Meses antes de estrenarse ya sabíamos que “Michael”, biografía cinematográfica autorizada de Michael Jackson dirigida por Antoine Fuqua y producida por los responsables de las hagiográficas “Bohemian Rhapsody” (2018) y “Rocketman” (2019), pasaría con pies de plomo por encima y por debajo de las polémicas y escándalos sexuales que persiguieron al Rey del Pop hasta el final de sus días. Por supuesto, no puede ignorarlas, pero sí relegarlas a un segundo o tercer plano, como si hubieran sido peccata minuta a lo largo de un ascenso meteórico hasta lo más alto de la música y la cultura popular del siglo XX.. Al contrario que las presiones y maltratos psicológicos que Michael recibiera en el seno de su propia familia, como niño prodigio de los Jacksons Five, las denuncias en dos momentos clave de su carrera por la supuesta comisión de abusos sexuales con varios niños, invitados a compartir su extraña vida en la inmensa mansión y parque temático de Neverland -bautizado a imagen y semejanza del País de Nunca Jamás de Peter Pan, su personaje favorito-, ocupan muy poco espacio en las algo más de dos horas de “Michael”, sin que por otra parte se pretenda dar respuesta definitiva alguna a las acusaciones que recayeran sobre el artista.. La sombra de la duda. Las primeras alegaciones tuvieron lugar en la segunda mitad de 1993, cuando Jackson fue acusado de abusar del niño de trece años Jordan Chandler. Evan Chandler, el padre, estuvo a punto de arruinar por completo la carrera del cantante. Saldrían a la luz un diario donde Jordan describía el comportamiento impropio de Jackson, una supuesta cinta de vídeo con imágenes comprometedoras, así como toda suerte de testimonios de “expertos”. El periodista chileno, afincado en Miami, Víctor Gutiérrez, en colaboración con los Chandler, publicaría en 1996 un libro absolutamente lapidario: “Michael Jackson fue mi amante: El diario de Jordie Chandler”.. La mayor parte de las evidencias, incluyendo el diario de Jordan (escrito a posteriori) y la cinta de vídeo, resultarían ser falsas. Ni fiscalía ni jurados encontraron pruebas incriminatorias. La policía jamás llegó a presentar cargos contra Jackson. En septiembre de 1994, tras interrogar a más de 400 testigos sin poder establecer una acusación razonable, el caso quedó cerrado. No sin que antes Jackson llegara a un acuerdo extra judicial con los Chandler por 18.3 millones de dólares. Práctica habitual en el show bussiness, que no despeja la sombra de sospecha en ambas direcciones.. Quien más salió perdiendo entonces fue Víctor Gutiérrez, a quien Jackson demandó por su libro, siendo condenado por la justicia estadounidense a pagar al artista casi tres millones de dólares. El periodista abandonó Miami para volver a Chile declarándose incapaz de abonar la suma exigida. Aún no había dicho su última palabra.. En 2003, la emisión del documental “Así es Michael Jackson”, guiado por el periodista británico Martin Bashir -famoso por haber conseguido una entrevista exclusiva con la princesa Diana de Gales, usando documentación falsa-, mostraba al mundo entero imágenes del cantante comportándose de forma irresponsable con su hijo, divirtiéndose con los pequeños invitados a Neverland de manera extravagante y hasta ebrio. Bashir y el documental fueron elementos clave para arrestar a Jackson el 20 de noviembre de 2003. Tras depositar una fianza de tres millones de dólares, el artista salió de prisión apenas una hora después.. El juicio, que esta vez sí tuvo lugar, se fundamentaba en las acusaciones de Gavin Arvizo, quien tenía doce años cuando conoció a Jackson en el año 2000, convirtiéndose en su favorito y apareciendo en numerosos momentos del documental. Su declaración se vio apoyada por la de su hermano pequeño Star, quien contó cómo Jackson se había masturbado delante de ellos, invitándoles a seguir su ejemplo, a beber alcohol y mirar pornografía.. El trece de junio de 2005 el jurado declaró a Jackson “no culpable” de todos los cargos. Pero su carrera quedó