, esta vez, evitó mirar, y mucho menos perder, los papeles por el suelo en el «debate decisivo». «Hoy no trae la carretilla», le dijo Montero. «Nos jugamos el gobierno o el desgobierno». «No voy a participar en el fango», señaló el presidente. La mirada cansada del retornado Maíllo –de nuevo, camisa blanca sin corbata–, con el estrés emocional del posible sorpasso de Adelante, remitía al supuesto anuncio de Shackleton en su expedición antártica: «Peligro constante. Dudoso que puedan regresar a salvo». Con ademán de entre druida y chamán, Maíllo apeló a «la alegría por la vida», recordando, para que nadie se confunda, que son «Por Andalucía» y no Adelante, partido que volvió a hacer de liebre con la crisis de los cribados.. También al ámbito de la leyenda corresponde la crítica a Lola Flores en el NY Times de «Ni canta ni baila pero no se la pierdan», los atributos con los que en los mítines engalanan a Montero, con Zapatero y Sánchez como teloneros. A la candidata socialista, de rojo pasión, la precipitaron en busca de un cambio en el que, por momentos, por autoconvencimiento, ya sólo cree ella. La ex vicepresidenta, con moral nivel ZP, como para opositar a guardameta en Alcoy, eligió dejar de ser «la mujer más poderosa de la democracia» para enfrentarse a Moreno: la mención a «la guerra ilegal» centró su primer alegato. «Juanma lo haría. Moreno, no», dijo de las promesas. «No se esconda detrás de mí», señaló al presidente. «Ha traicionado a Andalucía», dijo Moreno sobre la financiación «Montero-Junqueras». A la vista del «Blue Monday» demoscópico, al PSOE-A le valdría «que parezca un accidente» con el «No te aferres» de la otrora viuda de España de fondo. «Una cupletista es algo mucho más patriótico que un diputado», dijo Camba. En el caso de Vox, Gavira aulló de nuevo el discurso de Abascal. Con la cadencia de un capítulo de «Mad Men» dirigido por Garci, el candidato de Vox vendió «la prioridad nacional» igual que las gitanas de la Plaza de España ofrecen romero y vaticinan amores eternos. El amor, empero, viene a durar dos o tres años –según la ciencia–, que es menos que una legislatura pero más que un debate. «Los menas» y «la agenda 20/30» fueron otros mantras de Gavira, con gafas de pasta y aire de Umbral. El coloquio ya era más mortal que rosa y García, el candidato revelación de Adelante, con camiseta de Lorca, tuvo otro minuto de gloria. El debate coincidió con el 110 aniversario del Nobel de Cela, que era amigo del hombre «casado con España» –el columnista, no el candidato de Vox–, y cuyo discurso en Estocolmo dedicó a la fábula. La contienda dejó atrás el modo narrativo y se fue atropellando al punto de que, incluso, Moreno, asido a la moderación, frunció el ceño. Como dijo uno de sus ídolos, «90 minuti son molto longo», también de debate. Queda menos de una semana para el 17-M y ni emulando a Cela con la escupidera –trasunto entre «What if» y «Black Mirror»– parece ya que al presidente se le puedan escapar los comicios, en tanto acaricia la mayoría absoluta y la campaña, como el debate, se funde a negro.
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