“¿Eres problemática?”. Jordi Évole pregunta a Loles León. “Soy problemática, sí”, responde. Pero lo hace con tono de orgullosa reivindicación. Sabe qué señalamiento esconde tal palabro. Sobre todo lanzando como arma arrojadiza a las mujeres, a las que se intentaba desacreditar con “qué carácter tiene, es conflictiva”. Cuando, en realidad, solo está defendiendo sus derechos, su mirada, su oficio. Ahí está lo realmente problemático.. Loles León desmonta un prejuicio muy normalizado. Aunque, rápido, une pensamientos que llevan a la actriz a otros parajes, mientras se va reencontrando con un barrio, su barrio, del que parece que nunca se ha marchado. Porque hay barrios que siempre están. Incluso si te fuiste con la maleta hace décadas. Porque nos hicieron cómo somos en aquellos veranos de vacaciones escolares en los que no parábamos de descubrir las cosas de la vida y, claro, los días se alargaban. Las semanas olían a meses.. Loles León es de La Barceloneta. Junto al mar mediterráneo al que la ciudad daba la espalda. Por industrial, por popular, porque por el agua entraban las tempestades. Ahí persisten los bloques en los que se crío Loles y sus vecinas. Con las que se va encontrando y contando con la confianza de los mejores confidentes. Con los que no solo se habla. Con los que también se juega. Évole reconoce que se había levantado con mal día, pero ha terminado evadiéndose de las preocupación al cruzar las paradas del mercado con Loles y su gente. Por eso mismo, estas mujeres nunca dejan de atravesar el mercado. No tengan o sí tengan la compra hecha.. La congregación de la calle es terapéutica. Tropezarse, compartir y concluir percatándose de que el antídoto contra las ralladuras es impedir quedarse parado. O, simplemente, esperando.. “Si he llegado hasta aquí, ha sido pidiendo”, explica Loles en otro momento de Lo de Évole que, de nuevo, es capítulo doble. En los barrios populares se aprende a pedir favores desde pequeñitos. Lo ven como honesto, no como negativo. En cambio, en las urbanizaciones ricas muchos disfrazan el solicitar ayuda en la queja. No vaya a ser que parezca que mendigan. Hasta en eso, a veces, se intuye de dónde procedemos. Las circunstancias siempre nos marcan.. “Antes no había Instagram, pero yo cogía el teléfono y en el contestador le dejaba de todo. Al final, me dieron la cita por cansina”, recuerda Loles cómo consiguió su papel con Almodóvar. Ahora quiere trabajar con Juan Antonio Bayona y reconoce la multitud de mensajes que envía por las redes sociales. Así que Jordi Évole levanta su teléfono y llama al director de cine. Solicitud laboral en directo. El equipo de Lo de Évole es astuto integrando en el relato del programa los detalles con los que se topan en el camino. El mejor guion es el que abre los oídos a las sorpresas menos ruidosas de la realidad.. La televisión se hace grande en sus paseos y en sus coincidencias inesperadas. La vida se podría sintetizar en las interrupciones que nos invitan a avanzar. Cuando vas por tu vecindario y se te va sumando la gente con ganas de compartir contigo. Entonces, ninguna conversación se acaba, porque todas las conversaciones comienzan. Una y otra vez. Y, en La Barceloneta, allí están las más autenticas del lugar. Las de siempre, las del barrio, las que se alegran de charlar con Loles. Con su Loles, que la vieron crecer y que confirma, a través de la curiosidad de Évole, que hay familias carnales, sí; familias elegidas, también; y, hay que empezar a poner en valor, las familias de los descansillos de las escaleras, de las plazas, del mercado en el que eliges ser ciudadano antes que consumidor. “Aquí rajamos siempre”, bromea Loles. Y, en ese mismo instante, la pescadera levanta los ojos del cuchillo y remata: “Y rajamos con mucha gracia, también te digo”. Que nunca falten las interrupciones que nos confirman que ni estamos solos ni nos van a dejar que estemos solos.
