Hay un pequeño trecho de la humanidad, pensemos en unos dos millones y medio de seres vivos aproximadamente, que respiramos, sentimos o desprendemos por nuestros poros la lengua gallega. Puede ser a través de su escritura, pensamiento u oralidad, pero, independientemente de la opción que se escoja, su visibilidad permite que viva un nuevo florecimiento en cada recoveco del universo, pues ya sabemos que hay gallegos hasta en la luna, donde se difunda.. Este poder transformador es conocido por Abel Veiga Copo. Nacido en Monforte de Lemos, se trasladó a los 17 años a Madrid para estudiar, donde ahora está afincado. Desde la capital lleva casi tres décadas dedicado a la cátedra, pues es doctor en Derecho por la Universidad de Comillas, el centro académico donde imparte docencia, siendo también el decano de su Facultad jurídica. Sin desprenderse del conocimiento legal con el que convive, encontró en una disciplina opuesta, o al menos a simple vista, un nuevo hogar: la poesía. Y, además, para despejarse del barullo de la gran ciudad, sus versos suelen coger un tren a su tierra de origen para abastecerse de las posibilidades paisajísticas que la geografía gallega ofrece.. A pesar de dar su primera pincelada a los 13 años, su gran esplendor en las letras líricas gallegas aterrizó en 2017 con el poemario “Bágoas na brétema” (“Lágrimas en la niebla”), obra con 60 sonetos y otras 20 composiciones de verso libre, donde el autor inspeccionaba sentimientos universales como la muerte o la brevedad de la vida. Teófilo Comunicación se encargó de editarla, y ahora ha vuelto a colaborar con el escritor en su más reciente publicación. “Alén da frol do tempo” es el título de su última composición poética, cuya traducción al castellano nos da una valiosa pista del carisma preciosista de sus textos: “Más allá de la flor del tiempo”. Con más de 500 poemas, reúne 32 años de literatura de su autor, y está compuesto de siete libros, entre los que se incluye «Bágoas na brétema» y uno inédito.. «Gallego por los cuatro costados». Al compás de un dueto de guitarras gracias a la presencia de A Roda, grupo musical folclórico de la comunidad autónoma, el último trabajo de Veiga fue presentado esta tarde en la Casa de Galicia en Madrid. Contó con la presencia, entre otros, de Alfonso Rueda, actual presidente de la Xunta, que firma el prólogo de la obra. En su intervención, apreció la reivindicación que el académico hace de la lengua céltica, estipulando que allá donde vaya «ejerce de gallego». «Abel siempre opina con ‘sentidiño’ y promociona nuestra tierra con cultura de la buena. Es un ejemplo de Galicia Calidade», estipuló. También destacó los óptimos datos de lectura en el territorio que gobierna, con un 66% de población siendo lectora habitual.. Tras el toque melódico introductorio, el conductor del acto fue Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía en 2015, que hizo una descripción de ese “gallego por los cuatro costados”, como lo definió. “Su poesía no teme a la métrica tradicional, y aunque escriba en un gallego culto, puede ser entendido por todo el mundo, como debería cumplir toda la poesía”, alabó. Como ejemplar maestro de ceremonias, mencionó el vasto recorrido profesional de Veiga, con más de 130 libros escritos y hasta 6000 columnas de opinión periodísticas con su nombre. «Su arte es una llama que se inició en una aldea y que no se apagó entre códigos y leyes», también mencionó. A pesar de la clara hegemonía del gallego en las estrofas, «Alén da frol do tempo» contiene a su vez piezas en castellano, cuyo uso Luis Alberto de Cuenca consagró positivamente como «sobrio».. Naturalmente, Abel Veiga tuvo su momento de protagonismo, con un discurso en el que explicitó su pasión por la lengua de Rosalía de Castro o Castelao, entre algunas figuras autóctonas que mencionó. «El gallego es el idioma en el que siento, es mi cordón umbilical», comentó emocionado. «Lo único que se mantiene es el orgullo de ser de este pueblo». Entre la diversidad de sentimientos que se esconden entre las hojas ya disponibles a la venta, están algunas de las señas de identidad del galleguismo, tales como la nostalgia, o «morriña», y la melancolía. «Nuestra sociedad aprendió antes a conjugar el verbo partir que el de quedar», señalaba el doctor. También hizo hincapié en la poesía como una «necesidad vital» y una parte intrínseca de su personalidad: “Nos enseña que nada es insignificante si se mira desde el amor o desde la herida”.. Y de sentimientos románticos él también tiene recorrido, pues su mujer, Carmela, se subió al atril para recitar un poema que él le dedicó. No fue la única de sus familiares que quiso mostrar un poco de «agarimo», pues también sus dos hijos entonaron dos de sus poemas. Como él dice, «la emoción es lo único que me pertenece».. La métrica de Abel Veiga no tendrá un sonido concreto, pero aquel que se encomiende a ella podrá sentir dentro de él una ingesta de sensaciones, muchas que transportan a algún rincón donde el verde del campo y el azul del mar se funden. Para no olvidar sus orígenes, aunque no tiene pinta de que haya segundo del día en el que el poeta no los tenga presentes, A Roda finalizó el acto con otro compendio de canciones en gallego. Ya solo queda impregnarse, ahora sonido de hoja de papel mediante, de la pasión de un autor y su «patria que siempre llevo puesta», como él recuerda.
