¿Lo escuchan? Es el cántico de los niños de San Ildefonso. Tan reconocible. Tan extraño. Tan normalizado por obra y gracia de la tradición que nos permite ilusionarnos.. No son las luces de Vigo, el sonido de los niños y los bombos de la Lotería de Navidad son los que hacen el clic que nos sumerge en las fiestas. En esta mañana, por fin, bajamos la guardia de las susceptibilidades y nos ponemos a soñar. Incluso a fantasear que quizá desde hoy seamos ricos. No es de extrañar que el salón de loterías, que ahora es el Teatro Real, haya sido un lugar perfecto para retar a nuestra ingenuidad. Lo hizo José Antonio Abellán cuando fichó por Telecinco en 1996 y puso a Carlos Moreno ‘El Pulpo’ a simular que le había tocado el premio gordo en el momento que los niños terminaban de cantarlo. Toda la prensa corrió hacia él. Todos querían la imagen y sus primeras declaraciones. No había tiempo de cotejar. Porque, al final, todos elegimos confiar que la alegría es verdad. Eestamos deseosos de creer que es posible hasta lo imposible.. Una larga década después, en 2008, todos los medios de comunicación encontramos la historia perfecta para contar el 22 de diciembre. Una entrañable anciana aparecía, compungida, en la administración de lotería premiada: había lavado por error su décimo y el número era el galardonado. Tragedia. La señora, muy nerviosa, sostenía el décimo hecho añicos en la bolsa en la que habitualmente congelaba los guisantes. La puesta en escena era perfecta para abrir todos los Telediarios.. En realidad, era una invención de Salvados de Jordi Évole que nos enfrentaba a lo fácil que es picar en una fake news mucho antes de que supiéramos que era una fake news. Nos la colaron y él se hizo un programa explicándolo. La broma, vista ahora, es un ejercicio útil para despertar el espíritu crítico en una civilización en la que cada vez es más difícil diferenciar qué imagen es real y qué imagen es mentira.. Lo que sí es verdad, aunque no se pueda contrastar, es la ilusión que nos permite imaginar. También cuando acaba el sorteo y, entonces, celebramos lo más importante: la salud. Perder, a veces, permite percatarse de lo que tienes. Y la vida es ir perdiendo. Antonio Mercero lo narraba con astucia a través del primer plano de sus ficciones. Como Farmacia de Guardia que también mostró la resaca de la lotería de Navidad.. De nuevo, las fake news antes de las fake news: “Los ganadores son unos cuántos parados que les paga el gobierno, para engañar a la gente. 50 años llevo jugando a la lotería y nunca ni la pedrea”, defendía la clienta Doña Rosa, encarnada por María Luisa Ponte, a Lourdes Cano y Pili Fernández la clienta Doña Rosa. La conspiración siempre nos ha hecho sentir más listos que el resto.. Otra historia es que la conjetura antes se quedaba en la mesa del comedor, en la barra del bar o en el mostrador de una farmacia de guardia. Ahora, directamente, la compartimos en nuestras redes con una pazguata seguridad que legitima hasta la vehemencia más surrealista.. Pasan los años, cambia el mundo. La tecnología nos arrasa, pero hay algo que sigue intacto: siempre necesitamos creer. Aunque no haya ninguna certeza, creer es el soplo que airea la rutina de sus opresivas repeticiones. Solo nos queda aprender a creer bien. Creer en las historias como las de aquella Farmacia de guardia, donde encontrarse, empatizarse e incluso esperanzarse, o quedarse engatusados por los que mercadean con el odio. La elección está clara, aunque no es tan fácil ponerla en práctica entre tanto impacto audiovisual pensando para calentar nuestras cabecitas. Feliz Navidad. Feliz salud. Felices válvulas de escape a la monotonía.
Los fakes sobre la lotería de Navidad antes de que supiéramos el significado de ‘fake news’
20MINUTOS.ES – Televisión
¿Lo escuchan? Es el cántico de los niños de San Ildefonso. Tan reconocible. Tan extraño. Tan normalizado por obra y gracia de la tradición que nos permite ilusionarnos.. No son las luces de Vigo, el sonido de los niños y los bombos de la Lotería de Navidad son los que hacen el clic que nos sumerge en las fiestas. En esta mañana, por fin, bajamos la guardia de las susceptibilidades y nos ponemos a soñar. Incluso a fantasear que quizá desde hoy seamos ricos. No es de extrañar que el salón de loterías, que ahora es el Teatro Real, haya sido un lugar perfecto para retar a nuestra ingenuidad. Lo hizo José Antonio Abellán cuando fichó por Telecinco en 1996 y puso a Carlos Moreno ‘El Pulpo’ a simular que le había tocado el premio gordo en el momento que los niños terminaban de cantarlo. Toda la prensa corrió hacia él. Todos querían la imagen y sus primeras declaraciones. No había tiempo de cotejar. Porque, al final, todos elegimos confiar que la alegría es verdad. Eestamos deseosos de creer que es posible hasta lo imposible.. Una larga década después, en 2008, todos los medios de comunicación encontramos la historia perfecta para contar el 22 de diciembre. Una entrañable anciana aparecía, compungida, en la administración de lotería premiada: había lavado por error su décimo y el número era el galardonado. Tragedia. La señora, muy nerviosa, sostenía el décimo hecho añicos en la bolsa en la que habitualmente congelaba los guisantes.La puesta en escena era perfecta para abrir todos los Telediarios.. En realidad, era una invención de Salvados de Jordi Évole que nos enfrentaba a lo fácil que es picar en una fake news mucho antes de que supiéramos que era una fake news.Nos la colaron y él se hizo un programa explicándolo. La broma, vista ahora, es un ejercicio útil para despertar el espíritu crítico en una civilización en la que cada vez es más difícil diferenciar qué imagen es real y qué imagen es mentira.. Lo que sí es verdad, aunque no se pueda contrastar, es la ilusión que nos permite imaginar. También cuando acaba el sorteo y, entonces, celebramos lo más importante: la salud. Perder, a veces, permite percatarse de lo que tienes. Y la vida es ir perdiendo. Antonio Mercero lo narraba con astucia a través del primer plano de sus ficciones. Como Farmacia de Guardia que también mostró la resaca de la lotería de Navidad.. De nuevo, las fake news antes de las fake news: “Los ganadores son unos cuántos parados que les paga el gobierno, para engañar a la gente. 50 años llevo jugando a la lotería y nunca ni la pedrea”, defendía la clienta Doña Rosa, encarnada por María Luisa Ponte, a Lourdes Cano y Pili Fernández la clienta Doña Rosa. La conspiración siempre nos ha hecho sentir más listos que el resto.. Otra historia es que la conjetura antes se quedaba en la mesa del comedor, en la barra del bar o en el mostrador de una farmacia de guardia. Ahora, directamente, la compartimos en nuestras redes con una pazguata seguridad que legitima hasta la vehemencia más surrealista.. Pasan los años, cambia el mundo. La tecnología nos arrasa, pero hay algo que sigue intacto: siempre necesitamos creer. Aunque no haya ninguna certeza, creer es el soplo que airea la rutina de sus opresivas repeticiones. Solo nos queda aprender a creer bien. Creer en las historias como las de aquella Farmacia de guardia, donde encontrarse, empatizarse e incluso esperanzarse, o quedarse engatusados por los que mercadean con el odio. La elección está clara, aunque no es tan fácil ponerla en práctica entre tanto impacto audiovisual pensando para calentar nuestras cabecitas. Feliz Navidad. Feliz salud. Felices válvulas de escape a la monotonía.
