«Soy el presidente de Venezuela. Fui capturado en mi casa en Caracas», fueron las primeras palabras del hasta hace pocos días el hombre más importante del chavismo ante un juez federal en Nueva York. La frase, dicha en español y a través de un auricular de traducción simultánea, marcó el tono de una jornada judicial cargada de tensión política y expectativa histórica.. La mañana había amanecido nublada en el bajo Manhattan. Desde temprano, un despliegue policial inusual blindó los alrededores del tribunal federal Daniel Patrick Moynihan. Vallas metálicas, agentes armados y vehículos de seguridad cerraron varias calles mientras cámaras y reporteros se apostaban a la espera del convoy. Nicolás Maduro llegó en un camión blindado, procedente del centro de detención metropolitano de Brooklyn, donde había pasado sus primeras noches bajo custodia federal tras su captura en Caracas el sábado 3 de enero en un operativo militar estadounidense. Minutos antes, había sido trasladado esposado y subido a un helicóptero, una imagen que ya circulaba como símbolo del abrupto final de su poder.. Afuera del edificio, una multitud de venezolanos se congregó desde primera hora. Ondeaban banderas tricolores de todos los tamaños y algunos carteles agradecían explícitamente al presidente Donald Trump. El ambiente era emocional, casi catártico. «Esto es un sueño para mí», decían entre lágrimas algunos entrevistados por canales de televisión estadounidenses. «No sé cómo agradecerle a Trump», repetían, mientras a su alrededor otros coreaban consignas y recordaban lo perdido en su país.. Pasado el mediodía, Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron conducidos a la sala de audiencias. Vestían ropa de prisión: él llevaba una camisa naranja bajo otra azul, pantalones beige y sandalias naranjas; ella, sentada dos asientos más allá, vestía un uniforme similar. Flores, según informó su abogado, presentaba fuertes hematomas en una costilla y requeriría atención médica mientras permaneciera detenida, aunque no se aclaró cómo se había producido la lesión.. El juez Alvin K. Hellerstein, de 92 años, presidió la audiencia. Veterano del Distrito Sur de Nueva York, conocido por haber llevado casos de alto perfil —desde litigios relacionados con el 11 de septiembre hasta procesos contra figuras del entretenimiento—, Hellerstein condujo el trámite con tono sobrio y firme. Al inicio, pidió a Maduro que se identificara. Fue entonces cuando el líder chavista pronunció la frase que resonó más allá de la sala.. «No culpable». El juez le informó de sus derechos: a contar con un abogado incluso si no podía pagarlo, a solicitar libertad bajo fianza si no existía razón legal para negarla y a comunicarse con funcionarios consulares. Maduro respondió que desconocía esos derechos hasta ese momento y solicitó, junto con Flores, una visita consular, tal como permite la ley estadounidense a los ciudadanos extranjeros detenidos.. Cuando llegó el momento de declararse, Cilia Flores fue la primera en hacerlo. «No culpable, completamente inocente», dijo en español. Minutos después, tras escuchar el resumen de los cargos, Maduro hizo lo propio. «No soy culpable», afirmó. «Soy un hombre decente. Sigo siendo el presidente de mi país». El juez ordenó que se registrara formalmente la declaración de no culpabilidad en el acta.. El abogado defensor, Barry J. Pollack, un experimentado litigante con más de tres décadas de carrera y conocido recientemente por haber negociado el acuerdo que permitió la liberación de Julian Assange, adelantó la estrategia legal. Solicitó que su cliente fuera liberado sin perjuicio de una futura solicitud de fianza y sostuvo que existían «serias dudas sobre la legalidad de su secuestro militar». Recalcó que Maduro, en su opinión, era jefe de un Estado soberano y gozaba de privilegios asociados a ese estatus, y anticipó una avalancha de escritos previos al juicio para impugnar la jurisdicción y el procedimiento.. Desde la fiscalía, sin embargo, se dejó claro que el gobierno consideraba a Maduro y a Flores formalmente bajo custodia desde las 11:30 de la mañana del sábado, y