El profesor y escritor lucense ha presentado su último poemario, «Alén da frol do tempo», en la Casa de Galicia en Madrid
Hay un pequeño trecho de la humanidad, pensemos en unos dos millones y medio de seres vivos aproximadamente, que respiramos, sentimos o desprendemos por nuestros poros la lengua gallega. Puede ser a través de su escritura, pensamiento u oralidad, pero, independientemente de la opción que se escoja, su visibilidad permite que viva un nuevo florecimiento en cada recoveco del universo, pues ya sabemos que hay gallegos hasta en la luna, donde se difunda.. Este poder transformador es conocido por Abel Veiga Copo. Nacido en Monforte de Lemos, se trasladó a los 17 años a Madrid para estudiar, donde ahora está afincado. Desde la capital lleva casi tres décadas dedicado a la cátedra, pues es doctor en Derecho por la Universidad de Comillas, el centro académico donde imparte docencia, siendo también el decano de su Facultad jurídica. Sin desprenderse del conocimiento legal con el que convive, encontró en una disciplina opuesta, o al menos a simple vista, un nuevo hogar: la poesía. Y, además, para despejarse del barullo de la gran ciudad, sus versos suelen coger un tren a su tierra de origen para abastecerse de las posibilidades paisajísticas que la geografía gallega ofrece.. A pesar de dar su primera pincelada a los 13 años, su gran esplendor en las letras líricas gallegas aterrizó en 2017 con el poemario “Bágoas na brétema” (“Lágrimas en la niebla”), obra con 60 sonetos y otras 20 composiciones de verso libre, donde el autor inspeccionaba sentimientos universales como la muerte o la brevedad de la vida. Teófilo Comunicación se encargó de editarla, y ahora ha vuelto a colaborar con el escritor en su más reciente publicación. “Alén da frol do tempo” es el título de su última composición poética, cuya traducción al castellano nos da una valiosa pista del carisma preciosista de sus textos: “Más allá de la flor del tiempo”. Con más de 500 poemas, reúne 32 años de literatura de su autor, y está compuesto de siete libros, entre los que se incluye «Bágoas na brétema» y uno inédito.. Al compás de un dueto de guitarras gracias a la presencia de A Roda, grupo musical folclórico de la comunidad autónoma, el último trabajo de Veiga fue presentado esta tarde en la Casa de Galicia en Madrid. Contó con la presencia, entre otros, de Alfonso Rueda, actual presidente de la Xunta, que firma el prólogo de la obra. En su intervención, apreció la reivindicación que el académico hace de la lengua céltica, estipulando que allá donde vaya «ejerce de gallego». «Abel siempre opina con ‘sentidiño’ y promociona nuestra tierra con cultura de la buena. Es un ejemplo de Galicia Calidade», estipuló. También destacó los óptimos datos de lectura en el territorio que gobierna, con un 66% de población siendo lectora habitual.. Tras el toque melódico introductorio, el conductor del acto fue Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía en 2015, que hizo una descripción de ese “gallego por los cuatro costados”, como lo definió. “Su poesía no teme a la métrica tradicional, y aunque escriba en un gallego culto, puede ser entendido por todo el mundo, como debería cumplir toda la poesía”, alabó. Como ejemplar maestro de ceremonias, mencionó el vasto recorrido profesional de Veiga, con más de 130 libros escritos y hasta 6000 columnas de opinión periodísticas con su nombre. «Su arte es una llama que se inició en una aldea y que no se apagó entre códigos y leyes», también mencionó. A pesar de la clara hegemonía del gallego en las estrofas, «Alén da frol do tempo» contiene a su vez piezas en castellano, cuyo uso Luis Alberto de Cuenca consagró positivamente como «sobrio».. Naturalmente, Abel Veiga tuvo su momento de protagonismo, con un discurso en el que explicitó su pasión por la lengua de Rosalía de Castro o Castelao, entre algunas figuras autóctonas que mencionó. «El gallego es el idioma en el que siento, es mi cordón umbilical», comentó emocionado. «Lo único que se mantiene es el orgullo de ser de este pueblo». Entre la diversidad de sentimientos que se esconden entre las hojas ya disponibles a la venta, están algunas de las señas de identidad del galleguismo, tales como la nostalgia, o «morriña», y la melancolía. «Nuestra sociedad aprendió antes a conjugar el verbo partir que el de quedar», señalaba el doctor. También hizo hincapié en la poesía como una «necesidad vital» y una parte intrínseca de su personalidad: “Nos enseña que nada es insignificante si se mira desde el amor o desde la herida”.. Y de sentimientos románticos él también tiene recorrido, pues su mujer, Carmela, se subió al atril para recitar un poema que él le dedicó. No fue la única de sus familiares que quiso mostrar un poco de «agarimo», pues también sus dos hijos entonaron dos de sus poemas. Como él dice, «la emoción es lo único que me pertenece».. La métrica de Abel Veiga no tendrá un sonido concreto, pero aquel que se encomiende a ella podrá sentir dentro de él una ingesta de sensaciones, muchas que transportan a algún rincón donde el verde del campo y el azul del mar se funden. Para no olvidar sus orígenes, aunque no tiene pinta de que haya segundo del día en el que el poeta no los tenga presentes, A Roda finalizó el acto con otro compendio de canciones en gallego. Ya solo queda impregnarse, ahora sonido de hoja de papel mediante, de la pasión de un autor y su «patria que siempre llevo puesta», como él recuerda.
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