definitivamente marcada. Sólo sobrevivió al juicio cuatro años, falleciendo prematuramente el 25 de junio de 2009, envenenado no solo por el propofol, sino por la sospecha y el abandono de sus fans. Diez años después, el documental de HBO “Leaving Neverland” daba voz a las “víctimas” de Jackson, sin que este pudiera replicar. Aunque resulta difícil dudar de la sinceridad real de los sentimientos expuestos en él por los “niños perdidos” de Neverland.. Muerte y transfiguración. Pese a lo que diga la tradición medieval del Omnia Mors Aequat, ni siquiera ante la muerte somos todos iguales. El trágico fallecimiento de Michael Jackson borró casi de golpe su leyenda negra. Bashir, el hombre que le había hundido, afirmó en público: “…nunca fue condenado por ningún crimen, yo mismo nunca fui testigo de ningún comportamiento delictivo y aunque su estilo de vida pudiera ser poco ortodoxo, no creo que fuera un criminal”. “Michael”, protagonizada por su sobrino Jaafar Jackson devolverá definitivamente al Rey del Pop su trono. Es dudoso que Woody Allen o Polanski, cuando nos dejen, corran la misma suerte.. Más allá de la inocencia o culpabilidad de Michael Jackson, lo que queda es el testimonio de cómo gira la rueda de la fortuna. Especialmente cuando la impulsa la opinión pública, siempre fácilmente manipulable, dispuesta tanto a condenar como a perdonar. Cuando en 2005 volvieron las acusaciones, Víctor Gutiérrez aprovechó para hacer una gira mundial con su libro bajo el brazo. Así lo conocí, cara a cara, en Crónicas Marcianas. Tras exponer de nuevo la historia de Jordan Chandler ante Javier Sardá, todos mis compañeros de plató, desde azafatas y maquilladoras hasta el último guionista, iluminador o encargado del catering, ardían de indignación. Estaban dispuestos a mandar a Jackson directamente a prisión, si no a la silla eléctrica.. Como crítico cinematográfico se suponía que yo me sumaría a la mesa para hablar de Jackson y el cine, pero llevado por un arrebato de pasión, me enfrenté a Gutiérrez, defendiendo el principio de la presunción de inocencia. En un primer momento, el periodista enarboló la evidencia, reconocida por el propio músico, de cómo este dormía rodeado de niños, lo que suponía la prueba definitiva de su culpabilidad. Pero yo tenía una as en la manga: el “sunamismo” o “sulamismo”. Una rara condición psicológica así llamada por La Sunamita, joven esposa del anciano rey Salomón con quien este dormía sin mantener relaciones sexuales, para sentirse rejuvenecido por su proximidad. Una “afección” que, junto al “síndrome de Peter Pan”, podía explicar la manía de Jackson por rodearse de niños y dormir con ellos, al tiempo que según muchos era profundamente hipocondríaco y asexual, poco proclive en apariencia a promiscuidad alguna.. Sorprendentemente, apenas unos minutos después de mi intervención mis compañeros cambiaron su veredicto inicial por el totalmente opuesto, desconfiando (no sin motivos) del escritor chileno. Los medidores de audiencia se dispararon. El programa cambió su escaleta del día siguiente para volver a enfrentarnos a Gutiérrez y a mí en torno al caso Jackson. En el camerino, el periodista me felicitó, insinuando que podíamos forma pareja en varios platós. A mi regreso a Madrid (Crónicas se emitía desde Barcelona) apenas me atrevía a salir a la calle. Todo el barrio, del panadero al cartero, me hacía señas con el pulgar hacia arriba al grito de “¡Viva Michael!”.. Seguramente nunca sabremos con certeza si Jackson abusó sexualmente o no de sus “niños perdidos”. Pero esté en el cielo o el infierno, el Rey del Pop nos enseñó una dura lección: nadie es inocente. De haber podido, más de uno habría hecho linchar a Michael Jackson al inicio de aquella noche en Crónicas Marcianas, para declararlo inocente cinco minutos más tarde (y quizá ya muerto). Ahora, “Michael” le concederá el indulto definitivo, otorgándole el beneficio de la duda que muchos le negaron en vida. Y al que otros no accederán nunca, cancelados para la eternidad.
