Maximilian Riedel no encaja demasiado en la imagen clásica de un fabricante de copas de cristal. El CEO de la histórica firma austríaca, undécima generación de una familia dedicada al vidrio desde 1756, acumula más de 600.000 seguidores en Instagram, donde se le puede ver catando vinos sobre una tabla de surf, descorchando champán con esquís o retando a Cristiano Ronaldo mientras sostiene una copa. Pero detrás de esa puesta en escena hay una idea que lleva décadas defendiendo: «La copa no es decoración, es una herramienta». Durante su reciente visita a Madrid para impartir una «Riedel Wine Glass Experience» en el hotel Rosewood Villa Magna, organizada por Euroselecció, distribuidor de Riedel en España, el empresario austríaco volvió a demostrarlo ante decenas de asistentes con una cata en la que el mismo vino cambiaba radicalmente según el recipiente utilizado. «La gente no lo entiende hasta que lo prueba», asegura en esta entrevista con LA RAZÓN.. Riedel es una empresa familiar con once generaciones de historia. ¿Cómo se equilibra la tradición con la innovación al diseñar nuevas colecciones?. Nuestro legado es precisamente la innovación. Desde nuestros antepasados hasta hoy, Riedel siempre ha estado vinculada a ella. Nunca nos conformamos con lo conseguido por generaciones anteriores y seguimos intentando ir más allá. Esa herencia también nos aporta un conocimiento extraordinario sobre artesanía, análisis sensorial y la relación entre el recipiente y la bebida. La innovación consiste en cuestionar ideas preconcebidas, incorporar nuevas tecnologías y responder a cómo bebe vino la gente hoy. Cuando desarrollamos una nueva colección respetamos los principios que hicieron exitosa a Riedel: funcionalidad, precisión y especificidad varietal. Pero también buscamos copas más ligeras, precisas, accesibles y sostenibles.. Suele decir que una copa es una herramienta y no un accesorio. ¿Qué sigue sin entender el consumidor sobre la relación entre la forma de la copa y la percepción del vino?. Mucha gente sigue pensando que la cristalería es principalmente estética y que una copa bonita solo mejora la presentación. Pero la forma de la copa influye directamente en cómo se percibe el vino a nivel aromático, estructural y textural. Una copa determina dónde cae el vino en el paladar, cómo se concentran los aromas e incluso cómo se equilibran el alcohol, la acidez, los taninos o la fruta. El mismo vino puede parecer más elegante, más agresivo o más armónico dependiendo totalmente de la copa. Lo que más sorprende a los consumidores es lo drástica que puede ser la diferencia. Cuando prueban el mismo vino en distintas copas entienden enseguida que no se trata de decoración, sino de una herramienta diseñada para revelar el carácter del vino.. La serie Riedel Veloce representa un nuevo paso en precisión y especificidad varietal. ¿Qué retos técnicos encontraron durante su desarrollo?. Con Riedel Veloce queríamos conseguir la finura y precisión de una copa hecha a mano utilizando tecnología avanzada de producción mecanizada. Ese fue un enorme desafío técnico, también porque la forma de la copa es completamente nueva. Buscábamos piezas excepcionalmente ligeras y equilibradas, con un perfil muy fino, pero manteniendo al mismo tiempo consistencia y durabilidad a gran escala. Para lograrlo, hizo falta mucha innovación en precisión industrial e ingeniería. Cada forma fue desarrollada mediante extensas sesiones de cata para asegurarnos de que ofrecía la expresión aromática y estructural adecuada para cada estilo de vino. El reto no era la estética, sino la experiencia sensorial.. Riedel ha influido durante décadas en la manera en la que el mundo degusta el vino. ¿Cuál cree que será el próximo gran cambio en la cultura global del vino?. El próximo gran cambio vendrá marcado por la accesibilidad, la experimentación y los nuevos hábitos de consumo. Los consumidores están menos ligados a las normas tradicionales y más abiertos a descubrir nuevas regiones, variedades y estilos. Buscan experiencias auténticas y menos formales.También vemos un creciente interés por vinos más ligeros, propuestas con menos alcohol, cócteles, destilados y ocasiones de consumo más variadas. El futuro no pasa por categorías rígidas, sino por mejorar la experiencia en un abanico mucho más amplio de bebidas. En Riedel nos estamos preparando para ello innovando más allá de las copas tradicionales, aunque manteniendo siempre nuestro compromiso con el rendimiento sensorial. Queremos combinar precisión y versatilidad y hacer que nuestras copas de alto rendimiento sean más accesibles para consumidores jóvenes de todo el mundo. La información -o más bien la educación- seguirá siendo clave. Cuanto más entiende el consumidor cómo influyen las herramientas sensoriales en el disfrute, más curiosidad y ganas tiene de experimentar.
