Cuando pensamos en grandes nombres de la historia del arte más reciente, como pueden ser Picasso, Miró y Dalí, nuestra gran triada, nos parecen autores inalcanzables por los elevados precios de sus trabajos. Sin embargo, con las ediciones de obras ilustradas se intentaba, no con cierta ingenuidad, que el arte fuera más accesible, aunque el resultado final son obras de arte propias de un gran museo. Eso es lo que recoge en estos días en una imprescindible exposición la Galeria Joan Gaspar de Barcelona, una buena oportunidad para contemplar lo mejor del libro ilustrado de la mano de gigantes de la talla de Picasso, Miró, Dalí, Saura, Clavé o Tàpies.. Empecemos por el principio y en estas historias ese siempre es Picasso porque después de él viene todo, él es el maestro que abre las puertas y redefine todo, incluso la ilustración de libros, el simple hecho de que un artista se ponga al servicio de la palabra de un escritor. En la exposición tenemos varios ejemplos de esa labor del genio malagueño. Uno de ellos, y un magnífico resumen del imaginario picassiano, es «Le Cocu Magnifique» y donde el pintor se inspira muy libremente en el «Otelo» shakesperiano para construir una tragicomedia alrededor de los celos. Para llevarla a cabo, para poderla traducir en papel, Picasso contó con el concurso de uno de sus grandes aliados cuando se trataba de hacer grabados, como era Fernand Crommelynck a quien llega a retratar en una de las estampas como espectador de las andanzas del cornudo que da título al libro.. Otro libro excepcional en la Galeria Joan Gaspar con la firma del autor del «Guernica» es «Les déjeuners» donde reinterpreta hasta la obsesión de hacerlo suyo el celebérrimo lienzo de Manet. En esta ocasión, Picasso estaba acompañado en ese libro del historiador del arte, coleccionista y mecenas Douglas Cooper, quien fue pareja de John Richardson, el mejor biógrafo del pintor.. La última joya picassiana en la Joan Gaspar es «Trozo de piel» que une al artista con Camilo José Cela. El autor de «La familia de Pascual Duarte» fue el editor, a través de su sello Papeles de Son Armadans de este texto original del mismo Picasso y que incluso contiene una ilustración floral de Jacqueline Roque, su última esposa.. Si seguimos con este listado de tesoros brilla con especial luz la versión que Joan Miró hizo del «Ubú Rey» de Alfred Jarry. Su presencia no es gratuita: en estos días se le dedica a Jarry y sus circunstancias una gran exposición en el museo que lleva el nombre de Picasso en Barcelona. Poder contemplarlo en esta galería complementa el discurso de la citada retrospectiva y nos ayuda a entender la obsesión mironiana con ese Ubú tan peculiar. La abrumadora explosión de colores que se ofrece al visitante no deja indiferente a nadie.. A lo largo de su vida, el siempre reivindicable Antonio Saura se encargó de traducir en su personalísimo estilo la obra de autores como Cervantes, Gracián, Collodi –sí, el mismísimo «Pinocho»– o Cela. En la exposición hay una muestra de esa fuerza creativa, de esas imágenes hipnóticas que remiten a una España negra, en este caso a partir del verso de Francisco de Quevedo. En este conjunto de 42 litografías, de 1971, está todo Saura o, mejor dicho, el mejor Saura, con su trazo en blanco y negro, cronista de la mitología de Quevedo.. Igualmente de ese periodo es una obra a medio camino entre el libro ilustrado y la escultura de papel, como siempre en este creador, una forma para romper los márgenes y reiventarlo todo. En 1973, Salvador Dalí seguía con su lucha de buscar la tercera dimensión a través de todo tipo de juegos. Con «Anamorphose des anamorphoses et tout est hologrammorphose», el libro ilustrado presente en la galería, quiso dar una vuelta de tuerca a esta fórmula con una suerte de composición en la que el mismo espectador debe poner de su parte porque Dalí no quería lectores/espectadores pasivos sino militantemente activos. En este sentido, la Joan Gaspar ha tenido el buen acierto de exponer este libro de manera que el visitante debe poner de su parte para formar parte de la misma obra.. La propia galería a lo largo de su historia ha sido también responsable de algunas ediciones de artista de gran valor, como ocurre con «El pa a la barca» donde se unían Antoni Tàpies y Joan Brossa para crear un conjunto único, la perfecta comunión entre la visión de un poeta y la de un pintor, ambos compañeros de generación y con mutuas afinidades electivas.