El estreno de «Michael», el espectacular biopic sobre Michael Jackson, reaviva las polémicas que rodearon al excéntrico y genial Rey del Pop
Meses antes de estrenarse ya sabíamos que “Michael”, biografía cinematográfica autorizada de Michael Jackson dirigida por Antoine Fuqua y producida por los responsables de las hagiográficas “Bohemian Rhapsody” (2018) y “Rocketman” (2019), pasaría con pies de plomo por encima y por debajo de las polémicas y escándalos sexuales que persiguieron al Rey del Pop hasta el final de sus días. Por supuesto, no puede ignorarlas, pero sí relegarlas a un segundo o tercer plano, como si hubieran sido peccata minuta a lo largo de un ascenso meteórico hasta lo más alto de la música y la cultura popular del siglo XX.. Al contrario que las presiones y maltratos psicológicos que Michael recibiera en el seno de su propia familia, como niño prodigio de los Jacksons Five, las denuncias en dos momentos clave de su carrera por la supuesta comisión de abusos sexuales con varios niños, invitados a compartir su extraña vida en la inmensa mansión y parque temático de Neverland -bautizado a imagen y semejanza del País de Nunca Jamás de Peter Pan, su personaje favorito-, ocupan muy poco espacio en las algo más de dos horas de “Michael”, sin que por otra parte se pretenda dar respuesta definitiva alguna a las acusaciones que recayeran sobre el artista.. La sombra de la duda. Las primeras alegaciones tuvieron lugar en la segunda mitad de 1993, cuando Jackson fue acusado de abusar del niño de trece años Jordan Chandler. Evan Chandler, el padre, estuvo a punto de arruinar por completo la carrera del cantante. Saldrían a la luz un diario donde Jordan describía el comportamiento impropio de Jackson, una supuesta cinta de vídeo con imágenes comprometedoras, así como toda suerte de testimonios de “expertos”. El periodista chileno, afincado en Miami, Víctor Gutiérrez, en colaboración con los Chandler, publicaría en 1996 un libro absolutamente lapidario: “Michael Jackson fue mi amante: El diario de Jordie Chandler”.. La mayor parte de las evidencias, incluyendo el diario de Jordan (escrito a posteriori) y la cinta de vídeo, resultarían ser falsas. Ni fiscalía ni jurados encontraron pruebas incriminatorias. La policía jamás llegó a presentar cargos contra Jackson. En septiembre de 1994, tras interrogar a más de 400 testigos sin poder establecer una acusación razonable, el caso quedó cerrado. No sin que antes Jackson llegara a un acuerdo extra judicial con los Chandler por 18.3 millones de dólares. Práctica habitual en el show bussiness, que no despeja la sombra de sospecha en ambas direcciones.. Quien más salió perdiendo entonces fue Víctor Gutiérrez, a quien Jackson demandó por su libro, siendo condenado por la justicia estadounidense a pagar al artista casi tres millones de dólares. El periodista abandonó Miami para volver a Chile declarándose incapaz de abonar la suma exigida. Aún no había dicho su última palabra.. En 2003, la emisión del documental “Así es Michael Jackson”, guiado por el periodista británico Martin Bashir -famoso por haber conseguido una entrevista exclusiva con la princesa Diana de Gales, usando documentación falsa-, mostraba al mundo entero imágenes del cantante comportándose de forma irresponsable con su hijo, divirtiéndose con los pequeños invitados a Neverland de manera extravagante y hasta ebrio. Bashir y el documental fueron elementos clave para arrestar a Jackson el 20 de noviembre de 2003. Tras depositar una fianza de tres millones de dólares, el artista salió de prisión apenas una hora después.. El juicio, que esta vez sí tuvo lugar, se fundamentaba en las acusaciones de Gavin Arvizo, quien tenía doce años cuando conoció a Jackson en el año 2000, convirtiéndose en su favorito y apareciendo en numerosos momentos del documental. Su declaración se vio apoyada por la de su hermano pequeño Star, quien contó cómo Jackson se había masturbado delante de ellos, invitándoles a seguir su ejemplo, a beber alcohol y mirar pornografía.. El trece de junio de 2005 el jurado declaró a Jackson “no culpable” de