¿Eres problemática?
20MINUTOS.ES – Televisión
“¿Eres problemática?”. Jordi Évole pregunta a Loles León. “Soy problemática, sí”, responde. Pero lo hace con tono de orgullosa reivindicación. Sabe qué señalamiento esconde esa palabra. Sobre todo a las mujeres, a las que se intentaba desacreditar con “qué carácter tiene, es conflictiva”. Cuando, en realidad, solo estaba defendiendo sus derechos, su mirada, su oficio.. Loles León desmonta un prejuicio muy normalizado. Aunque, rápido, une pensamientos que le llevan a otros parajes, mientras se va reencontrando con un barrio, su barrio, del que parece que nunca se ha ido. Porque hay barrios que siempre están. Incluso si te fuiste con la maleta hace décadas. Porque nos hicieron cómo somos en aquellos veranos de vacaciones escolares en los que no parábamos de descubrir las cosas de la vida y, claro, los días se alargaban. Las semanas olían a meses.. Loles León es de La Barceloneta. Junto al mar mediterráneo al que la ciudad daba la espalda. Por industrial, por popular, porque por el agua entraban las tempestades.Ahí persisten los bloques en los que se crío Loles y sus vecinas. Con las que se va encontrando y contando con la confianza de los mejores confidentes. Con los que no solo se habla. Con los que también se juega. Évole reconoce que se había levantado con mal día, pero ha terminado evadiéndose de las preocupación al cruzar las paradas del mercado con Loles y su gente. Por eso mismo, estas mujeres nunca dejan de atravesar el mercado. No tengan o sí tengan la compra hecha.. La congregación de la calle es terapéutica. Tropezarse, compartir y concluir percatándose de que el antídoto contra las ralladuras es impedir quedarse parado. O, simplemente, esperando.. “Si he llegado hasta aquí, ha sido pidiendo”, explica Loles en otro momento de Lo de Évole que, de nuevo, es capítulo doble. En los barrios populares se aprende a pedir favores desde pequeñitos. Lo ven como honesto, no como negativo. En cambio, en las urbanizaciones ricas muchos disfrazan el solicitar ayuda en la queja. No vaya a ser que parezca que mendigan. Hasta en eso, a veces, se intuye de dónde procedemos. Las circunstancias siempre nos marcan.. “Antes no había Instagram, pero yo cogía el teléfono y en el contestador le dejaba de todo. Al final, me dieron la cita por cansina”, recuerda Loles cómo consiguió su papel con Almodóvar. Ahora quiere trabajar con Juan Antonio Bayona y reconoce la multitud de mensajes que envía por las redes sociales. Así que Jordi Évole levanta su teléfono y llama al director de cine. Solicitud laboral en directo. El equipo de Lo de Évole es astuto integrando en el relato del programa los detalles con los que se topan en el camino. El mejor guion es el que abre los oídos a las sorpresas menos ruidosas de la realidad.. La televisión se hace grande en sus paseos y en sus coincidencias inesperadas. La vida se podría sintetizar en las interrupciones que nos invitan a avanzar. Cuando vas por tu vecindario y se te va sumando la gente con ganas de compartir contigo. Entonces, ninguna conversación se acaba, porque todas las conversaciones comienzan. Una y otra vez. Y, en La Barceloneta, allí están las más autenticas del lugar. Las de siempre, las del barrio, las que se alegran de charlar con Loles. Con su Loles, que la vieron crecer y que confirma, a través de la curiosidad de Évole, que hay familias carnales, sí; familias elegidas, también; y, hay que empezar a poner en valor, las familias de los descansillos de las escaleras, de las plazas, del mercado en el que eliges ser ciudadano antes que consumidor. “Aquí rajamos siempre”, bromea Loles. Y, en ese mismo instante, la pescadera levanta los ojos del cuchillo y remata: “Y rajamos con mucha gracia, también te digo”. Que nunca falten las interrupciones que nos confirman que ni estamos solos ni nos van a dejar que estemos solos.
