Skip to content
Crónica Actual
  sábado 4 julio 2026
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Tendencias
4 de julio de 2026El Mundial, hasta en el dentista 4 de julio de 2026Una parlamentaria holandesa pide utilizar munición real contra los aficionados marroquíes que celebran los triunfos de ss selección 4 de julio de 2026Los seis rasgos físicos que más mensajes reciben en las apps de citas, según un estudio 4 de julio de 2026Alerta amarilla por la ola de calor esta tarde del sábado con temperaturas infernales en el interior de Valencia 4 de julio de 2026Cuatro medios aéreos trabajan en la extinción de un incendio en Culla (Castellón) 4 de julio de 2026Colombia sigue bailando y ya está en octavos de final 4 de julio de 2026Detenido un sospechoso por el asesinato a tiros de un menor de 15 años en Barcelona 4 de julio de 2026La RD del Congo eleva a 473 el número de muertos y a 1.502 los casos confirmados de ébola 4 de julio de 2026Arranca la campaña «Mójate por la Esclerosis Múltiple» 4 de julio de 2026Siguen subiendo las temperaturas en la Región de Murcia donde se llegará a los 36 grados este sábado
Crónica Actual
Crónica Actual
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Crónica Actual
  España  Andalucía  Lingüistas haciendo (mala) política
AndalucíaEspaña

