La cosmología moderna vive una situación extraña. Hemos fotografiado galaxias situadas a más de 13.000 millones de años luz, detectado la radiación fósil del Big Bang, una luz emitida cuando el Universo era apenas un bebé de 380.000 años. Contamos con telescopios que nos han permitido cartografiar una parte importante de la materia visible del cosmos y reconstruido, indirectamente, la red de materia oscura que conecta galaxias y cúmulos galácticos. Sin embargo, en medio de todos esos logros permanece una enorme incógnita. No es una galaxia, no es un agujero negro o un supercúmulo. De hecho, la realidad es que… no es. Se trata en realidad de una región gigantesca donde parece faltar materia, el supervacío de Eridanus. Su tamaño es… Casi inconcebible, aunque sí medible.. El diámetro observable del Universo es de unos 93.000 millones de años luz. Eso significa que el supervacío de Eridanus, con sus 1.800 millones de años luz, ocupa cerca del 2 % del diámetro del Universo observable. ¿Nada claro? Es 15.000 veces más que la Vía Láctea. ¿No dice nada? Si, tirando hacia el espectro tacaño, la NASA señala nuestra galaxia como el hogar de 100.000 millones de planetas, estamos hablando de una región en la que podrían entrar 1.500 billones de planetas, casi 200.000 por cada habitante del planeta.. El “problema” con el supervacío de Eridanus es que cuanto más lo estudian, más preguntas plantea. Los expertos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) explican una de estas incógnitas: “una región tan grande parece muy poco probable según el modelo cosmológico estándar. Por ello, el equipo del Observatorio de Energía Oscura (DES por sus siglas en inglés) siguió la hipótesis de que un supervacío podría explicar, al menos en parte, por qué esta región es significativamente mayor y más fría de lo esperado. Los científicos creen, además, que esta gigantesca región podría utilizarse como un laboratorio único para aprender sobre la esquiva energía oscura”.. La primera pista apareció en una fotografía del Big Bang, mucho antes de que se detectara el propio vacío. En 2004, los astrónomos analizaron con detalle el Fondo Cósmico de Microondas, la radiación fósil que quedó tras el Big Bang. Esa radiación constituye la imagen más antigua del Universo que podemos observar. Y allí apareció algo extraño, una enorme región más fría de lo esperado. No se trata solo de la nada, sino de una nada más fría de lo esperado.. Según el modelo cosmológico estándar, una anomalía tan grande y fría resulta muy improbable. Desde el IAC lo explican con mucha claridad. Imaginemos que los fotones del Big Bang que llegan a nuestros telescopios son ciclistas atravesando una colina y la colina es el vacío de Eridanus. Al “comenzar el ascenso” (léase entrar en el vacío) escalan una pendiente gravitatoria y pierden energía. En un Universo estático la recuperarían al salir, al “descender la colina”. Pero aquí no sucede esto: “Durante su paso, estos fotones sufren el efecto de la energía oscura, responsable de la expansión cósmica y pierden parte de su energía. Esta pérdida equivale a un enfriamiento… Sin embargo, las dimensiones observadas del supervacío de Eridanus no pueden explicar completamente la profunda depresión de la temperatura si se asume el modelo estándar de energía oscura en los cálculos”.. Es como encontrar al sospechoso principal de un misterio policial y descubrir después que tiene una coartada parcial: sabemos que está relacionado con el crimen, pero quedan vacíos que no se explican. Y entonces llegamos a la pregunta: ¿Y si el problema es la energía oscura?. El modelo cosmológico estándar asume una determinada intensidad para la energía oscura, la misteriosa componente que constituye aproximadamente el 70 % del contenido energético del Universo Pero si la energía oscura fuera más intensa o se comportara de una forma ligeramente distinta a la prevista, el efecto del supervacío sobre la radiación fósil podría ser mucho mayor.. Por eso Eridanus se ha convertido en una especie de laboratorio natural para estudiar uno de los mayores enigmas de la física moderna. No es que el vacío contradiga necesariamente nuestras teorías, sino que podría estar señalando que todavía nos falta una pieza importante del rompecabezas.. “Cientos de otros supervacíos detectados en el Universo más lejano también han mostrado evidencias moderadas de manchas frías mayores de lo esperado – concluye Andras Kovacs, experto del DES -, pero la resolución de este antiguo debate en cosmología vendrá muy probablemente de una próxima generación de estudios cosmológicos que cartografiarán volúmenes aún mayores”.
Es 15.000 veces más grande que la Vía Láctea y aún así allí solo habría “sombras” inexplicables.
