Y no lo es solo por la fiesta de Sant Jordi y el Día del Libro y de la Rosa, únicos en el mundo, con decenas de miles de lectores abarrotando las calles, centenares de autores atendiéndoles para cumplir con el rito de la dedicatoria y más de dos millones de libros vendidos.. También porque la ciudad de Barcelona dispone de 41 bibliotecas públicas municipales, distribuidas por todos los barrios, que cuentan con más de un millón de socios y que reciben anualmente a unos cinco millones y medio de visitantes en sus salas de lectura.. Y porque Barcelona ha sido históricamente la capital editorial del mundo de habla hispánica. Más de cinco siglos lleva imprimiendo libros (el primero, según se cree, una Ética de Aristóteles en 1473), y de esta preeminencia da cuenta ya Cervantes cuando, a principios del siglo XVII, lleva a don Quijote hasta Barcelona, donde visita una imprenta: «Sucedió, pues, que yendo por una calle, alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: “Aquí se imprimen libros”, de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto imprenta alguna y deseaba saber cómo fuese». La visita da pie a que el caballero manchego, emocionado (¡y mortificado luego y despechado al descubrir que se está imprimiendo allí el Quijote apócrifo!), converse con el impresor y con un autor italiano sobre diversas cuestiones relacionadas con los libros. La estancia de don Quijote en Barcelona, la única ciudad real que visitó el ingenioso hidalgo, sirvió desde entonces para proyectar internacionalmente la imagen literaria de la ciudad, de la que Cervantes se deshizo en elogios cuando ya su héroe la había abandonado: «Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de finas amistades, y en sitio y en belleza, única». Y Barcelona le correspondió con la impresión, por primera vez y de forma conjunta en un solo tomo, de las dos partes del Quijote en 1617. Por todo ello, no es de extrañar que, ya desde el siglo XIX, las grandes editoriales hayan tenido aquí su sede: Montaner y Simón, Salvat, Espasa, que fueron pioneras en la edición de diccionarios y enciclopedias; las dos grandes multinacionales de hoy, Planeta y Penguin Random House; más otras muchas, cerca de trescientas, en castellano, en catalán o en ambas lenguas (Anagrama, RBA, Acantilado/Quaderns Crema…).. Y asimismo por haber sido Barcelona el escenario escogido por numerosos autores para ambientar sus obras. Baste al respecto con recordar solo algunos de los más renombrados y reeditados: Josep Maria de Sagarra («Vida privada»), George Orwell («Homenaje a Cataluña»), Mercè Rodoreda («La plaça del Diamant»), Carmen Laforet («Nada»), Juan Marsé («Últimas tardes con Teresa»), Eduardo Mendoza («La ciudad de los prodigios»), Carlos Ruiz Zafón («La sombra del viento»)…
Y asimismo por haber sido Barcelona el escenario escogido por numerosos autores para ambientar sus obras
Y no lo es solo por la fiesta de Sant Jordi y el Día del Libro y de la Rosa, únicos en el mundo, con decenas de miles de lectores abarrotando las calles, centenares de autores atendiéndoles para cumplir con el rito de la dedicatoria y más de dos millones de libros vendidos.. También porque la ciudad de Barcelona dispone de 41 bibliotecas públicas municipales, distribuidas por todos los barrios, que cuentan con más de un millón de socios y que reciben anualmente a unos cinco millones y medio de visitantes en sus salas de lectura.. Y porque Barcelona ha sido históricamente la capital editorial del mundo de habla hispánica. Más de cinco siglos lleva imprimiendo libros (el primero, según se cree, una Ética de Aristóteles en 1473), y de esta preeminencia da cuenta ya Cervantes cuando, a principios del siglo XVII, lleva a don Quijote hasta Barcelona, donde visita una imprenta: «Sucedió, pues, que yendo por una calle, alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: “Aquí se imprimen libros”, de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto imprenta alguna y deseaba saber cómo fuese». La visita da pie a que el caballero manchego, emocionado (¡y mortificado luego y despechado al descubrir que se está imprimiendo allí el Quijote apócrifo!), converse con el impresor y con un autor italiano sobre diversas cuestiones relacionadas con los libros. La estancia de don Quijote en Barcelona, la única ciudad real que visitó el ingenioso hidalgo, sirvió desde entonces para proyectar internacionalmente la imagen literaria de la ciudad, de la que Cervantes se deshizo en elogios cuando ya su héroe la había abandonado: «Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de finas amistades, y en sitio y en belleza, única». Y Barcelona le correspondió con la impresión, por primera vez y de forma conjunta en un solo tomo, de las dos partes del Quijote en 1617. Por todo ello, no es de extrañar que, ya desde el siglo XIX, las grandes editoriales hayan tenido aquí su sede: Montaner y Simón, Salvat, Espasa, que fueron pioneras en la edición de diccionarios y enciclopedias; las dos grandes multinacionales de hoy, Planeta y Penguin Random House; más otras muchas, cerca de trescientas, en castellano, en catalán o en ambas lenguas (Anagrama, RBA, Acantilado/Quaderns Crema…).. Y asimismo por haber sido Barcelona el escenario escogido por numerosos autores para ambientar sus obras. Baste al respecto con recordar solo algunos de los más renombrados y reeditados: Josep Maria de Sagarra («Vida privada»), George Orwell («Homenaje a Cataluña»), Mercè Rodoreda («La plaça del Diamant»), Carmen Laforet («Nada»), Juan Marsé («Últimas tardes con Teresa»), Eduardo Mendoza («La ciudad de los prodigios»), Carlos Ruiz Zafón («La sombra del viento»)…
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