«La oscuridad lo sabe», de Arnaldur Indriðason: el «nordic noir», entre el ecologismo y mucho alcohol. 7/10. Por Lluís Fernández. Lo más complicado de una novela negra islandesa, el «nordic noir», son sus enrevesados nombres. En cuanto a la trama, no pueden ser más sencillas, de una suavidad detectivesca llamativa. Lo curioso es que Arnaldur Indriðason tiene una larga trayectoria como autor multipremiado en Islandia, Suecia, Francia y hasta en España, donde fue Premio RBA. Los veinte millones de obras vendidas demuestran que el lector gusta de las novelas policiacas convencionales, sin nudos gordianos imposibles y con un desarrollo entre el costumbrista color local y la sencillez de la trama. Y lo confirma la treintena de libros publicados, entre los que destaca la serie del detective Erlendur.. El autor está tan preocupado por el calentamiento global como por el deshielo de los fiordos. Esa es una obsesión poco policíaca, pero avisa al lector ecológicamente concienciado de que navegan en el mismo témpano, en un glaciar donde emerge congelado después de treinta años el cuerpo de una persona que se supone asesinada y por la que un amigo suyo pena en la cárcel acusado de su muerte.. Tras un prólogo excesivamente turístico, Indriðason se mete en faena y hace avanzar la narración con lentitud y sin complicaciones. Drogas, mucho alcoholismo, ambiciones capitalistas que el autor reprocha y los típicos policías de la novela nórdica negra, encabezados por un nuevo protagonista: el policía jubilado Konráð. Que la novela negra ha entrado en una etapa eminentemente conservadora es un hecho. Nada de experimentos ni tramas tan elaboradas y complejas que despidan al lector. La vuelta a la novela problema y el «cozy mystery» son hechos incontrovertibles en la literatura de género en el siglo XXI. Reacción posmoderna al agotamiento de la popular. Como esta interesante novela de Arnaldur Indriðason.. Lo mejor: la sencillez con la que se plantean las tramas que investiga el detective jubilado Konráð. Lo peor: los excesos del autor describiendo las calles, los edificios fiordos y demás curiosidades de Reikiavik. «Arca», de Ricardo Menéndez Salmón: invasiones, fentanilo y rebelión, una distopía no muy lejana. 9/10. Por Jesús Ferrer. En contundentes versos sentenció Juan Ramón Jiménez: «¡Qué quietas están las cosas / y qué bien se está con ellas!», proclamando así la cercanía e intimidad con los objetos que nos acompañan y que nos sobrevivirán; son enseres y pertenencias que conforman historias y tejen recuerdos. Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), quien ha forjado desde hace años una sólida trayectoria narrativa, publica «Arca», novela de perfil distópico donde determinados objetos y característicos ambientes cobran protagonismo.. Se muestra aquí una alucinada ficción no muy lejana de nuestra actualidad, en la que conviven androides y humanos. Naciones invadiendo a otras, el fentanilo haciendo estragos, terribles epidemias víricas e ingenios electromecánicos en clara rebelión social («desestructuración», se precisa) han llevado a lo que se nombra como la Gran Conmoción, a partir de la cual todo ha cobrado un nuevo sentido colectivo.. El protagonista de esta historia tiene, desde su adolescencia, la curiosa propiedad de aclarar misterios del pasado con tan sólo tocar un objeto. Este don, que le ha valido el colaborar en investigaciones policiales, le llevará a ser requerido por un poderoso fondo de inversión para que desentrañe la enigmática desaparición de un empleado suyo en un abandonado palazzo veneciano. Esta hipersensibilidad táctil le induce a una rara videncia que combina el relato de suspense, la historia de fantasmas, la fábula ética y la ficción visionaria. Se caracteriza así esta poderosa facultad personal. En la línea de la mejor literatura distópica, con referentes como J.G. Ballard, Thomas Pynchon o Philip K. Dick, esta novela de elaborada prosa e imaginativa trama resulta de fascinante lectura, con una clara alusión crítica a lacerantes problemas actuales.. Lo mejor: el paralelismo entre un futurista universo ficticio y los conflictos de nuestro asendereado presente. Lo peor: ninguna objeción relevante negativa, es una novela de elaborada estructura, buen ritmo narrativo e intrigante trama
En «La oscuridad lo sabe», de Arnaldur Indriðason, el autor islandés demuestra estar tan preocupado por el calentamiento global como por el deshielo de los fiordos