Lingüistas haciendo (mala) política

2 de mayo de 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Es un mito que el español sea una lengua propia de Cataluña; lo es tan poco como el inglés y, en puridad, habría que despojarlo de su estatus de lengua oficial allí para asegurar la pervivencia del catalán. La gente puede hablar como quiera; decir que hay lenguas que son objeto de imposición en algunos lugares es basura ideológica. Todas las lenguas del mundo discriminan a las mujeres. Las anteriores no son afirmaciones hechas por cualquiera en mitad de una charla informal con amigos. Son parte de entrevistas publicadas en prensa y realizadas a conocidos lingüistas españoles, con una dilatada trayectoria docente e investigadora. En realidad, es posible encontrar juicios semejantes en sus obras académicas, muchas de las cuales se dedican, de hecho, a tratar de justificar tales afirmaciones y darles un fundamento científico. El problema es que tal fundamento supone un uso parcial de la actual evidencia científica, que, como cabría esperar, es mucho menos tajante al respecto. Así, la idea de que el español es una lengua alienígena en Cataluña y que solo el catalán puede considerarse la lengua nacional de ese territorio ignora la genuina naturaleza de la cultura catalana y la verdadera historia de la región, pero es, sobre todo, una revitalización de lo más excluyente de la ideología romántica: la identificación entre pueblo, lengua y nación, que tantas tragedias ha causado en los dos últimos siglos.. Un lingüista ecuánime reconocería que una lengua nacional es también con frecuencia una que se elige para cohesionar territorios que son diversos desde el punto de vista lingüístico y cultural. Y en último término, que igual de legítimo es identificarse emocionalmente con una lengua local, por sentir que nos vincula a un pasado siempre mitificado, que hacerlo pragmáticamente con una lengua cuya distribución desborda los límites del solar patrio, por constatar que nos permite comunicarnos con más personas. Lo mismo sucede con la supuesta libertad de los hablantes para usar en cualquier circunstancia la variedad (o la lengua) que les plazca. Algo así es mero adanismo, porque todos estamos condicionados, en mayor o menor medida, por lo que hacen y dicen los demás, y especialmente, por lo que esperan de nosotros, que es, casi siempre, que nos comportemos siguiendo ciertas normas. Una cosa es burlarse de alguien por su forma de hablar y otra no hacer notar a alguien que no se está ateniendo a la cortesía lingüística. Atemperar los rasgos dialectales propios al hablar con personas de otras procedencias geográficas no necesariamente supone una sumisión a la norma dominante; es, de hecho, una buena manera de asegurar que nos comprendan. ¿Acaso no cambiamos también nuestra forma de expresarnos cuando respondemos al extranjero que nos pregunta o damos explicaciones a un niño pequeño? Del mismo modo, que aproximemos nuestra forma de hablar al estándar cuando el ambiente es más formal (al dar una conferencia, por ejemplo) no difiere, en realidad, de lo que hacemos cuando nos ponemos nuestras mejores galas para asistir a actos solemnes, como una boda, a la que nadie iría en chándal. Y en cuanto a la discriminación de las mujeres que se supone que hacen las lenguas universalmente, nadie niega que muchas formas femeninas posean un carácter peyorativo en comparación con las masculinas (no es lo mismo ser un zorro que una zorra), ni que en muchas lenguas el masculino sea el género no marcado (lo que significa que permite aludir no solo a los hombres, sino a grupos mixtos, cosa que no pasa con el femenino). En esto las lenguas no son más que un reflejo de la sociedad que las habla. Efectivamente, cuanto más separadas son las vidas que llevan hombres y mujeres, mayores diferencias hay entre las variedades lingüísticas que emplean (como ocurre con. el “joseigo”, o habla femenina japonesa, y el “danseigo”, o habla masculina), hasta el extremo de que, en algunos lugares, como el Amazonas, hombres y mujeres llegan a hablar lenguas distintas. Pero lo anterior no es algo que afecte exclusivamente a las mujeres, sino a cualquier grupo social con poco estatus. Y en todo caso, no es lo mismo invisibilizar que discriminar.. El problema de dictums como los anteriores no es solo que minimizan (o ignoran) las evidencias, interpretaciones y teorías lingüísticas que están en desacuerdo con la descripción y la lectura que hacen de los hechos sobre los que se pronuncian, sino que, precisamente por su naturaleza parcial, originan expectativas (y en último término, actuaciones) poco deseables. Así, defender que se excluya al español de la vida pública en Cataluña para reducir la pérdida de implantación social del catalán es hacer de las lenguas fines y no los medios que deberían ser. El bienestar de las personas no puede anteponerse al de los productos que crean (y la lengua, como el arte o la gastronomía, es uno de ellos). Son las lenguas las que deben estar al servicio de las gentes y no al revés. Por lo demás, llevar tales medidas a la práctica no evitará, claro está, que el español deje de hablarse en Cataluña. No obstante, sí privará a quienes lo usan del conocimiento de su forma culta y les dificultará, por consiguiente, el disfrute de la alta cultura en esta lengua. Para terminar, la promoción de una lengua local a expensas de otra más difundida se hace también con fines menos nobles, por ejemplo, para evitar que personas de otras partes del país puedan acceder a puestos en la administración regional o, como pretende la Generalidad en estos momentos, para denegar el permiso de residencia a los extranjeros y obligarlos a marcharse a otras zonas. También las denuncias por glotofobia (esto es, rechazo al que habla distinto) conducen con frecuencia a un victimismo no menos excluyente: ya dejó escrito Balzac que el fanatismo es la única fuerza de los débiles. Y como nos advirtió Popper, cuando una sociedad tolerante no se defiende del atropello de los intolerantes, son los tolerantes y la propia tolerancia quienes acaban destruidos. Finalmente, las propuestas de reforma de la lengua que buscan acabar con la supuesta discriminación que esta hace de las mujeres, como ocurre paradigmáticamente con el denominado “lenguaje inclusivo”, sobrevaloran el efecto que las lenguas tienen sobre la manera en que percibimos y entendemos la realidad: más que como anteojeras que reducen nuestra visión del mundo o como corsé que constriñe nuestro pensamiento, las lenguas se limitan a focalizar nuestra atención sobre ciertas cosas o facilitar determinados modos de procesar la información, pero siempre de modo muy sutil. La idea de que únicamente vemos y pensamos el mundo en los términos de las categorías de nuestra lengua entraña un determinismo que no corrobora la evidencia científica. Quienes creen que, para conseguir un mundo más igualitario, es más eficaz modificar la lengua que refleja la desigualdad existente que derogar las leyes que la sancionan están alineándose, de facto, con la política que Orwell satirizó en “1984”: prohibir ciertas palabras para evitar que la gente lleve a la práctica las ideas que vehiculizan. Claro que sin la palabra “democracia” se puede luchar por ella, del mismo modo que se puede ser machista expresándose únicamente en lenguaje inclusivo. Solo la educación puede cambiar este estado de cosas.. Todo científico corre el riesgo de caer por la suave pero resbaladiza pendiente que conduce de la expresión de las ideas políticas propias al uso de su ciencia para defenderlas y en último término, para imponerlas. No es de extrañar que pronunciamientos como los que encabezan la tribuna sean tan bien acogidos por los movimientos extremistas (independentistas, neomarxistas o feministas radicales): no solo ven en ellos una sanción de sus programas políticos, sino el embalaje perfecto para presentarlos en sociedad y volverlos aceptables, por el predicamento que sigue teniendo la ciencia. Dejarse caer por tal pendiente supone, así, manipular al ciudadano, a quien se priva de conocer lo negativo de las medidas que se quieren tomar, pero también a la propia ciencia, a la que se obliga a plegarse al interés político. Frente a esto solo cabe defender la verdad, cueste lo que cueste. Da mucho que pensar que, pasados tres siglos, hoy sea más urgente que nunca enarbolar en el mundo académico la bandera de la Ilustración: “¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!”

