Mateo Maté (Madrid, 1964) es uno de los artistas con una trayectoria más consolidada y con mayor proyección y reconocimiento internacional. Incluido en el último rediseño de la colección del [[LINK:TAG|||tag|||6336153659a61a391e0a0e8f|||Reina Sofía]], con obra expuesta en la actualidad en el MUSAC de León, participará en la colectiva «Les Voyageurs», comisariada por Ines Goldbach, y estará presente en la prestigiosa Kunsthaus de [[LINK:TAG|||tag|||63361aab1e757a32c790c667|||Basilea.]]. Una de tus obras -Paisajes de siempre 18- forma parte de la reorganización que el Reina Sofía de su “Colección. Arte contemporáneo: 1975-presente”. ¿Percibes ya un efecto positivo por haber sido uno de los beneficiados de este nuevo diseño expositivo o es demasiado pronto para valorarlo?. Todavía es demasiado pronto; la mayoría de la gente no ha tenido oportunidad de verla. Pero yo creo que sí tendrá un efecto positivo. Hay una generación de artistas españoles que hemos echado de menos una cierta validación institucional. Y, en este sentido, todo lo que venga será bienvenido.. Durante los últimos años, has convertido el paisaje en tu principal campo discursivo. Eres, de hecho, uno de los artistas europeos que más ha hecho por integrar el paisaje a la “agenda política” del arte contemporáneo. ¿Se puede afirmar que el paisaje será político o no será?. Todo paisaje es un campo de batalla. A mí me gusta hablar de “territorio”. El territorio conlleva siempre el conflicto; está conformado íntimamente por él. Se trata del ámbito donde se desarrolla la competencia vital de la naturaleza y donde las sociedades luchan.. En tus paisajes, la pincelada tradicional se sustituye por uniformes militares pegados al lienzo, mostrando cómo el camuflaje militar no sería posible sin los hallazgos ópticos aportados por el impresionismo. Igualmente, artistas vinculados al cubismo y al vorticismo participaron en el diseño de patrones de camuflaje para el ejército. Cuando introduces el camuflaje en tus paisajes, ¿buscas activar esta historia compartida entre arte y estrategia militar?. Lo busco siempre. Me suelo definir como un artista que sospecha de la iconografía. Y la iconografía y los cánones de belleza son herramientas de poder. La iconografía funciona estratégicamente: nos atraviesa con el objetivo de controlarnos. El impresionismo -que, para muchos, constituye el sumun de la belleza- fue utilizado por la estructura militar para diseñar los patrones de camuflaje. La belleza es dominar a otros. Desde que empezó la invasión de Ucrania, fui consciente de que la sociedad europea iba a cambiar: la fuerza como instrumento disuasorio se impuso a la razón, mientras Europa estaba a por uvas. Estos últimos años me han dado la razón: si queremos seguir viviendo en democracia la vamos a tener que defender. De igual manera que tendremos que defender la verdad, que es la primera víctima de la guerra.. El camuflaje fue concebido para esconder, para confundir. Sin embargo, fuera de las operaciones militares -en un paisaje, en la calle-, el uniforme militar se transforma en una figura de autoridad, central a la mirada. Aunque sea paradójico, ¿el camuflaje es obsceno?. El camuflaje es una mentira. Y quien lo utiliza va siempre armado. El camuflaje, fuera de lugar, constituye una demostración de intenciones. Hoy en día, ir uniformado es una declaración de intenciones: estás con un bando y percibes al otro como enemigo. El concepto de sociedad, en occidente, solo se comprende desde este punto de vista: demonizar a los demás. Son varios los ejemplos: Rusia, Israel, Trump… Este modus operandi está implícito en mis paisajes: en ellos no hay armonía, sino lucha.. Coincidiendo con Art Basel , participas en una colectiva en la prestigiosa Kunsthaus de Basilea con una obra de tu serie “The World Lanscapes Project”. Los paisajes de la instalación están construidos con periódicos, un material que contiene noticias y acontecimientos del mundo. ¿Podríamos pensar que el paisaje que propones no es natural sino histórico, político, hecho de tiempo acumulado?. Lo humano lo ha colonizado