Recientemente, Netflix publicó silenciosamente su primer modelo de IA de código abierto. Se llama VOID y hace algo que hasta ahora requería semanas de trabajo de un equipo de efectos visuales: eliminar objetos de un vídeo y regenerar físicamente lo que ocurriría sin ellos. Si borras a una persona que sostiene una guitarra, el instrumento cae por su propio peso. Si eliminas un coche en una colisión, el otro sigue su trayectoria limpia y el asfalto aparece sin rastro de humo ni escombros. El modelo está disponible en Hugging Face con licencia para uso comercial incluida, y en las primeras evaluaciones humanas superó a Runway, la herramienta de pago líder en ese segmento, en más del doble de preferencias.. Netflix no es la única gran corporación que ha abrazado el código abierto este año. Nvidia lleva meses desplegando modelos bajo la familia Nemotron (para IA conversacional y agentes), Cosmos (para IA física y simulación), Isaac GR00T (para robótica) y Clara (para biomedicina), junto a 10 billones de tokens de datos de entrenamiento en abierto. Una declaración ante la SEC reveló la cifra real detrás de tanta generosidad: 26.000 millones de dólares en cinco años invertidos en modelos abiertos. Jensen Huang lo justificó con una frase de manual: «La innovación abierta es el fundamento del progreso en IA.» Pero la propia vicepresidenta de software generativo de Nvidia fue más sincera al explicar que esos modelos sirven también para estresar sus propios centros de datos y avanzar en la hoja de ruta de su hardware. Lo abierto es el cebo. La infraestructura propietaria, el anzuelo.. El patrón se repite con suficiente consistencia como para reconocerlo: cuando una corporación libera tecnología con este nivel de sofisticación, hay algo que quiere proteger o conquistar. En el caso de Nvidia, mantener a los desarrolladores del mundo en sus GPUs frente a la amenaza de los modelos chinos. En el caso de Netflix, demostrar capacidad técnica, atraer talento y sentar estándares en una industria donde su posición competitiva se erosiona. Ninguno de los dos actúa por ideología. Actúan por interés. Y sin embargo el resultado, modelos avanzados en manos de cualquiera que quiera usarlos, es real. A veces los incentivos equivocados producen los resultados correctos.
Lo abierto es el cebo. La infraestructura propietaria, el anzuelo
Recientemente, Netflix publicó silenciosamente su primer modelo de IA de código abierto. Se llama VOID y hace algo que hasta ahora requería semanas de trabajo de un equipo de efectos visuales: eliminar objetos de un vídeo y regenerar físicamente lo que ocurriría sin ellos. Si borras a una persona que sostiene una guitarra, el instrumento cae por su propio peso. Si eliminas un coche en una colisión, el otro sigue su trayectoria limpia y el asfalto aparece sin rastro de humo ni escombros. El modelo está disponible en Hugging Face con licencia para uso comercial incluida, y en las primeras evaluaciones humanas superó a Runway, la herramienta de pago líder en ese segmento, en más del doble de preferencias.. Netflix no es la única gran corporación que ha abrazado el código abierto este año. Nvidia lleva meses desplegando modelos bajo la familia Nemotron (para IA conversacional y agentes), Cosmos (para IA física y simulación), Isaac GR00T (para robótica) y Clara (para biomedicina), junto a 10 billones de tokens de datos de entrenamiento en abierto. Una declaración ante la SEC reveló la cifra real detrás de tanta generosidad: 26.000 millones de dólares en cinco años invertidos en modelos abiertos. Jensen Huang lo justificó con una frase de manual: «La innovación abierta es el fundamento del progreso en IA.» Pero la propia vicepresidenta de software generativo de Nvidia fue más sincera al explicar que esos modelos sirven también para estresar sus propios centros de datos y avanzar en la hoja de ruta de su hardware. Lo abierto es el cebo. La infraestructura propietaria, el anzuelo.. El patrón se repite con suficiente consistencia como para reconocerlo: cuando una corporación libera tecnología con este nivel de sofisticación, hay algo que quiere proteger o conquistar. En el caso de Nvidia, mantener a los desarrolladores del mundo en sus GPUs frente a la amenaza de los modelos chinos. En el caso de Netflix, demostrar capacidad técnica, atraer talento y sentar estándares en una industria donde su posición competitiva se erosiona. Ninguno de los dos actúa por ideología. Actúan por interés. Y sin embargo el resultado, modelos avanzados en manos de cualquiera que quiera usarlos, es real. A veces los incentivos equivocados producen los resultados correctos.
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