Más noticias

Familiares del doble crimen de Almonte insisten en «la deuda pendiente por memoria y dignidad»

27 de abril de 2026

Casi 600.000 catalanes ingresan de media 924 euros al mes en alquileres

9 de mayo de 2026

Así es el videoclip con el grupo y la voz de Juanma Moreno para las elecciones

13 de mayo de 2026

15M: El PSOE aprobará las leyes de reto demográfico y ordenación del territorio si gobierna

25 de febrero de 2026

 

«Claro que sin la palabra “democracia” se puede luchar por ella, del mismo modo que se puede ser machista expresándose únicamente en lenguaje inclusivo»

  

Es un mito que el español sea una lengua propia de Cataluña; lo es tan poco como el inglés y, en puridad, habría que despojarlo de su estatus de lengua oficial allí para asegurar la pervivencia del catalán. La gente puede hablar como quiera; decir que hay lenguas que son objeto de imposición en algunos lugares es basura ideológica. Todas las lenguas del mundo discriminan a las mujeres. Las anteriores no son afirmaciones hechas por cualquiera en mitad de una charla informal con amigos. Son parte de entrevistas publicadas en prensa y realizadas a conocidos lingüistas españoles, con una dilatada trayectoria docente e investigadora. En realidad, es posible encontrar juicios semejantes en sus obras académicas, muchas de las cuales se dedican, de hecho, a tratar de justificar tales afirmaciones y darles un fundamento científico. El problema es que tal fundamento supone un uso parcial de la actual evidencia científica, que, como cabría esperar, es mucho menos tajante al respecto. Así, la idea de que el español es una lengua alienígena en Cataluña y que solo el catalán puede considerarse la lengua nacional de ese territorio ignora la genuina naturaleza de la cultura catalana y la verdadera historia de la región, pero es, sobre todo, una revitalización de lo más excluyente de la ideología romántica: la identificación entre pueblo, lengua y nación, que tantas tragedias ha causado en los dos últimos siglos.. Un lingüista ecuánime reconocería que una lengua nacional es también con frecuencia una que se elige para cohesionar territorios que son diversos desde el punto de vista lingüístico y cultural. Y en último término, que igual de legítimo es identificarse emocionalmente con una lengua local, por sentir que nos vincula a un pasado siempre mitificado, que hacerlo pragmáticamente con una lengua cuya distribución desborda los límites del solar patrio, por constatar que nos permite comunicarnos con más personas. Lo mismo sucede con la supuesta libertad de los hablantes para usar en cualquier circunstancia la variedad (o la lengua) que les plazca. Algo así es mero adanismo, porque todos estamos condicionados, en mayor o menor medida, por lo que hacen y dicen los demás, y especialmente, por lo que esperan de nosotros, que es, casi siempre, que nos comportemos siguiendo ciertas normas. Una cosa es burlarse de alguien por su forma de hablar y otra no hacer notar a alguien que no se está ateniendo a la cortesía lingüística. Atemperar los rasgos dialectales propios al hablar con personas de otras procedencias geográficas no necesariamente supone una sumisión a la norma dominante; es, de hecho, una buena manera de asegurar que nos comprendan. ¿Acaso no cambiamos también nuestra forma de expresarnos cuando respondemos al extranjero que nos pregunta o damos explicaciones a un niño pequeño? Del mismo modo, que aproximemos nuestra forma de hablar al estándar cuando el ambiente es más formal (al dar una conferencia, por ejemplo) no difiere, en realidad, de lo que hacemos cuando nos ponemos nuestras mejores galas para asistir a actos solemnes, como una boda, a la que nadie iría en chándal. Y en cuanto a la discriminación de las mujeres que se supone que hacen las lenguas universalmente, nadie niega que muchas formas femeninas posean un carácter peyorativo en comparación con las masculinas (no es lo mismo ser un zorro que una zorra), ni que en muchas lenguas el masculino sea el género no marcado (lo que significa que permite aludir no solo a los hombres, sino a grupos mixtos, cosa que no pasa con el femenino). En esto las lenguas no son más que un reflejo de la sociedad que las habla. Efectivamente, cuanto más separadas son las vidas que llevan hombres y mujeres, mayores diferencias hay entre las variedades lingüísticas que emplean (como ocurre con. el “joseigo”, o habla femenina japonesa, y el “danseigo”, o habla masculina), hasta el extremo de que, en