La Casa de la Iglesia, sede de la Conferencia Episcopal, se engalanó para recibir la visita de León XIV y celebrar también los 60 años de la institución colegial que agrupa a los obispos de las 70 diócesis españolas. Allí, el Papa abordó varios temas, desde los abusos sexuales hasta la formación de los seminaristas y candidatos al clero, pasando por la educación o la importancia de los laicos en la vida de la Iglesia.. En la sala de la Plenaria, los obispos acogieron al Pontífice con un gran aplauso que fue seguido de las palabras de bienvenida del presidente del episcopado Luis Argüello, quien resalto que su presencia «aviva nuestra conciencia de sabernos miembros del Colegio de los Doce, presididos por el sucesor de Pedro» y expresó la esperanza que acarrea consigo ayudando al «celo apostólico» de los obispos.. Al inicio de su discurso, León XIV hizo referencia al «camino sinodal emprendido por la Iglesia», que «es un proceso de escucha en profundidad para ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial, uno de sus valores fundamentales».. El Papa pidió hacer «un viaje sui generis», para lo que los invitó a alzar «nuestra mirada» e introducir la cuestión migratoria. «No conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega», reconoció.. A la pregunta de «cómo podemos afrontar este reto que nos hemos propuesto», detalló que se «debe conjugar prudentemente la libertad y la valentía, para dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita».. León reivindicó el «inmenso patrimonio cristiano» de nuestro país, así como la inmensa tradición espiritual de España, para lo que pidió no olvidar los sacramentos, el «Viático del peregrino». «El Pan de la Palabra y de la eucaristía nos son aún más necesarios que el alimento material, porque nos abren el camino de la salvación. No es un problema de cómo hacer más o menos atractiva la celebración, es sentir que, si somos parte de Él, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material», dijo.. Conocedor de la sociedad secularizada española, afirmó que «la vida sacramental va acompasando nuestra existencia como la de un niño que recibe el alimento de su madre, como la de un deportista que va midiendo las fuerzas necesarias para llegar a la meta», y la propuso como respuesta a la búsqueda de fe. Al mismo tiempo, invitó a que «nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de diálogo con aquellos que encontramos en nuestro camino».. Por otro lado, León XIV hizo un llamamiento a los obispos a «construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes». Es necesario «abajarse no sólo para comprender, sino para compartir» porque «sólo sobre la base de poner en común todo lo bueno que hay en el propio patrimonio, aportando cada uno su granito de arena, podremos edificar una realidad nueva en la que la fe pueda hundir raíces profundas». Frente a las polarizaciones, «hay que comenzar por aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo vínculos donde poder sembrar la semilla del Reino». Asimismo, también pidió «crear realidades» que puedan «comunicar la propia experiencia de fe» en un tiempo «de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras», para lo que pidió un «testimonio de unidad en la pluralidad: una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas» y de las distintas «sensibilidades».. «Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado», dijo a los prelados, subrayando a continuación que «una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común».. El Papa también tuvo palabras para animar a que la pastoral vocacional no se reduzca «a una simple búsqueda de números», sino que sea reflejo de «comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande». Sobre esto advirtió de que «la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación». Los seminaristas, «tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados», apuntó. Pidió para los seminarios «una adecuada experiencia de vida comunitaria» y «formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual».. León no eludió hablar de uno de los temas dolorosos, el de los abusos por parte del clero, cuyas víctimas «han sido heridas precisamente por quienes debían cuidarlos». Ante esta «plaga», la comunidad eclesial «está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado». Por eso, subrayó, «cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación».. El Pontífice abandonó la sede de la Conferencia después de saludar personalmente a cada uno de los obispos y de hacerse una foto de familia con los empleados laicos que trabajan en la institución. También descubrió una placa conmemorativa de su visita y firmó en el Libro de Honor.