El CEO de la firma austriaca reivindica en Madrid la importancia de la experiencia sensorial y anticipa una nueva cultura del vino: más accesible y menos rígida
Maximilian Riedel no encaja demasiado en la imagen clásica de un fabricante de copas de cristal. El CEO de la histórica firma austríaca, undécima generación de una familia dedicada al vidrio desde 1756, acumula más de 600.000 seguidores en Instagram, donde se le puede ver catando vinos sobre una tabla de surf, descorchando champán con esquís o retando a Cristiano Ronaldo mientras sostiene una copa. Pero detrás de esa puesta en escena hay una idea que lleva décadas defendiendo: «La copa no es decoración, es una herramienta». Durante su reciente visita a Madrid para impartir una «Riedel Wine Glass Experience» en el hotel Rosewood Villa Magna, organizada por Euroselecció, distribuidor de Riedel en España, el empresario austríaco volvió a demostrarlo ante decenas de asistentes con una cata en la que el mismo vino cambiaba radicalmente según el recipiente utilizado. «La gente no lo entiende hasta que lo prueba», asegura en esta entrevista con LA RAZÓN.. Riedel es una empresa familiar con once generaciones de historia. ¿Cómo se equilibra la tradición con la innovación al diseñar nuevas colecciones?. Nuestro legado es precisamente la innovación. Desde nuestros antepasados hasta hoy, Riedel siempre ha estado vinculada a ella. Nunca nos conformamos con lo conseguido por generaciones anteriores y seguimos intentando ir más allá. Esa herencia también nos aporta un conocimiento extraordinario sobre artesanía, análisis sensorial y la relación entre el recipiente y la bebida. La innovación consiste en cuestionar ideas preconcebidas, incorporar nuevas tecnologías y responder a cómo bebe vino la gente hoy. Cuando desarrollamos una nueva colección respetamos los principios que hicieron exitosa a Riedel: funcionalidad, precisión y especificidad varietal. Pero también buscamos copas más ligeras, precisas, accesibles y sostenibles.. Suele decir que una copa es una herramienta y no un accesorio. ¿Qué sigue sin entender el consumidor sobre la relación entre la forma de la copa y la percepción del vino?. Mucha gente sigue pensando que la cristalería es principalmente estética y que una copa bonita solo mejora la presentación. Pero la forma de la copa influye directamente en cómo se percibe el vino a nivel aromático, estructural y textural. Una copa determina dónde cae el vino en el paladar, cómo se concentran los aromas e incluso cómo se equilibran el alcohol, la acidez, los taninos o la fruta. El mismo vino puede parecer más elegante, más agresivo o más armónico dependiendo totalmente de la copa. Lo que más sorprende a los consumidores es lo drástica que puede ser la diferencia. Cuando prueban el mismo vino en distintas copas entienden enseguida que no se trata de decoración, sino de una herramienta diseñada para revelar el carácter del vino.. La serie Riedel Veloce representa un nuevo paso en precisión y especificidad varietal. ¿Qué retos técnicos encontraron durante su desarrollo?. Con Riedel Veloce queríamos conseguir la finura y precisión de una copa hecha a mano utilizando tecnología avanzada de producción mecanizada. Ese fue un enorme desafío técnico, también porque la forma de la copa es completamente nueva. Buscábamos piezas excepcionalmente ligeras y equilibradas, con un perfil muy fino, pero manteniendo al mismo tiempo consistencia y durabilidad a gran escala. Para lograrlo, hizo falta mucha innovación en precisión industrial e ingeniería. Cada forma fue desarrollada mediante extensas sesiones de cata para asegurarnos de que ofrecía la expresión aromática y estructural adecuada para cada estilo de vino. El reto no era la estética, sino la experiencia sensorial.. Riedel ha influido durante décadas en la manera en la que el mundo degusta el vino. ¿Cuál cree que será el próximo gran cambio en la cultura global del vino?. El próximo gran cambio vendrá marcado por la accesibilidad, la experimentación y los nuevos hábitos de consumo. Los consumidores están menos ligados a las normas tradicionales y más abiertos a descubrir nuevas regiones, variedades y estilos. Buscan experiencias auténticas y menos formales.También vemos un creciente interés por vinos más ligeros, propuestas con menos alcohol, cócteles, destilados y ocasiones de consumo más variadas. El futuro no pasa por categorías rígidas, sino por mejorar la experiencia en un abanico mucho más amplio de bebidas. En Riedel nos estamos preparando para ello innovando más allá de las copas tradicionales, aunque manteniendo siempre nuestro compromiso con el rendimiento sensorial. Queremos combinar precisión y versatilidad y hacer que nuestrascopas de alto rendimiento sean más accesibles para consumidores jóvenes de todo el mundo. La información -o más bien la educación- seguirá siendo clave. Cuanto más entiende el consumidor cómo influyen las herramientas sensoriales en el disfrute, más curiosidad y ganas tiene de experimentar.
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