que el avión que los trasladó aterrizó en Nueva York a las 4:31 de la tarde de ese mismo día. El juez escuchó y respondió con una frase que sintetizó la postura del tribunal: la declaración de no culpabilidad quedaba registrada y el proceso seguía adelante.. Doctrina histórica. Los cargos eran graves. La acusación incluía conspiración para el narcoterrorismo, importación y posesión de armas y dispositivos destructivos, y asociación ilícita. De ser hallado culpable, Maduro podría enfrentar décadas de prisión, incluso cadena perpetua, en un juicio que se anticipaba largo y complejo. Su hijo y otros altos colaboradores figuraban también en la acusación, aunque solo Maduro y Flores comparecieron ese día.. Según analistas legales, este caso más allá del dramatismo político se apoya en una doctrina histórica del derecho estadounidense, según la cual la forma en que un acusado es llevado ante un tribunal no invalida la jurisdicción penal. Lo relevante es la presencia física del acusado ante la corte y la solidez de los cargos y las pruebas, no la legalidad internacional de la captura. Ese principio, reiterado durante más de un siglo, ha permitido juzgar en Estados Unidos a líderes de organizaciones criminales transnacionales capturados fuera de su territorio.. La audiencia fue breve y casi protocolaria. Al finalizar, Maduro recogió sus papeles, miró unos segundos a la galería y, antes de ser escoltado fuera junto a su esposa, levantó la mano en un gesto breve, casi desafiante.. La reacción fue inmediata. Un hombre se puso de pie entre el público y le gritó: «Pagarás en nombre de Venezuela». Maduro se detuvo un instante y respondió con voz firme: «En el nombre de Dios, seré libre». Luego abandonó la sala, mientras el tribunal volvía al silencio. El juez fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo a las 11 de la mañana. Hasta entonces, Maduro y Cilia Flores permanecerán detenidos en el centro de detención metropolitano.
«Soy el presidente de Venezuela. Fui capturado en mi casa en Caracas», fueron las primeras palabras del hasta hace pocos días el hombre más importante del chavismo ante un juez federal en Nueva York. La frase, dicha en español y a través de un auricular de traducción simultánea, marcó el tono de una jornada judicial cargada de tensión política y expectativa histórica.. La mañana había amanecido nublada en el bajo Manhattan. Desde temprano, un despliegue policial inusual blindó los alrededores del tribunal federal Daniel Patrick Moynihan. Vallas metálicas, agentes armados y vehículos de seguridad cerraron varias calles mientras cámaras y reporteros se apostaban a la espera del convoy. Nicolás Maduro llegó en un camión blindado, procedente del centro de detención metropolitano de Brooklyn, donde había pasado sus primeras noches bajo custodia federal tras su captura en Caracas el sábado 3 de enero en un operativo militar estadounidense. Minutos antes, había sido trasladado esposado y subido a un helicóptero, una imagen que ya circulaba como símbolo del abrupto final de su poder.. Afuera del edificio, una multitud de venezolanos se congregó desde primera hora. Ondeaban banderas tricolores de todos los tamaños y algunos carteles agradecían explícitamente al presidente Donald Trump. El ambiente era emocional, casi catártico. «Esto es un sueño para mí», decían entre lágrimas algunos entrevistados por canales de televisión estadounidenses. «No sé cómo agradecerle a Trump», repetían, mientras a su alrededor otros coreaban consignas y recordaban lo perdido en su país.. Pasado el mediodía, Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron conducidos a la sala de audiencias. Vestían ropa de prisión: él llevaba una camisa naranja bajo otra azul, pantalones beige y sandalias naranjas; ella, sentada dos asientos más allá, vestía un uniforme similar. Flores, según informó su abogado, presentaba fuertes hematomas en una costilla y requeriría atención médica mientras permaneciera detenida, aunque no se aclaró cómo se había producido la lesión.. El juez Alvin K. Hellerstein, de 92 años, presidió la audiencia. Veterano del Distrito Sur de Nueva