Reivindicó el «inmenso patrimonio cristiano» de España, así como nuestra inmensa tradición espiritual
La Casa de la Iglesia, sede de la Conferencia Episcopal, se engalanó para recibir la visita de León XIV y celebrar también los 60 años de la institución colegial que agrupa a los obispos de las 70 diócesis españolas. Allí, el Papa abordó varios temas, desde los abusos sexuales hasta la formación de los seminaristas y candidatos al clero, pasando por la educación o la importancia de los laicos en la vida de la Iglesia.. En la sala de la Plenaria, los obispos acogieron al Pontífice con un gran aplauso que fue seguido de las palabras de bienvenida del presidente del episcopado Luis Argüello, quien resalto que su presencia «aviva nuestra conciencia de sabernos miembros del Colegio de los Doce, presididos por el sucesor de Pedro» y expresó la esperanza que acarrea consigo ayudando al «celo apostólico» de los obispos.. Al inicio de su discurso, León XIV hizo referencia al «camino sinodal emprendido por la Iglesia», que «es un proceso de escucha en profundidad para ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial, uno de sus valores fundamentales».. El Papa pidió hacer «un viaje sui generis», para lo que los invitó a alzar «nuestra mirada» e introducir la cuestión migratoria. «No conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega», reconoció.. A la pregunta de «cómo podemos afrontar este reto que nos hemos propuesto», detalló que se «debe conjugar prudentemente la libertad y la valentía, para dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita».. León reivindicó el «inmenso patrimonio cristiano» de nuestro país, así como la inmensa tradición espiritual de España, para lo que pidió no olvidar los sacramentos, el «Viático del peregrino». «El Pan de la Palabra y de la eucaristía nos son aún más necesarios que el alimento material, porque nos abren el camino de la salvación. No es un problema de cómo hacer más o menos atractiva la celebración, es sentir que, si somos parte de Él, su ausencia nos produce un desasosiego que podemos comparar con el hambre material», dijo.. Conocedor de la sociedad secularizada española, afirmó que «la vida sacramental va acompasando nuestra existencia como la de un niño que recibe el alimento de su madre, como la de un deportista que va midiendo las fuerzas necesarias para llegar a la meta», y la propuso como respuesta a la búsqueda de fe. Al mismo tiempo, invitó a que «nuestro patrimonio sea siempre instrumento y oportunidad de diálogo con aquellos que encontramos en nuestro camino».. Por otro lado, León XIV hizo un llamamiento a los obispos a «construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes». Es necesario «abajarse no sólo para comprender, sino para compartir» porque «sólo sobre la base de poner en común todo lo bueno que hay en el propio patrimonio, aportando cada uno su granito de arena, podremos edificar una realidad nueva en la que la fe pueda hundir raíces profundas». Frente a las polarizaciones, «hay que comenzar por aprender el lenguaje del otro, iniciar procesos e ir tejiendo vínculos donde poder sembrar la semilla del Reino». Asimismo, también pidió «crear realidades» que puedan «comunicar la propia experiencia de fe» en un tiempo «de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras», para lo que pidió un «testimonio de unidad en la pluralidad: una comunión capaz de acoger la riqueza de los dones, de los carismas» y de las distintas «sensibilidades».. «Vuestra misión os reclama custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar las fracturas y acompañar el camino del pueblo encomendado a vuestro cuidado», dijo a los prelados, subrayando a continuación que «una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común».. El Papa también tuvo palabras para animar a que la pastoral vocacional no se reduzca «a una simple búsqueda de números», sino que sea reflejo de «comunidades vivas, de sacerdotes felices, de familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, de una Iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande». Sobre esto advirtió de que «la conservación de estructuras no puede prevalecer sobre el bien de la vocación». Los seminaristas, «tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados», apuntó. Pidió para los seminarios «una adecuada experiencia de vida comunitaria» y «formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual».. León no eludió hablar de uno de los temas dolorosos, el de los abusos por parte del clero, cuyas víctimas «han sido heridas precisamente por quienes debían cuidarlos». Ante esta «plaga», la comunidad eclesial «está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado». Por eso, subrayó, «cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación».. El Pontífice abandonó la sede de la Conferencia después de saludar personalmente a cada uno de los obispos y de hacerse una foto de familia con los empleados laicos que trabajan en la institución. También descubrió una placa conmemorativa de su visita y firmó en el Libro de Honor.
Noticias de Sociedad en La Razón