«La oscuridad lo sabe», de Arnaldur Indriðason: el «nordic noir», entre el ecologismo y mucho alcohol. 7/10. Por Lluís Fernández. Lo más complicado de una novela negra islandesa, el «nordic noir», son sus enrevesados nombres. En cuanto a la trama, no pueden ser más sencillas, de una suavidad detectivesca llamativa. Lo curioso es que Arnaldur Indriðason tiene una larga trayectoria como autor multipremiado en Islandia, Suecia, Francia y hasta en España, donde fue Premio RBA. Los veinte millones de obras vendidas demuestran que el lector gusta de las novelas policiacas convencionales, sin nudos gordianos imposibles y con un desarrollo entre el costumbrista color local y la sencillez de la trama. Y lo confirma la treintena de libros publicados, entre los que destaca la serie del detective Erlendur.. El autor está tan preocupado por el calentamiento global como por el deshielo de los fiordos. Esa es una obsesión poco policíaca, pero avisa al lector ecológicamente concienciado de que navegan en el mismo témpano, en un glaciar donde emerge congelado después de treinta años el cuerpo de una persona que se supone asesinada y por la que un amigo suyo pena en la cárcel acusado de su muerte.. Tras un prólogo excesivamente turístico, Indriðason se mete en faena y hace avanzar la narración con lentitud y sin complicaciones. Drogas, mucho alcoholismo, ambiciones capitalistas que el autor reprocha y los típicos policías de la novela nórdica negra, encabezados por un nuevo protagonista: el policía jubilado Konráð. Que la novela negra ha entrado en una etapa eminentemente conservadora es un hecho. Nada de experimentos ni tramas tan elaboradas y complejas que despidan al lector. La vuelta a la novela problema y el «cozy mystery» son hechos incontrovertibles en la literatura de género en el siglo XXI. Reacción posmoderna al agotamiento de la popular. Como esta interesante novela de Arnaldur Indriðason.. Lo mejor: la sencillez con la que se plantean las tramas que investiga el detective jubilado Konráð. Lo peor: los excesos del autor describiendo las calles, los edificios fiordos y demás curiosidades de Reikiavik. «Arca», de Ricardo Menéndez Salmón: invasiones, fentanilo y rebelión, una distopía no muy lejana. 9/10. Por Jesús Ferrer. En contundentes versos sentenció Juan Ramón Jiménez: «¡Qué quietas están las cosas / y qué bien se está con ellas!», proclamando así la cercanía e intimidad con los objetos que nos acompañan y que nos sobrevivirán; son enseres y pertenencias que conforman historias y tejen recuerdos. Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), quien ha forjado desde hace años una sólida trayectoria narrativa, publica «Arca», novela de perfil distópico donde determinados objetos y característicos ambientes cobran protagonismo.. Se muestra aquí una alucinada ficción no muy lejana de nuestra actualidad, en la que conviven androides y humanos. Naciones invadiendo a otras, el fentanilo haciendo estragos, terribles epidemias víricas e ingenios electromecánicos en clara rebelión social («desestructuración», se precisa) han llevado a lo que se nombra como la Gran Conmoción, a partir de la cual todo ha cobrado un nuevo sentido colectivo.. El protagonista de esta historia tiene, desde su adolescencia, la curiosa propiedad de aclarar misterios del pasado con tan sólo tocar un objeto. Este don, que le ha valido el colaborar en investigaciones policiales, le llevará a ser requerido por un poderoso fondo de inversión para que desentrañe la enigmática desaparición de un empleado suyo en un abandonado palazzo veneciano. Esta hipersensibilidad táctil le induce a una rara videncia que combina el relato de suspense, la historia de fantasmas, la fábula ética y la ficción visionaria. Se caracteriza así esta poderosa facultad personal. En la línea de la mejor literatura distópica, con referentes como J.G. Ballard, Thomas Pynchon o Philip K. Dick, esta novela de elaborada prosa e imaginativa trama resulta de fascinante lectura, con una clara alusión crítica a lacerantes problemas actuales.. Lo mejor: el paralelismo entre un futurista universo ficticio y los conflictos de nuestro asendereado presente. Lo peor: ninguna objeción relevante negativa, es una novela de elaborada estructura, buen ritmo narrativo e intrigante trama
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