York, conocido por haber llevado casos de alto perfil —desde litigios relacionados con el 11 de septiembre hasta procesos contra figuras del entretenimiento—, Hellerstein condujo el trámite con tono sobrio y firme. Al inicio, pidió a Maduro que se identificara. Fue entonces cuando el líder chavista pronunció la frase que resonó más allá de la sala.. «No culpable». El juez le informó de sus derechos: a contar con un abogado incluso si no podía pagarlo, a solicitar libertad bajo fianza si no existía razón legal para negarla y a comunicarse con funcionarios consulares. Maduro respondió que desconocía esos derechos hasta ese momento y solicitó, junto con Flores, una visita consular, tal como permite la ley estadounidense a los ciudadanos extranjeros detenidos.. Cuando llegó el momento de declararse, Cilia Flores fue la primera en hacerlo. «No culpable, completamente inocente», dijo en español. Minutos después, tras escuchar el resumen de los cargos, Maduro hizo lo propio. «No soy culpable», afirmó. «Soy un hombre decente. Sigo siendo el presidente de mi país». El juez ordenó que se registrara formalmente la declaración de no culpabilidad en el acta.. El abogado defensor, Barry J. Pollack, un experimentado litigante con más de tres décadas de carrera y conocido recientemente por haber negociado el acuerdo que permitió la liberación de Julian Assange, adelantó la estrategia legal. Solicitó que su cliente fuera liberado sin perjuicio de una futura solicitud de fianza y sostuvo que existían «serias dudas sobre la legalidad de su secuestro militar». Recalcó que Maduro, en su opinión, era jefe de un Estado soberano y gozaba de privilegios asociados a ese estatus, y anticipó una avalancha de escritos previos al juicio para impugnar la jurisdicción y el procedimiento.. Desde la fiscalía, sin embargo, se dejó claro que el gobierno consideraba a Maduro y a Flores formalmente bajo custodia desde las 11:30 de la mañana del sábado, y que el avión que los trasladó aterrizó en Nueva York a las 4:31 de la tarde de ese mismo día. El juez escuchó y respondió con una frase que sintetizó la postura del tribunal: la declaración de no culpabilidad quedaba registrada y el proceso seguía adelante.. Doctrina histórica. Los cargos eran graves. La acusación incluía conspiración para el narcoterrorismo, importación y posesión de armas y dispositivos destructivos, y asociación ilícita. De ser hallado culpable, Maduro podría enfrentar décadas de prisión, incluso cadena perpetua, en un juicio que se anticipaba largo y complejo. Su hijo y otros altos colaboradores figuraban también en la acusación, aunque solo Maduro y Flores comparecieron ese día.. Según analistas legales, este caso más allá del dramatismo político se apoya en una doctrina histórica del derecho estadounidense, según la cual la forma en que un acusado es llevado ante un tribunal no invalida la jurisdicción penal. Lo relevante es la presencia física del acusado ante la corte y la solidez de los cargos y las pruebas, no la legalidad internacional de la captura. Ese principio, reiterado durante más de un siglo, ha permitido juzgar en Estados Unidos a líderes de organizaciones criminales transnacionales capturados fuera de su territorio.. La audiencia fue breve y casi protocolaria. Al finalizar, Maduro recogió sus papeles, miró unos segundos a la galería y, antes de ser escoltado fuera junto a su esposa, levantó la mano en un gesto breve, casi desafiante.. La reacción fue inmediata. Un hombre se puso de pie entre el público y le gritó: «Pagarás en nombre de Venezuela». Maduro se detuvo un instante y respondió con voz firme: «En el nombre de Dios, seré libre». Luego abandonó la sala, mientras el tribunal volvía al silencio. El juez fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo a las 11 de la mañana. Hasta entonces, Maduro y Cilia Flores permanecerán detenidos en el centro de detención metropolitano.
La próxima audiencia tendrá lugar el 17 de marzo a las 11 de la mañana. Hasta entonces, Maduro y Cilia Flores permanecerán detenidos en el centro de Brooklyn
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