algunos lugares, como el Amazonas, hombres y mujeres llegan a hablar lenguas distintas. Pero lo anterior no es algo que afecte exclusivamente a las mujeres, sino a cualquier grupo social con poco estatus. Y en todo caso, no es lo mismo invisibilizar que discriminar.. El problema de dictums como los anteriores no es solo que minimizan (o ignoran) las evidencias, interpretaciones y teorías lingüísticas que están en desacuerdo con la descripción y la lectura que hacen de los hechos sobre los que se pronuncian, sino que, precisamente por su naturaleza parcial, originan expectativas (y en último término, actuaciones) poco deseables. Así, defender que se excluya al español de la vida pública en Cataluña para reducir la pérdida de implantación social del catalán es hacer de las lenguas fines y no los medios que deberían ser. El bienestar de las personas no puede anteponerse al de los productos que crean (y la lengua, como el arte o la gastronomía, es uno de ellos). Son las lenguas las que deben estar al servicio de las gentes y no al revés. Por lo demás, llevar tales medidas a la práctica no evitará, claro está, que el español deje de hablarse en Cataluña. No obstante, sí privará a quienes lo usan del conocimiento de su forma culta y les dificultará, por consiguiente, el disfrute de la alta cultura en esta lengua. Para terminar, la promoción de una lengua local a expensas de otra más difundida se hace también con fines menos nobles, por ejemplo, para evitar que personas de otras partes del país puedan acceder a puestos en la administración regional o, como pretende la Generalidad en estos momentos, para denegar el permiso de residencia a los extranjeros y obligarlos a marcharse a otras zonas. También las denuncias por glotofobia (esto es, rechazo al que habla distinto) conducen con frecuencia a un victimismo no menos excluyente: ya dejó escrito Balzac que el fanatismo es la única fuerza de los débiles. Y como nos advirtió Popper, cuando una sociedad tolerante no se defiende del atropello de los intolerantes, son los tolerantes y la propia tolerancia quienes acaban destruidos. Finalmente, las propuestas de reforma de la lengua que buscan acabar con la supuesta discriminación que esta hace de las mujeres, como ocurre paradigmáticamente con el denominado “lenguaje inclusivo”, sobrevaloran el efecto que las lenguas tienen sobre la manera en que percibimos y entendemos la realidad: más que como anteojeras que reducen nuestra visión del mundo o como corsé que constriñe nuestro pensamiento, las lenguas se limitan a focalizar nuestra atención sobre ciertas cosas o facilitar determinados modos de procesar la información, pero siempre de modo muy sutil. La idea de que únicamente vemos y pensamos el mundo en los términos de las categorías de nuestra lengua entraña un determinismo que no corrobora la evidencia científica. Quienes creen que, para conseguir un mundo más igualitario, es más eficaz modificar la lengua que refleja la desigualdad existente que derogar las leyes que la sancionan están alineándose, de facto, con la política que Orwell satirizó en “1984”: prohibir ciertas palabras para evitar que la gente lleve a la práctica las ideas que vehiculizan. Claro que sin la palabra “democracia” se puede luchar por ella, del mismo modo que se puede ser machista expresándose únicamente en lenguaje inclusivo. Solo la educación puede cambiar este estado de cosas.. Todo científico corre el riesgo de caer por la suave pero resbaladiza pendiente que conduce de la expresión de las ideas políticas propias al uso de su ciencia para defenderlas y en último término, para imponerlas. No es de extrañar que pronunciamientos como los que encabezan la tribuna sean tan bien acogidos por los movimientos extremistas (independentistas, neomarxistas o feministas radicales): no solo ven en ellos una sanción de sus programas políticos, sino el embalaje perfecto para presentarlos en sociedad y volverlos aceptables, por el predicamento que sigue teniendo la ciencia. Dejarse caer por tal pendiente supone, así, manipular al ciudadano, a quien se priva de conocer lo negativo de las medidas que se quieren tomar, pero también a la propia ciencia, a la que se obliga a plegarse al interés político. Frente a esto solo cabe defender la verdad, cueste lo que cueste. Da mucho que pensar que, pasados tres siglos, hoy sea más urgente que nunca enarbolar en el mundo académico la bandera de la Ilustración: “¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!”