todo. Me gusta referirme a estos paisajes como “estratos de la historia”. En los periódicos está todo lo que nos pasa como humanos. Los empecé a utilizar de nuevo durante la pandemia. En cada lugar en el que expongo, suelo personalizar mis paisajes utilizando periódicos locales. Las noticias que estos publican -casi nunca buenas- funcionan como metáforas de los sucesos humanos. No hay un metro del paisaje que no sea cultura, historia.. Los periódicos construyen literalmente la topografía del paisaje: crean montañas, relieves y accidentes del terreno. Pero al mismo tiempo esos mismos periódicos parecen actuar como envoltorio de algo que queda oculto. ¿Te interesa trabajar con esa paradoja, donde la información produce paisaje, pero también genera zonas de opacidad, casi como si todo territorio estuviera hecho de relatos visibles y de secretos enterrados?”. El paisaje hay que caminarlo. No basta con contemplarlo porque no es algo evidente. No se puede describir de un solo golpe de vista, desde una posición estática. De igual manera que la luna posee una cara oculta, la montaña también posee una parte invisible. Un paisaje te ofrece y te arrebata información al mismo tiempo.. El tren de juguete que atraviesa este paisaje parece conducir a algún lugar pero que, en realidad, no tiene destino. ¿Te interesa esa idea del viaje como experiencia más que como llegada? ¿Hasta qué punto ese recorrido podría entenderse como una metáfora de la propia práctica artística?. La pieza que voy a exponer en Basilea se titula “Going Nowhere” (“Ir a ninguna parte”). Nos movemos y nos movemos pero no llegamos a ningún sitio. Por más que viajamos, nunca llegamos a huir de nosotros mismos. Estamos atrapados en un bucle. En el plano histórico, nos encontramos con una circunstancia similar: se repiten, una y otra vez, los mismos sucesos históricos, de manera que parece que la historia no va a ningún sitio. Determinadas ideas y actitudes, -los nacionalismos, la patria, los egoísmos- regresan casi simétricamente. Y, al final, se expresan en el paisaje.. Las cámaras instaladas en este tren funcionan como una especie de “ojos” que registran el territorio. ¿Te interesa reflexionar sobre la relación entre mirada, tecnología y paisaje, como si el paisaje solo existiera cuando es observado o mediado por una imagen?. El concepto de tecnología no me ha interesado nunca. Me he servido de ella para miniaturizar los paisajes y contemplarlos como territorio. El territorio solo se percibe desde la distancia y cuando adquieres un punto de vista diferente al habitual. Es entonces cuando surge la mirada social. Y es aquí y solo aquí donde la tecnología me sirve. La tecnología es un medio, no un fin. Se trata de una herramienta para ganar mi batalla, para conocer mi territorio.. En la instalación aparecen también relojes transformados en brújulas y referencias a los puntos cardinales. ¿Está sugiriendo que la orientación —geográfica, política o incluso existencial— es siempre algo inestable?. Vengo utilizando esta metáfora del tiempo-espacio desde hace años. Considero que no controlamos ni el lugar ni el tiempo que nos ha tocado vivir: no somos dueños de nuestro destino. En la vida, eres un mero espectador. Este reloj-brújula viene a decir que lo que realmente eres es el “ahora mismo”. Todo lo demás es una entelequia que no podemos controlar.. Vivimos en una época en la que ni siquiera las imágenes que se distribuyen por las redes sociales y los medios de comunicación producen impacto alguno. Directamente el espectador no las ve. ¿Cómo se enfrenta a este panorama un artista que, además, sabe que el público al que se dirige es minoritario?. Esto me lo he planteado yo desde el surgimiento de internet. Cada día se suben a las redes más imágenes que las que la humanidad ha creado en toda su historia. Imágenes innecesarias hasta el infinito. Para mí es muy difícil pelear contra esto. Pero es mi obligación resistir. Es fundamental ser un artista original, buscar imágenes diferentes que permitan lograr visibilidad entre ese 99,9 % de imágenes pastiche que nos inundan y ciegan.
