Marinaleda volvió a votar a la izquierda casi como un acto de identidad colectiva. El municipio sevillano, símbolo histórico del sindicalismo jornalero andaluz y durante décadas laboratorio comunista de Juan Manuel Sánchez Gordillo -«El mesías rojo», según la biografía de Carlos Mármol-, se defendió en las pasadas elecciones andaluzas del 17-M como el “cinturón rojo” de la provincia: cerca del 82% de los votos fueron para fuerzas de izquierda en una provincia, de nuevo, en color azul casi pleno por la victoria del PP-A.. La explicación tiene raíces históricas. Marinaleda, gobernada durante más de cuatro décadas por Sánchez Gordillo y vinculada a las luchas del Sindicato Andaluz de Trabajadores, conserva un comportamiento electoral singular incluso en un contexto andaluz dominado por el PP de Juanma Moreno. En el municipio sevillano, Por Andalucía fue la fuerza más votada con el 57,3% de los sufragios, mientras que el PSOE-A logró el 13,5% y Adelante Andalucía alcanzó el 10,7%. Sumadas, las candidaturas de izquierda superan ampliamente ocho de cada diez votos emitidos en la localidad. El PP obtuvo el 11,9% y Vox no llegó al 4,5%.. El dato adquiere todavía más relevancia por producirse tras años de desgaste demográfico, relevo generacional y pérdida de protagonismo político de Gordillo, retirado ya de la primera línea institucional. Aún así, el municipio continúa funcionando como uno de los últimos bastiones simbólicos de la izquierda andaluza. Curiosamenten, formaciones prácticamente testimoniales de extrema derecha lograron representación mínima: Falange Española de las JONS obtuvo un voto, un hecho presentado como el primer sufragio histórico de la formación en la localidad.. Marinaleda no es un caso aislado. Otros municipios de tradición jornalera y fuerte implantación de la izquierda alternativa mantuvieron también resultados muy alejados de la media andaluza. En Trebujena, Por Andalucía consiguió el 40% de los votos y Adelante Andalucía el 22,6%, de forma que las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE superaron por sí solas el 60% del apoyo electoral. El PSOE añadió otro 19,3%.. También en El Coronil persiste históricamente esa influencia política vinculada al sindicalismo rural y a la izquierda andalucista. En concreto, Por Andalucía alcanzó casi el 31% de los votos; el PSOE-A, algo más del 28%; y Adelante, el 11,64%. Por encima del 71% de los sufragios para la izquierda.. Mientras gran parte de Andalucía giró hacia el centroderecha o reforzó el eje PP-Vox, pueblos como Marinaleda funcionan como pequeñas aldeas galas, excepciones sociológicas y políticas. Islas electorales donde el viejo imaginario del jornalero, la cooperativa y la reforma agraria todavía conservan su peso en las urnas. El tiempo pasa, la llamada «lucha» permanece. “El derecho a la utopía es irrenunciable; si se renuncia a él, se renuncia a la esperanza» es una de las frases del discutido, amado y odiado Juan Manuel Sánchez Gordillo, «mesías rojo» de una revolución imposible que pelea contra el tiempo.
El voto a Por Andalucía, PSOE y Adelante en la «aldea gala» sevillana se fue al 82% en una provincia de nuevo predominantemente azul
Marinaleda volvió a votar a la izquierda casi como un acto de identidad colectiva. El municipio sevillano, símbolo histórico del sindicalismo jornalero andaluz y durante décadas laboratorio comunista de Juan Manuel Sánchez Gordillo -«El mesías rojo», según la biografía de Carlos Mármol-, se defendió en las pasadas elecciones andaluzas del 17-M como el “cinturón rojo” de la provincia: cerca del 82% de los votos fueron para fuerzas de izquierda en una provincia, de nuevo, en color azul casi pleno por la victoria del PP-A.. La explicación tiene raíces históricas. Marinaleda, gobernada durante más de cuatro décadas por Sánchez Gordillo y vinculada a las luchas del Sindicato Andaluz de Trabajadores, conserva un comportamiento electoral singular incluso en un contexto andaluz dominado por el PP de Juanma Moreno. En el municipio sevillano, Por Andalucía fue la fuerza más votada con el 57,3% de los sufragios, mientras que el PSOE-A logró el 13,5% y Adelante Andalucía alcanzó el 10,7%. Sumadas, las candidaturas de izquierda superan ampliamente ocho de cada diez votos emitidos en la localidad. El PP obtuvo el 11,9% y Vox no llegó al 4,5%.. El dato adquiere todavía más relevancia por producirse tras años de desgaste demográfico, relevo generacional y pérdida de protagonismo político de Gordillo, retirado ya de la primera línea institucional. Aún así, el municipio continúa funcionando como uno de los últimos bastiones simbólicos de la izquierda andaluza. Curiosamenten, formaciones prácticamente testimoniales de extrema derecha lograron representación mínima: Falange Española de las JONS obtuvo un voto, un hecho presentado como el primer sufragio histórico de la formación en la localidad.. Marinaleda no es un caso aislado. Otros municipios de tradición jornalera y fuerte implantación de la izquierda alternativa mantuvieron también resultados muy alejados de la media andaluza. En Trebujena, Por Andalucía consiguió el 40% de los votos y Adelante Andalucía el 22,6%, de forma que las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE superaron por sí solas el 60% del apoyo electoral. El PSOE añadió otro 19,3%.. También en El Coronil persiste históricamente esa influencia política vinculada al sindicalismo rural y a la izquierda andalucista. En concreto, Por Andalucía alcanzó casi el 31% de los votos; el PSOE-A, algo más del 28%; y Adelante, el 11,64%. Por encima del 71% de los sufragios para la izquierda.. Mientras gran parte de Andalucía giró hacia el centroderecha o reforzó el eje PP-Vox, pueblos como Marinaleda funcionan como pequeñas aldeas galas, excepciones sociológicas y políticas. Islas electorales donde el viejo imaginario del jornalero, la cooperativa y la reforma agraria todavía conservan su peso en las urnas. El tiempo pasa, la llamada «lucha» permanece. “El derecho a la utopía es irrenunciable; si se renuncia a él, se renuncia a la esperanza» es una de las frases del discutido, amado y odiado Juan Manuel Sánchez Gordillo, «mesías rojo» de una revolución imposible que pelea contra el tiempo.
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