todos los cargos. Pero su carrera quedó definitivamente marcada. Sólo sobrevivió al juicio cuatro años, falleciendo prematuramente el 25 de junio de 2009, envenenado no solo por el propofol, sino por la sospecha y el abandono de sus fans. Diez años después, el documental de HBO “Leaving Neverland” daba voz a las “víctimas” de Jackson, sin que este pudiera replicar. Aunque resulta difícil dudar de la sinceridad real de los sentimientos expuestos en él por los “niños perdidos” de Neverland.. Muerte y transfiguración. Pese a lo que diga la tradición medieval del Omnia Mors Aequat, ni siquiera ante la muerte somos todos iguales. El trágico fallecimiento de Michael Jackson borró casi de golpe su leyenda negra. Bashir, el hombre que le había hundido, afirmó en público: “…nunca fue condenado por ningún crimen, yo mismo nunca fui testigo de ningún comportamiento delictivo y aunque su estilo de vida pudiera ser poco ortodoxo, no creo que fuera un criminal”. “Michael”, protagonizada por su sobrino Jaafar Jackson devolverá definitivamente al Rey del Pop su trono. Es dudoso que Woody Allen o Polanski, cuando nos dejen, corran la misma suerte.. Más allá de la inocencia o culpabilidad de Michael Jackson, lo que queda es el testimonio de cómo gira la rueda de la fortuna. Especialmente cuando la impulsa la opinión pública, siempre fácilmente manipulable, dispuesta tanto a condenar como a perdonar. Cuando en 2005 volvieron las acusaciones, Víctor Gutiérrez aprovechó para hacer una gira mundial con su libro bajo el brazo. Así lo conocí, cara a cara, en Crónicas Marcianas. Tras exponer de nuevo la historia de Jordan Chandler ante Javier Sardá, todos mis compañeros de plató, desde azafatas y maquilladoras hasta el último guionista, iluminador o encargado del catering, ardían de indignación. Estaban dispuestos a mandar a Jackson directamente a prisión, si no a la silla eléctrica.. Como crítico cinematográfico se suponía que yo me sumaría a la mesa para hablar de Jackson y el cine, pero llevado por un arrebato de pasión, me enfrenté a Gutiérrez, defendiendo el principio de la presunción de inocencia. En un primer momento, el periodista enarboló la evidencia, reconocida por el propio músico, de cómo este dormía rodeado de niños, lo que suponía la prueba definitiva de su culpabilidad. Pero yo tenía una as en la manga: el “sunamismo” o “sulamismo”. Una rara condición psicológica así llamada por La Sunamita, joven esposa del anciano rey Salomón con quien este dormía sin mantener relaciones sexuales, para sentirse rejuvenecido por su proximidad. Una “afección” que, junto al “síndrome de Peter Pan”, podía explicar la manía de Jackson por rodearse de niños y dormir con ellos, al tiempo que según muchos era profundamente hipocondríaco y asexual, poco proclive en apariencia a promiscuidad alguna.. Sorprendentemente, apenas unos minutos después de mi intervención mis compañeros cambiaron su veredicto inicial por el totalmente opuesto, desconfiando (no sin motivos) del escritor chileno. Los medidores de audiencia se dispararon. El programa cambió su escaleta del día siguiente para volver a enfrentarnos a Gutiérrez y a mí en torno al caso Jackson. En el camerino, el periodista me felicitó, insinuando que podíamos forma pareja en varios platós. A mi regreso a Madrid (Crónicas se emitía desde Barcelona) apenas me atrevía a salir a la calle. Todo el barrio, del panadero al cartero, me hacía señas con el pulgar hacia arriba al grito de “¡Viva Michael!”.. Seguramente nunca sabremos con certeza si Jackson abusó sexualmente o no de sus “niños perdidos”. Pero esté en el cielo o el infierno, el Rey del Pop nos enseñó una dura lección: nadie es inocente. De haber podido, más de uno habría hecho linchar a Michael Jackson al inicio de aquella noche en Crónicas Marcianas, para declararlo inocente cinco minutos más tarde (y quizá ya muerto). Ahora, “Michael” le concederá el indulto definitivo, otorgándole el beneficio de la duda que muchos le negaron en vida. Y al que otros no accederán nunca, cancelados para la eternidad.
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