En 1888, en la ciudad en la que se reinventó el arte moderno, es decir, en París, un grupo de artistas, todos ellos seguidores del maestro Paul Sérusier, creó un movimiento que supondría un punto y aparte en el mundo de la pintura. Se llamaban los Nabís, una palabra que viene del hebreo neviim y que quiere decir «profetas». Son ellos ahora los protagonistas de una imponente exposición, la primera sobre ellos en nuestro país, que abre sus puertas en la Fundació Catalunya La Pedrera.. La muestra contiene piezas procedentes de diferentes colecciones, aunque buena parte de ellas son del parisino Musée d’Orsay. El conjunto de autores presentes es una magnífica fotografía de la creatividad plástica en la recta final del siglo XIX, especialmente alrededor de la Académie Julian. De ella surgen Paul-Élie Ranson, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Maurice Denis, a los que se sumaron Henri-Gabriel Ibels, Georges Lacombe, Aristide Maillol –en su calidad de pintor antes de ser uno de los grandes escultores de todos los tiempos–, Jószsef Rippl-Rónai, Ker-XavierRoussel, Félix Vallotton y Jan Verkade.. Los Nabís trabajaban con la idea de que el arte, especialmente el de corte pictórico, debía volver a su carácter decorativo. Para ello tocaron todos los palos posibles: además del lienzo, nuestros protagonistas también se adentraron en el dibujo, en el grabado, hasta en el diseño de papeles pintados, tapicerías, biombos o la decoración de interiores. Todo en el nombre del arte y con la belleza como hilo conductor de sus intereses artísticos y explicado a partir de 200 trabajos.. Un poco de historia. En los Nabís convivieron dos corrientes. La primera era la que se sentía especialmente atraída por el esoterismo, la poesía y la espiritualidad, girando alrededor del sol de Paul Sérusier. Ellos apostaron por el escepticismo hacia lo científico. El simbolismo fue lo que más atrajo a este sector de los Nabís.. Los otros llevaban su talento artístico hacia el hecho cotidiano, en todos esos temas que surgen de la vida contemporánea. De todo ello se querían extraer los valores más profundos.. Sin embargo, pese a estas diferencias, el grupo siempre permaneció unido en torno a una misma manera de entender el arte, a unas mismas ideas estéticas que eran deudoras de Paul Gauguin, cuya huella se hace muy evidente en muchas de las obras presentes en la Pedrera. Y es que Gauguin promulgaba la sugerencia en vez de la plasmación más fidedigna de la realidad. Otra gran influencia fue la del arte japonés, especialmente las estampas y su preeminencia a los colores intensos, las formas depuradas y una mirada bidimensional del espacio.. Ellos fueron los profetas del arte moderno, fueron los que abrieron la puerta a unas vanguardias creativas que estaban llamando a las puertas de la capital francesa. Este grupo es el que dejó todo preparado para que Picasso, Braque, Gris y unos cuantos más hicieran el asalto definitivo al palacio. Todo esto se intuye al contemplar los cuadros presentes en la sala de exposiciones del edificio gaudiniano del Paseo de Gràcia.. Los Nabís fueron una revolución para todo, incluso para la vida parisina, dando también el salto al teatro o a la música, sin olvidar el espacio público, tanto la calle como los jardines. Hubo en todos ellos unas grandes ansias de libertad muy propia de la cultura mediterránea que tanto reivindicaron.. Estamos ante una ocasión única para conocer un episodio no muy divulgado por estos parajes del mundo del arte. Entre los grandes nombres a finales del XIX y del XX merecen estar este grupo que quiso reinventar el arte y triunfaron sobradamente.
La Pedrera dedica una gran exposición a estos «profetas» con obras de Bonnard, Vuillard o Maillol, entre otros
En 1888, en la ciudad en la que se reinventó el arte moderno, es decir, en París, un grupo de artistas, todos ellos seguidores del maestro Paul Sérusier, creó un movimiento que supondría un punto y aparte en el mundo de la pintura. Se llamaban los Nabís, una palabra que viene del hebreo neviim y que quiere decir «profetas». Son ellos ahora los protagonistas de una imponente exposición, la primera sobre ellos en nuestro país, que abre sus puertas en la Fundació Catalunya La Pedrera.. La muestra contiene piezas procedentes de diferentes colecciones, aunque buena parte de ellas son del parisino Musée d’Orsay. El conjunto de autores presentes es una magnífica fotografía de la creatividad plástica en la recta final del siglo XIX, especialmente alrededor de la Académie Julian. De ella surgen Paul-Élie Ranson, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard y Maurice Denis, a los que se sumaron Henri-Gabriel Ibels, Georges Lacombe, Aristide Maillol –en su calidad de pintor antes de ser uno de los grandes escultores de todos los tiempos–, Jószsef Rippl-Rónai, Ker-XavierRoussel, Félix Vallotton y Jan Verkade.. Los Nabís trabajaban con la idea de que el arte, especialmente el de corte pictórico, debía volver a su carácter decorativo. Para ello tocaron todos los palos posibles: además del lienzo, nuestros protagonistas también se adentraron en el dibujo, en el grabado, hasta en el diseño de papeles pintados, tapicerías, biombos o la decoración de interiores. Todo en el nombre del arte y con la belleza como hilo conductor de sus intereses artísticos y explicado a partir de 200 trabajos.. Un poco de historia. En los Nabís convivieron dos corrientes. La primera era la que se sentía especialmente atraída por el esoterismo, la poesía y la espiritualidad, girando alrededor del sol de Paul Sérusier. Ellos apostaron por el escepticismo hacia lo científico. El simbolismo fue lo que más atrajo a este sector de los Nabís.. Los otros llevaban su talento artístico hacia el hecho cotidiano, en todos esos temas que surgen de la vida contemporánea. De todo ello se querían extraer los valores más profundos.. Sin embargo, pese a estas diferencias, el grupo siempre permaneció unido en torno a una misma manera de entender el arte, a unas mismas ideas estéticas que eran deudoras de Paul Gauguin, cuya huella se hace muy evidente en muchas de las obras presentes en la Pedrera. Y es que Gauguin promulgaba la sugerencia en vez de la plasmación más fidedigna de la realidad. Otra gran influencia fue la del arte japonés, especialmente las estampas y su preeminencia a los colores intensos, las formas depuradas y una mirada bidimensional del espacio.. Ellos fueron los profetas del arte moderno, fueron los que abrieron la puerta a unas vanguardias creativas que estaban llamando a las puertas de la capital francesa. Este grupo es el que dejó todo preparado para que Picasso, Braque, Gris y unos cuantos más hicieran el asalto definitivo al palacio. Todo esto se intuye al contemplar los cuadros presentes en la sala de exposiciones del edificio gaudiniano del Paseo de Gràcia.. Los Nabís fueron una revolución para todo, incluso para la vida parisina, dando también el salto al teatro o a la música, sin olvidar el espacio público, tanto la calle como los jardines. Hubo en todos ellos unas grandes ansias de libertad muy propia de la cultura mediterránea que tanto reivindicaron.. Estamos ante una ocasión única para conocer un episodio no muy divulgado por estos parajes del mundo del arte. Entre los grandes nombres a finales del XIX y del XX merecen estar este grupo que quiso reinventar el arte y triunfaron sobradamente.
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