 Noticias de Andalucía en La Razón

El Reto Pichón convierte el Juan Carlos I en una pista de solidaridad
Cuando mi primo me preguntó si Vito Quiles era buen periodista
Leer también
Deportes

El Mundial, hasta en el dentista

4 de julio de 2026 10095
Sociedad

Una parlamentaria holandesa pide utilizar munición real contra los aficionados marroquíes que celebran los triunfos de ss selección

4 de julio de 2026 12452
Sociedad

Los seis rasgos físicos que más mensajes reciben en las apps de citas, según un estudio

4 de julio de 2026 5602
Comunidad de Valencia

Alerta amarilla por la ola de calor esta tarde del sábado con temperaturas infernales en el interior de Valencia

4 de julio de 2026 11207
Comunidad de Valencia

Cuatro medios aéreos trabajan en la extinción de un incendio en Culla (Castellón)

4 de julio de 2026 11468
Deportes

Colombia sigue bailando y ya está en octavos de final

4 de julio de 2026 4689
Cargar más
Entradas Recientes

El Mundial, hasta en el dentista

4 de julio de 2026

Una parlamentaria holandesa pide utilizar munición real contra los aficionados marroquíes que celebran los triunfos de ss selección

4 de julio de 2026

Los seis rasgos físicos que más mensajes reciben en las apps de citas, según un estudio

4 de julio de 2026

Alerta amarilla por la ola de calor esta tarde del sábado con temperaturas infernales en el interior de Valencia

4 de julio de 2026

Cuatro medios aéreos trabajan en la extinción de un incendio en Culla (Castellón)

4 de julio de 2026

Colombia sigue bailando y ya está en octavos de final

4 de julio de 2026
    Crónica Actual
    En ‘Crónica Actual’, nos dedicamos a la búsqueda incansable de la verdad y la precisión en el periodismo. Con un equipo de reporteros experimentados y una red de corresponsales en todo el mundo, ofrecemos cobertura en tiempo real de los eventos más importantes. Nuestra misión es informar a nuestros lectores con reportajes detallados, análisis profundos y una narrativa que conecta los puntos en el complejo tapiz de la sociedad. Desde conflictos internacionales hasta avances científicos, pasando por las últimas tendencias culturales, ‘Crónica Actual’ es su fuente confiable de noticias que importan.
    CRONICAACTUAL.COM © 2025 | Todos los derechos reservados.
    • Contacto
    • Sobre Nosotros
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad