Andamos los españoles trasegando con el sol como checoslovacos despistados y cabreados por el calor sobre ciudades sin árboles ni sombra. Llegan las tardes tibias de otoño y los periódicos dicen que llueve, como se acercan los meses del verano y las radios alertan de que suben las temperaturas. Madre mía, en nada podremos anunciar en exclusiva que sale el sol por la mañana, pero sólo para los lectores abonados, claro. Nuestra ratio mental, achicharrada por la matraca diaria, ya no distingue entre la realidad y la supuesta ficción que nos ofrecen en bandeja catódica. Supongo que por eso no nos sorprende que el PP haga «guiñitos velados» a Junts y al PNV para pedirle una cuñita con la que abrirle la puerta de salida a Sánchez. Vamos, que quieren pedirles, por nuestro bien, que le den a la moviola hacia atrás y parar en aquella tarde en la que sacaron a Mariano Rajoy del Gobierno. Es cuestión de darle a un botoncito, me imagino, y retrotraernos a 2018. Si el PSOE medio respira gracias al catéter de Waterloo y ahora lo necesita Feijoo para sacar al hermanísimo de la Moncloa, tengan la tranquilidad de que no habrá elecciones hasta 2027. Si alguien se lleva las manitas a la cabeza negando lo evidente, que sepan que de esto va el aplaudido café para todos. Cuando las mayorías centristas no suman, quienes mandan en el cortijo son los catalanes y los vascos. A VOX le sudan las manos de alegría pensando en la foto con el señor que se escapó en el capó acariciando el lomo del líder del PP. «¿Ven como todos son iguales?», diría encantado Abascal y Sánchez le haría los coros. «Iguales, iguales…». A Junts, si Puigdemont no regresa a Cataluña libre, ninguna conversación le vale. Sea quien sea el que llame a la puerta. Ésta es una obviedad tan grande, pero tan grande, que permanece en el top de los análisis políticos de la semana. Como el calor en junio, como la nieve en la cumbre.
Es cuestión de darle a un botoncito y retrotraernos a 2018. Cuando las mayorías centristas no suman, quienes mandan en el cortijo son los catalanes y los vascos.
Andamos los españoles trasegando con el sol como checoslovacos despistados y cabreados por el calor sobre ciudades sin árboles ni sombra. Llegan las tardes tibias de otoño y los periódicos dicen que llueve, como se acercan los meses del verano y las radios alertan de que suben las temperaturas. Madre mía, en nada podremos anunciar en exclusiva que sale el sol por la mañana, pero sólo para los lectores abonados, claro. Nuestra ratio mental, achicharrada por la matraca diaria, ya no distingue entre la realidad y la supuesta ficción que nos ofrecen en bandeja catódica. Supongo que por eso no nos sorprende que el PP haga «guiñitos velados» a Junts y al PNV para pedirle una cuñita con la que abrirle la puerta de salida a Sánchez. Vamos, que quieren pedirles, por nuestro bien, que le den a la moviola hacia atrás y parar en aquella tarde en la que sacaron a Mariano Rajoy del Gobierno. Es cuestión de darle a un botoncito, me imagino, y retrotraernos a 2018. Si el PSOE medio respira gracias al catéter de Waterloo y ahora lo necesita Feijoo para sacar al hermanísimo de la Moncloa, tengan la tranquilidad de que no habrá elecciones hasta 2027. Si alguien se lleva las manitas a la cabeza negando lo evidente, que sepan que de esto va el aplaudido café para todos. Cuando las mayorías centristas no suman, quienes mandan en el cortijo son los catalanes y los vascos. A VOX le sudan las manos de alegría pensando en la foto con el señor que se escapó en el capó acariciando el lomo del líder del PP. «¿Ven como todos son iguales?», diría encantado Abascal y Sánchez le haría los coros. «Iguales, iguales…». A Junts, si Puigdemont no regresa a Cataluña libre, ninguna conversación le vale. Sea quien sea el que llame a la puerta. Ésta es una obviedad tan grande, pero tan grande, que permanece en el top de los análisis políticos de la semana. Como el calor en junio, como la nieve en la cumbre.
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