El despegue era suave y dulce sobre la atmósfera de “Isotope”, pero pronto la cosa iba a cambiar: Orchestal Maneouvres in The Dark (OMD) preguntaban si estábamos preparados para la fiesta. Los británicos, leyendas del synth pop, padres putativos de centenares de bandas del siguiente milenio, llegaban a Las Noches del Botánico de Madrid con ganas de hacer valer su jerarquía, tan indiscutible como disimulada en el futuro pasado, en un estupendo estado de forma hasta que el estado físico de McCkuskey dijo basta. La segunda fue “Messages” y las manos estaban arriba dando palmas en “Tesla girls”, ese tema que hace mezclarse sillas eléctricas y dinamos sin imaginarse siquiera que el tecnofascismo tendría tres décadas después el nombre del genial y atribulado inventor croata como su marca comercial. “Heaven know this recipe”, proclama la letra de esa cancion (“el cielo sabe de esta receta”) como si en el fondo algo sospechasen los británicos acerca del futuro. Llegaba “History of Modern. Pt.1”, un porvenir distópico (premonitorios, de nuevo, en 2010) sobre nuestro reseteado masivo al filo de esta tercera década, cuando parece que todo ha sido borrado o que la memoria está en proceso de hacerse desaparecer. McCluskey dejó su sitio a Humphreys para la dulce “Forever Live And Die”. Retomaban sus puestos para la fantástica “If You Leave”, uno de esos temas en los que la audiencia corea tanto (realmente más) el ritmo del sintetizador como las letras. Todo iba de maravilla cuando llegaba “Souvenir”, himno absoluto de una época, un tema que produce un choque de nostalgia como solo ocurre cuando sostienes en la mano un feísimo recuerdo del veraneo más importante de tu vida. De esos que te transforman para siempre pero te recuerdan que no tenías ni idea de hacia adónde ibas. A sus 67 años, Andy McCluskey demostró anoche un tremendo carisma y una vocal estupenda -hasta que dejó de serlo subrepticiamente-: tras “Jean of Arc” llegaba “Maid Of Orleans” en combo francófilo. Las emociones, el punto fuerte de OMD, se desbordaban con cada redoble. Los sintes ascendían catedralicios, el crepúsculo estaba a punto de ser noche y las luces estroboscópicas cernían la ceremonia. Pero llegó un resbalón en la letra y la flaqueza resultó un aguijonazo. “No me encuentro bien, y vamos a hacer algunas más, pero mi voz no alcanza”, se disculpaba. Y así fue como avanzaron el final, con la velocidad de e”Electricity”, mientras el bajista y cantante pedía disculpas por el final anticipado. El público devolvía ovaciones, pero llegaba la última… apenas una hora y cinco minutos del comienzo del concierto. Era “Enola Gay”, claro. Y los coros parecían los de Anfield o de Old Trafford. Algún día alguien escribirá un ensayo sobre el talento salvaje de las bandas británicas -elijan la que quieran, de cualquier época- para convertir en himnos de estadio melodías que pueden tocarse con una ma
OMD cautivan al festival madrileño con clase y nostalgia en una actuación abruptamente interrumpida por problemas de salud de Andy McCluskey
El despegue era suave y dulce sobre la atmósfera de “Isotope”, pero pronto la cosa iba a cambiar: Orchestal Maneouvres in The Dark (OMD) preguntaban si estábamos preparados para la fiesta. Los británicos, leyendas del synth pop, padres putativos de centenares de bandas del siguiente milenio, llegaban a Las Noches del Botánico de Madrid con ganas de hacer valer su jerarquía, tan indiscutible como disimulada en el futuro pasado, en un estupendo estado de forma hasta que el estado físico de McCkuskey dijo basta.La segunda fue “Messages” y las manos estaban arriba dando palmas en “Tesla girls”, ese tema que hace mezclarse sillas eléctricas y dinamos sin imaginarse siquiera que el tecnofascismo tendría tres décadas después el nombre del genial y atribulado inventor croata como su marca comercial. “Heaven know this recipe”, proclama la letra de esa cancion (“el cielo sabe de esta receta”) como si en el fondo algo sospechasen los británicos acerca del futuro. Llegaba “History of Modern. Pt.1”, un porvenir distópico (premonitorios, de nuevo, en 2010) sobre nuestro reseteado masivo al filo de esta tercera década, cuando parece que todo ha sido borrado o que la memoria está en proceso de hacerse desaparecer.McCluskey dejó su sitio a Humphreys para la dulce “Forever Live And Die”. Retomaban sus puestos para la fantástica “If You Leave”, uno de esos temas en los que la audiencia corea tanto (realmente más) el ritmo del sintetizador como las letras. Todo iba de maravilla cuando llegaba “Souvenir”, himno absoluto de una época, un tema que produce un choque de nostalgia como solo ocurre cuando sostienes en la mano un feísimo recuerdo del veraneo más importante de tu vida. De esos que te transforman para siempre pero te recuerdan que no tenías ni idea de hacia adónde ibas.A sus 67 años, Andy McCluskey demostró anoche un tremendo carisma y una vocal estupenda -hasta que dejó de serlo subrepticiamente-: tras “Jean of Arc” llegaba “Maid Of Orleans” en combo francófilo. Las emociones, el punto fuerte de OMD, se desbordaban con cada redoble. Los sintes ascendían catedralicios, el crepúsculo estaba a punto de ser noche y las luces estroboscópicas cernían la ceremonia. Pero llegó un resbalón en la letra y la flaqueza resultó un aguijonazo. “No me encuentro bien, y vamos a hacer algunas más, pero mi voz no alcanza”, se disculpaba. Y así fue como avanzaron el final, con la velocidad de e”Electricity”, mientras el bajista y cantante pedía disculpas por el final anticipado. El público devolvía ovaciones, pero llegaba la última… apenas una hora y cinco minutos del comienzo del concierto. Era “Enola Gay”, claro. Y los coros parecían los de Anfield o de Old Trafford. Algún día alguien escribirá un ensayo sobre el talento salvaje de las bandas británicas -elijan la que quieran, de cualquier época- para convertir en himnos de estadio melodías que pueden tocarse con una mano e
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