Un año después de que se presentara al mundo en la logia de las bendiciones de la basílica de San Pedro como emisario de una «paz desarmada y desarmante», León XIV redobló hoy este compromiso contra toda forma de violencia en Pompeya y Nápoles. Si en aquel 8 de junio de 2025 resonó ese grito contra la guerra, con conflictos de Israel y Gaza de fondo, se elevó todavía más hace unas semanas cuando se desató la crisis de Irán. Los ataques recibidos por Donald Trump de forma constante hasta hace cuatro días han encontrado respuesta en la contundente serenidad de un Pontífice discreto que se ha ganado su autoridad ética global. «Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad», comentó este martes ante los nuevos dardos del presidente norteamericano.. Ayer no le dedicó ni un segundo al líder republicano, pero sí se afanó en volver a reivindicar la fraternidad y la paz como ejes fundamentales para construir la sociedad en las dos ciudades del sur de Italia que visitó. Poco antes de las nueve de la mañana, el Pontífice agustino llegaba en helicóptero a Pompeya para dirigirse al santuario de Nuestra Señora del Rosario, justo en el día en el que se cumplían cincuenta años del inicio de su construcción.. Desde allí, Robert Prevost explicó a los presentes que «la paz nace en el corazón». «No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que las noticias nos ofrecen cada día», sentenció el Pontífice norteamericano durante la eucaristía que presidió. Por eso, reivindicó una paz «que derrame misericordia, que toque los corazones, apacigüe el resentimiento y el odio fratricida, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno».. El Papa denunció que «las guerras que aún se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado no solo económico y político, sino también espiritual y religioso». A la vez recordó que la paz está amenazada por «una economía que prefiere el comercio de armas al respeto por la vida humana».. En la homilía, también hubo hueco para hacer una referencia al que era un día especialmente significativo para él: «Hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio del Sucesor de Pedro, fue precisamente el día de la Súplica a la Virgen, este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya». «Por eso he tenido que venir aquí para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen», comentó a renglón seguido.. Su clamor por la paz no se rebajó por la tarde en Nápoles. En la capital de la Camorra, León XIV tuvo oportunidad de exponer una hoja de ruta para la regeneración de una ciudad marcada por el crimen y, por tanto, por la violencia. Lo hizo, tanto en el encuentro que mantuvo en la catedral con el clero, los religiosos y los agentes de pastoral, como después en la Plaza del Plebiscito, en un foro ciudadano que presidió.. «La paz se construye promoviendo una cultura alternativa a la violencia, mediante gestos cotidianos, recorridos educativos y decisiones prácticas de justicia», entonó con una voz firme el Papa norteamericano en un discurso pronunciado al aire libre. De la misma manera, Prevost explicó que «no existe paz sin justicia, y que la justicia, para ser auténtica, nunca puede estar separada de la caridad».. Tras escuchar testimonios de algunos ciudadanos que compartieron sus dificultades para salir adelante, el Papa radiografío la realidad del suelo que pisaba, constatando que «estas voces hablan de una Nápoles que a menudo camina cansada, desorientada y decepcionada». «En esta ciudad corre un anhelo de vida, de justicia y de bien que no puede ser vencido por el mal, el desaliento y la resignación», apuntó.. Este contexto le permitió criticar a fondo la «brecha social» de desigualdad y pobreza en la que está atrapada la población local. Así, enumeró «la disparidad de ingresos, las escasas perspectivas de trabajo, la carencia de estructuras adecuadas y de servicios, la acción invasiva de la criminalidad, el drama del desempleo, el abandono escolar y otras situaciones que hacen más pesada la vida de muchas personas».. A los poderes públicos les dijo que «la acción del Estado es más necesaria que nunca, para dar seguridad y confianza a los ciudadanos y quitar espacio al crimen organizado».. En el interior de la catedral, el Obispo de Roma se hizo eco de «numerosas fragilidades sociales y con los múltiples rostros de la pobreza» existentes, marcadas «por tantos sufrimientos e incluso ensangrentada por la violencia».