Una exposición muestra obras de Picasso, Miró, Dalí, Saura y Tàpies
Cuando pensamos en grandes nombres de la historia del arte más reciente, como pueden ser Picasso, Miró y Dalí, nuestra gran triada, nos parecen autores inalcanzables por los elevados precios de sus trabajos. Sin embargo, con las ediciones de obras ilustradas se intentaba, no con cierta ingenuidad, que el arte fuera más accesible, aunque el resultado final son obras de arte propias de un gran museo. Eso es lo que recoge en estos días en una imprescindible exposición la Galeria Joan Gaspar de Barcelona, una buena oportunidad para contemplar lo mejor del libro ilustrado de la mano de gigantes de la talla de Picasso, Miró, Dalí, Saura, Clavé o Tàpies.. Empecemos por el principio y en estas historias ese siempre es Picasso porque después de él viene todo, él es el maestro que abre las puertas y redefine todo, incluso la ilustración de libros, el simple hecho de que un artista se ponga al servicio de la palabra de un escritor. En la exposición tenemos varios ejemplos de esa labor del genio malagueño. Uno de ellos, y un magnífico resumen del imaginario picassiano, es «Le Cocu Magnifique» y donde el pintor se inspira muy libremente en el «Otelo» shakesperiano para construir una tragicomedia alrededor de los celos. Para llevarla a cabo, para poderla traducir en papel, Picasso contó con el concurso de uno de sus grandes aliados cuando se trataba de hacer grabados, como era Fernand Crommelynck a quien llega a retratar en una de las estampas como espectador de las andanzas del cornudo que da título al libro.. Otro libro excepcional en la Galeria Joan Gaspar con la firma del autor del «Guernica» es «Les déjeuners» donde reinterpreta hasta la obsesión de hacerlo suyo el celebérrimo lienzo de Manet. En esta ocasión, Picasso estaba acompañado en ese libro del historiador del arte, coleccionista y mecenas Douglas Cooper, quien fue pareja de John Richardson, el mejor biógrafo del pintor.. La última joya picassiana en la Joan Gaspar es «Trozo de piel» que une al artista con Camilo José Cela. El autor de «La familia de Pascual Duarte» fue el editor, a través de su sello Papeles de Son Armadans de este texto original del mismo Picasso y que incluso contiene una ilustración floral de Jacqueline Roque, su última esposa.. Si seguimos con este listado de tesoros brilla con especial luz la versión que Joan Miró hizo del «Ubú Rey» de Alfred Jarry. Su presencia no es gratuita: en estos días se le dedica a Jarry y sus circunstancias una gran exposición en el museo que lleva el nombre de Picasso en Barcelona. Poder contemplarlo en esta galería complementa el discurso de la citada retrospectiva y nos ayuda a entender la obsesión mironiana con ese Ubú tan peculiar. La abrumadora explosión de colores que se ofrece al visitante no deja indiferente a nadie.. A lo largo de su vida, el siempre reivindicable Antonio Saura se encargó de traducir en su personalísimo estilo la obra de autores como Cervantes, Gracián, Collodi –sí, el mismísimo «Pinocho»– o Cela. En la exposición hay una muestra de esa fuerza creativa, de esas imágenes hipnóticas que remiten a una España negra, en este caso a partir del verso de Francisco de Quevedo. En este conjunto de 42 litografías, de 1971, está todo Saura o, mejor dicho, el mejor Saura, con su trazo en blanco y negro, cronista de la mitología de Quevedo.. Igualmente de ese periodo es una obra a medio camino entre el libro ilustrado y la escultura de papel, como siempre en este creador, una forma para romper los márgenes y reiventarlo todo. En 1973, Salvador Dalí seguía con su lucha de buscar la tercera dimensión a través de todo tipo de juegos. Con «Anamorphose des anamorphoses et tout est hologrammorphose», el libro ilustrado presente en la galería, quiso dar una vuelta de tuerca a esta fórmula con una suerte de composición en la que el mismo espectador debe poner de su parte porque Dalí no quería lectores/espectadores pasivos sino militantemente activos. En este sentido, la Joan Gaspar ha tenido el buen acierto de exponer este libro de manera que el visitante debe poner de su parte para formar parte de la misma obra.. La propia galería a lo largo de su historia ha sido también responsable de algunas ediciones de artista de gran valor, como ocurre con «El pa a la barca» donde se unían Antoni Tàpies y Joan Brossa para crear un conjunto único, la perfecta comunión entre la visión de un poeta y la de un pintor, ambos compañeros de generación y con mutuas afinidades electivas.
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