Cuando un coche detecta que está a punto de sufrir un impacto, el airbag se infla en apenas unas milésimas de segundo para absorber parte de la energía del choque. Esto evita que pasajeros y conductor impacten contra la estructura rígida del vehículo y sufran daños importantes. Ahora imaginemos que fuera posible hacer algo parecido… pero con la Tierra. Eso es, en esencia, lo que propone un grupo de físicos estadounidenses en un estudio publicado en Space Weather, para defender nuestro planeta de las tormentas solares más intensas. Su idea consiste en desplegar, solo cuando sea necesario, una suerte de “airbag espacial”: una nube artificial de plasma capaz de reforzar temporalmente la frontera magnética que nos protege del viento solar. Puede sonar a ciencia ficción. Sin embargo, los autores, liderados por Brian Walsh, aseguran que la tecnología necesaria ya existe y que, al menos sobre el papel, podría reducir a la mitad la intensidad con la que una gran tormenta geomagnética afectaría a la Tierra. Para entender su funcionamiento es importante comprender cómo funcionan las tormentas solares. Pese a nuestra visión privilegiada desde la Tierra, la realidad es que el Sol no es una esfera tranquila. Con frecuencia libera gigantescas erupciones conocidas como eyecciones de masa coronal, enormes nubes de plasma cargadas de partículas y campos magnéticos que pueden viajar millones de kilómetros hasta alcanzar la Tierra. Y lo hacen a una velocidad de hasta 3.000 km/s. La mayor parte de las veces nuestra magnetosfera desvía ese material sin mayores consecuencias. Pero cuando la eyección es especialmente intensa y su campo magnético apunta en la dirección adecuada, ambas estructuras pueden “sumarse” mediante un proceso conocido como reconexión magnética. En ese momento enormes cantidades de energía penetran en el entorno terrestre. Las consecuencias pueden ir desde espectaculares auroras hasta interrupciones de las comunicaciones por radio, errores en los sistemas GPS, daños en satélites e incluso corrientes eléctricas capaces de sobrecargar grandes redes de distribución eléctrica. El histórico Evento Carrington de 1859 sigue siendo el ejemplo más extremo conocido, aunque hoy tendría consecuencias mucho más graves debido a nuestra dependencia tecnológica. La propuesta se originó en el descubrimiento de una región formada por plasma (gas ionizado compuesto por partículas cargadas) llamada plasmasfera alrededor del planeta. Durante una tormenta solar, parte de ese plasma es expulsado hacia el borde de la magnetosfera. Lejos de ser un problema, ese material actúa como un amortiguador natural: dificulta la transferencia de energía desde el viento solar hacia el campo magnético terrestre. El equipo de Walsh se preguntó si sería posible reforzar artificialmente ese proceso. La propuesta, bautizada como StormWall, consistiría en desplegar una pequeña constelación de seis satélites en órbita geoestacionar
Los resultados de un estudio muestran que sería capaz de reducir la intensidad de estos fenómenos hasta un 50%.
Cuando un coche detecta que está a punto de sufrir un impacto, el airbag se infla en apenas unas milésimas de segundo para absorber parte de la energía del choque. Esto evita que pasajeros y conductor impacten contra la estructura rígida del vehículo y sufran daños importantes. Ahora imaginemos que fuera posible hacer algo parecido… pero con la Tierra. Eso es, en esencia, lo que propone un grupo de físicos estadounidenses en un estudio publicado en Space Weather, para defender nuestro planeta de las tormentas solares más intensas.Su idea consiste en desplegar, solo cuando sea necesario, una suerte de “airbag espacial”: una nube artificial de plasma capaz de reforzar temporalmente la frontera magnética que nos protege del viento solar. Puede sonar a ciencia ficción. Sin embargo, los autores, liderados por Brian Walsh, aseguran que la tecnología necesaria ya existe y que, al menos sobre el papel, podría reducir a la mitad la intensidad con la que una gran tormenta geomagnética afectaría a la Tierra.Para entender su funcionamiento es importante comprender cómo funcionan las tormentas solares. Pese a nuestra visión privilegiada desde la Tierra, la realidad es que el Sol no es una esfera tranquila. Con frecuencia libera gigantescas erupciones conocidas como eyecciones de masa coronal, enormes nubes de plasma cargadas de partículas y campos magnéticos que pueden viajar millones de kilómetros hasta alcanzar la Tierra. Y lo hacen a una velocidad de hasta 3.000 km/s.La mayor parte de las veces nuestra magnetosfera desvía ese material sin mayores consecuencias. Pero cuando la eyección es especialmente intensa y su campo magnético apunta en la dirección adecuada, ambas estructuras pueden “sumarse” mediante un proceso conocido como reconexión magnética. En ese momento enormes cantidades de energía penetran en el entorno terrestre. Las consecuencias pueden ir desde espectaculares auroras hasta interrupciones de las comunicaciones por radio, errores en los sistemas GPS, daños en satélites e incluso corrientes eléctricas capaces de sobrecargar grandes redes de distribución eléctrica. El histórico Evento Carrington de 1859 sigue siendo el ejemplo más extremo conocido, aunque hoy tendría consecuencias mucho más graves debido a nuestra dependencia tecnológica. La propuesta se originó en el descubrimiento de una región formada por plasma (gas ionizado compuesto por partículas cargadas) llamada plasmasfera alrededor del planeta. Durante una tormenta solar, parte de ese plasma es expulsado hacia el borde de la magnetosfera. Lejos de ser un problema, ese material actúa como un amortiguador natural: dificulta la transferencia de energía desde el viento solar hacia el campo magnético terrestre.El equipo de Walsh se preguntó si sería posible reforzar artificialmente ese proceso. La propuesta, bautizada como StormWall, consistiría en desplegar una pequeña constelación de seis satélites en órbita geoestacionaria. C
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