Participará en la muestra «Les Voyageurs» y se podrá ver en la Kunsthaus de Basilea durante la celebración de la edición de este año de Art Basel
Mateo Maté (Madrid, 1964) es uno de los artistas con una trayectoria más consolidada y con mayor proyección y reconocimiento internacional. Incluido en el último rediseño de la colección del Reina Sofía, con obra expuesta en la actualidad en el MUSAC de León, participará en la colectiva «Les Voyageurs», comisariada por Ines Goldbach, y estará presente en la prestigiosa Kunsthaus de Basilea.. Una de tus obras -Paisajes de siempre 18- forma parte de la reorganización que el Reina Sofía de su “Colección. Arte contemporáneo: 1975-presente”. ¿Percibes ya un efecto positivo por haber sido uno de los beneficiados de este nuevo diseño expositivo o es demasiado pronto para valorarlo?. Todavía es demasiado pronto; la mayoría de la gente no ha tenido oportunidad de verla. Pero yo creo que sí tendrá un efecto positivo. Hay una generación de artistas españoles que hemos echado de menos una cierta validación institucional. Y, en este sentido, todo lo que venga será bienvenido.. Durante los últimos años, has convertido el paisaje en tu principal campo discursivo. Eres, de hecho, uno de los artistas europeos que más ha hecho por integrar el paisaje a la “agenda política” del arte contemporáneo. ¿Se puede afirmar que el paisaje será político o no será?. Todo paisaje es un campo de batalla. A mí me gusta hablar de “territorio”. El territorio conlleva siempre el conflicto; está conformado íntimamente por él. Se trata del ámbito donde se desarrolla la competencia vital de la naturaleza y donde las sociedades luchan.. En tus paisajes, la pincelada tradicional se sustituye por uniformes militares pegados al lienzo, mostrando cómo el camuflaje militar no sería posible sin los hallazgos ópticos aportados por el impresionismo. Igualmente, artistas vinculados al cubismo y al vorticismo participaron en el diseño de patrones de camuflaje para el ejército. Cuando introduces el camuflaje en tus paisajes, ¿buscas activar esta historia compartida entre arte y estrategia militar?. Lo busco siempre. Me suelo definir como un artista que sospecha de la iconografía. Y la iconografía y los cánones de belleza son herramientas de poder. La iconografía funciona estratégicamente: nos atraviesa con el objetivo de controlarnos. El impresionismo -que, para muchos, constituye el sumun de la belleza- fue utilizado por la estructura militar para diseñar los patrones de camuflaje. La belleza es dominar a otros. Desde que empezó la invasión de Ucrania, fui consciente de que la sociedad europea iba a cambiar: la fuerza como instrumento disuasorio se impuso a la razón, mientras Europa estaba a por uvas. Estos últimos años me han dado la razón: si queremos seguir viviendo en democracia la vamos a tener que defender. De igual manera que tendremos que defender la verdad, que es la primera víctima de la guerra.. El camuflaje fue concebido para esconder, para confundir. Sin embargo, fuera de las operaciones militares -en un paisaje, en la calle-, el uniforme militar se transforma en una figura de autoridad, central a la mirada. Aunque sea paradójico, ¿el camuflaje es obsceno?. El camuflaje es una mentira. Y quien lo utiliza va siempre armado. El camuflaje, fuera de lugar, constituye una demostración de intenciones. Hoy en día, ir uniformado es una declaración de intenciones: estás con un bando y percibes al otro como enemigo. El concepto de sociedad, en occidente, solo se comprende desde este punto de vista: demonizar a los demás. Son varios los ejemplos: Rusia, Israel, Trump… Este modus operandi está implícito en mis paisajes: en ellos no hay armonía, sino lucha.. Coincidiendo con Art Basel , participas en una colectiva en la prestigiosa Kunsthaus de Basilea con una obra de tu serie “The World Lanscapes Project”. Los paisajes de la instalación están construidos con periódicos, un material que contiene noticias y acontecimientos del mundo. ¿Podríamos pensar que el paisaje que propones no es natural sino histórico, político, hecho de tiempo acumulado?. Lo humano lo ha colonizado