Un año después de su primer discurso como Papa, Robert Prevost reivindicó ayer una «cultura alternativa a la violencia»
Un año después de que se presentara al mundo en la logia de las bendiciones de la basílica de San Pedro como emisario de una «paz desarmada y desarmante», León XIV redobló hoy este compromiso contra toda forma de violencia en Pompeya y Nápoles. Si en aquel 8 de junio de 2025 resonó ese grito contra la guerra, con conflictos de Israel y Gaza de fondo, se elevó todavía más hace unas semanas cuando se desató la crisis de Irán. Los ataques recibidos por Donald Trump de forma constante hasta hace cuatro días han encontrado respuesta en la contundente serenidad de un Pontífice discreto que se ha ganado su autoridad ética global. «Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio, que lo haga con la verdad», comentó este martes ante los nuevos dardos del presidente norteamericano.. Ayer no le dedicó ni un segundo al líder republicano, pero sí se afanó en volver a reivindicar la fraternidad y la paz como ejes fundamentales para construir la sociedad en las dos ciudades del sur de Italia que visitó. Poco antes de las nueve de la mañana, el Pontífice agustino llegaba en helicóptero a Pompeya para dirigirse al santuario de Nuestra Señora del Rosario, justo en el día en el que se cumplían cincuenta años del inicio de su construcción.. Desde allí, Robert Prevost explicó a los presentes que «la paz nace en el corazón». «No podemos resignarnos a las imágenes de muerte que las noticias nos ofrecen cada día», sentenció el Pontífice norteamericano durante la eucaristía que presidió. Por eso, reivindicó una paz «que derrame misericordia, que toque los corazones, apacigüe el resentimiento y el odio fratricida, e ilumine a quienes tienen responsabilidades especiales de gobierno».. El Papa denunció que «las guerras que aún se libran en tantas regiones del mundo exigen un compromiso renovado no solo económico y político, sino también espiritual y religioso». A la vez recordó que la paz está amenazada por «una economía que prefiere el comercio de armas al respeto por la vida humana».. En la homilía, también hubo hueco para hacer una referencia al que era un día especialmente significativo para él: «Hace exactamente un año, cuando se me confió el ministerio del Sucesor de Pedro, fue precisamente el día de la Súplica a la Virgen, este hermoso día de la Súplica a la Virgen del Santo Rosario de Pompeya». «Por eso he tenido que venir aquí para poner mi servicio bajo la protección de la Santísima Virgen», comentó a renglón seguido.. Su clamor por la paz no se rebajó por la tarde en Nápoles. En la capital de la Camorra, León XIV tuvo oportunidad de exponer una hoja de ruta para la regeneración de una ciudad marcada por el crimen y, por tanto, por la violencia. Lo hizo, tanto en el encuentro que mantuvo en la catedral con el clero, los religiosos y los agentes de pastoral, como después en la Plaza del Plebiscito, en un foro ciudadano que presidió.. «La paz se construye promoviendo una cultura alternativa a la violencia, mediante gestos cotidianos, recorridos educativos y decisiones prácticas de justicia», entonó con una voz firme el Papa norteamericano en un discurso pronunciado al aire libre. De la misma manera, Prevost explicó que «no existe paz sin justicia, y que la justicia, para ser auténtica, nunca puede estar separada de la caridad».. Tras escuchar testimonios de algunos ciudadanos que compartieron sus dificultades para salir adelante, el Papa radiografío la realidad del suelo que pisaba, constatando que «estas voces hablan de una Nápoles que a menudo camina cansada, desorientada y decepcionada». «En esta ciudad corre un anhelo de vida, de justicia y de bien que no puede ser vencido por el mal, el desaliento y la resignación», apuntó.. Este contexto le permitió criticar a fondo la «brecha social» de desigualdad y pobreza en la que está atrapada la población local. Así, enumeró «la disparidad de ingresos, las escasas perspectivas de trabajo, la carencia de estructuras adecuadas y de servicios, la acción invasiva de la criminalidad, el drama del desempleo, el abandono escolar y otras situaciones que hacen más pesada la vida de muchas personas».. A los poderes públicos les dijo que «la acción del Estado es más necesaria que nunca, para dar seguridad y confianza a los ciudadanos y quitar espacio al crimen organizado».. En el interior de la catedral, el Obispo de Roma se hizo eco de «numerosas fragilidades sociales y con los múltiples rostros de la pobreza» existentes, marcadas «por tantos sufrimientos e incluso ensangrentada por la violencia».
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