La cosmología moderna vive una situación extraña. Hemos fotografiado galaxias situadas a más de 13.000 millones de años luz, detectado la radiación fósil del Big Bang, una luz emitida cuando el Universo era apenas un bebé de 380.000 años. Contamos con telescopios que nos han permitido cartografiar una parte importante de la materia visible del cosmos y reconstruido, indirectamente, la red de materia oscura que conecta galaxias y cúmulos galácticos. Sin embargo, en medio de todos esos logros permanece una enorme incógnita. No es una galaxia, no es un agujero negro o un supercúmulo. De hecho, la realidad es que… no es. Se trata en realidad de una región gigantesca donde parece faltar materia, el supervacío de Eridanus. Su tamaño es… Casi inconcebible, aunque sí medible.. El diámetro observable del Universo es de unos 93.000 millones de años luz. Eso significa que el supervacío de Eridanus, con sus 1.800 millones de años luz, ocupa cerca del 2 % del diámetro del Universo observable. ¿Nada claro? Es 15.000 veces más que la Vía Láctea. ¿No dice nada? Si, tirando hacia el espectro tacaño, la NASA señala nuestra galaxia como el hogar de 100.000 millones de planetas, estamos hablando de una región en la que podrían entrar 1.500 billones de planetas, casi 200.000 por cada habitante del planeta.. El “problema” con el supervacío de Eridanus es que cuanto más lo estudian, más preguntas plantea. Los expertos del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) explican una de estas incógnitas: “una región tan grande parece muy poco probable según el modelo cosmológico estándar. Por ello, el equipo del Observatorio de Energía Oscura (DES por sus siglas en inglés) siguió la hipótesis de que un supervacío podría explicar, al menos en parte, por qué esta región es significativamente mayor y más fría de lo esperado. Los científicos creen, además, que esta gigantesca región podría utilizarse como un laboratorio único para aprender sobre la esquiva energía oscura”.. La primera pista apareció en una fotografía del Big Bang, mucho antes de que se detectara el propio vacío. En 2004, los astrónomos analizaron con detalle el Fondo Cósmico de Microondas, la radiación fósil que quedó tras el Big Bang. Esa radiación constituye la imagen más antigua del Universo que podemos observar. Y allí apareció algo extraño, una enorme región más fría de lo esperado. No se trata solo de la nada, sino de una nada más fría de lo esperado.. Según el modelo cosmológico estándar, una anomalía tan grande y fría resulta muy improbable. Desde el IAC lo explican con mucha claridad. Imaginemos que los fotones del Big Bang que llegan a nuestros telescopios son ciclistas atravesando una colina y la colina es el vacío de Eridanus. Al “comenzar el ascenso” (léase entrar en el vacío) escalan una pendiente gravitatoria y pierden energía. En un Universo estático la recuperarían al salir, al “descender la colina”. Pero aquí no sucede esto: “Durante su paso, estos fotones sufren el efecto de la energía oscura, responsable de la expansión cósmica y pierden parte de su energía. Esta pérdida equivale a un enfriamiento… Sin embargo, las dimensiones observadas del supervacío de Eridanus no pueden explicar completamente la profunda depresión de la temperatura si se asume el modelo estándar de energía oscura en los cálculos”.. Es como encontrar al sospechoso principal de un misterio policial y descubrir después que tiene una coartada parcial: sabemos que está relacionado con el crimen, pero quedan vacíos que no se explican. Y entonces llegamos a la pregunta: ¿Y si el problema es la energía oscura?. El modelo cosmológico estándar asume una determinada intensidad para la energía oscura, la misteriosa componente que constituye aproximadamente el 70 % del contenido energético del Universo Pero si la energía oscura fuera más intensa o se comportara de una forma ligeramente distinta a la prevista, el efecto del supervacío sobre la radiación fósil podría ser mucho mayor.. Por eso Eridanus se ha convertido en una especie de laboratorio natural para estudiar uno de los mayores enigmas de la física moderna. No es que el vacío contradiga necesariamente nuestras teorías, sino que podría estar señalando que todavía nos falta una pieza importante del rompecabezas.. “Cientos de otros supervacíos detectados en el Universo más lejano también han mostrado evidencias moderadas de manchas frías mayores de lo esperado – concluye Andras Kovacs, experto del DES -, pero la resolución de este antiguo debate en cosmología vendrá muy probablemente de una próxima generación de estudios cosmológicos que cartografiarán volúmenes aún mayores”.
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