todo. Me gusta referirme a estos paisajes como “estratos de la historia”. En los periódicos está todo lo que nos pasa como humanos. Los empecé a utilizar de nuevo durante la pandemia. En cada lugar en el que expongo, suelo personalizar mis paisajes utilizando periódicos locales. Las noticias que estos publican -casi nunca buenas- funcionan como metáforas de los sucesos humanos. No hay un metro del paisaje que no sea cultura, historia.. Los periódicos construyen literalmente la topografía del paisaje: crean montañas, relieves y accidentes del terreno. Pero al mismo tiempo esos mismos periódicos parecen actuar como envoltorio de algo que queda oculto. ¿Te interesa trabajar con esa paradoja, donde la información produce paisaje, pero también genera zonas de opacidad, casi como si todo territorio estuviera hecho de relatos visibles y de secretos enterrados?”. El paisaje hay que caminarlo. No basta con contemplarlo porque no es algo evidente. No se puede describir de un solo golpe de vista, desde una posición estática. De igual manera que la luna posee una cara oculta, la montaña también posee una parte invisible. Un paisaje te ofrece y te arrebata información al mismo tiempo.. El tren de juguete que atraviesa este paisaje parece conducir a algún lugar pero que, en realidad, no tiene destino. ¿Te interesa esa idea del viaje como experiencia más que como llegada? ¿Hasta qué punto ese recorrido podría entenderse como una metáfora de la propia práctica artística?. La pieza que voy a exponer en Basilea se titula “Going Nowhere” (“Ir a ninguna parte”). Nos movemos y nos movemos pero no llegamos a ningún sitio. Por más que viajamos, nunca llegamos a huir de nosotros mismos. Estamos atrapados en un bucle. En el plano histórico, nos encontramos con una circunstancia similar: se repiten, una y otra vez, los mismos sucesos históricos, de manera que parece que la historia no va a ningún sitio. Determinadas ideas y actitudes, -los nacionalismos, la patria, los egoísmos- regresan casi simétricamente. Y, al final, se expresan en el paisaje.. Las cámaras instaladas en este tren funcionan como una especie de “ojos” que registran el territorio. ¿Te interesa reflexionar sobre la relación entre mirada, tecnología y paisaje, como si el paisaje solo existiera cuando es observado o mediado por una imagen?. El concepto de tecnología no me ha interesado nunca. Me he servido de ella para miniaturizar los paisajes y contemplarlos como territorio. El territorio solo se percibe desde la distancia y cuando adquieres un punto de vista diferente al habitual. Es entonces cuando surge la mirada social. Y es aquí y solo aquí donde la tecnología me sirve. La tecnología es un medio, no un fin. Se trata de una herramienta para ganar mi batalla, para conocer mi territorio.. En la instalación aparecen también relojes transformados en brújulas y referencias a los puntos cardinales. ¿Está sugiriendo que la orientación —geográfica, política o incluso existencial— es siempre algo inestable?. Vengo utilizando esta metáfora del tiempo-espacio desde hace años. Considero que no controlamos ni el lugar ni el tiempo que nos ha tocado vivir: no somos dueños de nuestro destino. En la vida, eres un mero espectador. Este reloj-brújula viene a decir que lo que realmente eres es el “ahora mismo”. Todo lo demás es una entelequia que no podemos controlar.. Vivimos en una época en la que ni siquiera las imágenes que se distribuyen por las redes sociales y los medios de comunicación producen impacto alguno. Directamente el espectador no las ve. ¿Cómo se enfrenta a este panorama un artista que, además, sabe que el público al que se dirige es minoritario?. Esto me lo he planteado yo desde el surgimiento de internet. Cada día se suben a las redes más imágenes que las que la humanidad ha creado en toda su historia. Imágenes innecesarias hasta el infinito. Para mí es muy difícil pelear contra esto. Pero es mi obligación resistir. Es fundamental ser un artista original, buscar imágenes diferentes que permitan lograr visibilidad entre ese 99,9 % de imágenes pastiche que nos inundan y ciegan.
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