La Plaza de Toros de Las Ventas ha vivido una de sus jornadas más emotivas este viernes 15 de mayo, coincidiendo con la festividad del patrón de la capital. El maestro Curro Vázquez ha sido el gran protagonista de la Feria de San Isidro tras descubrirse un azulejo conmemorativo en los pasillos de la Monumental, un reconocimiento impulsado por la Comunidad de Madrid que atiende a una histórica reivindicación de la afición venteña, que considera al diestro de Linares uno de los grandes referentes de la década de los 80 en este coso.. El acto, moderado por el periodista Gonzalo Bienvenida, se inició en una abarrotada Sala Antonio Bienvenida con la proyección de un vídeo resumen de su carrera. Curro Vázquez tomó la palabra para mostrar su agradecimiento, destacando que la plaza de Madrid ha sido la piedra angular de su trayectoria profesional. El diestro jiennense recordó que este mismo 15 de mayo se cumplen exactamente 55 años de su confirmación de alternativa en este ruedo, un escenario donde vivió todas las consecuencias de la profesión, desde grandes triunfos hasta fracasos y una cornada de extrema gravedad.. Durante su alocución, el maestro analizó la exigencia de las diferentes épocas que le tocó vivir, compitiendo en sus inicios con figuras de la talla de Manuel Benítez «El Cordobés», Paco Camino, Diego Puerta o Santiago Martín «El Viti». Curro admitió que en los años 80, coincidiendo con la eclosión de la generación de Antonio Chenel «Antoñete», Manolo Vázquez o Dámaso González, él no tenía la capacidad física para afrontar cien corridas por temporada, pero se convirtió en el torero preferido de las empresas para la plaza de Madrid, llegando a anunciarse hasta seis tardes en un mismo abono de San Isidro.. La parte más cercana de la gala llegó con las intervenciones de sus allegados. Su hermano Antonio Vázquez desveló una anécdota de los años 70, recordando cómo un gestor de la plaza le advirtió que si el torero no triunfaba no regresaría al coso; una predicción fallida, ya que el espada terminó trenzando el paseíllo en Las Ventas en más de 70 ocasiones a lo largo de su carrera. También participó el director de cine Agustín Díaz Yanes, quien desveló detalles sobre el magnetismo personal de Curro Vázquez, recordando cómo directores de Hollywood se interesaron por él en el Festival de Sundance o cómo el actor Viggo Mortensen se inspiró en su forma de andar para preparar el rodaje de la película «Alatriste».. El cierre institucional estuvo a cargo de Carlos Novillo, consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior de la Comunidad de Madrid, y Miguel Martín, director del Centro de Asuntos Taurinos. Ambos representantes hicieron entrega al torero de un obsequio muy especial: la cabeza de «Desprendido», el novillo de la ganadería de Garcigrande que el propio Curro Vázquez lidió el pasado 12 de octubre en el festival homenaje a Antoñete celebrado en esta misma plaza. El consejero clausuró el evento afirmando que este azulejo plasma el cariño unánime que el mundo del toro procesa hacia su figura.. Con la colocación de esta placa cerámica en las galerías interiores del edificio neomudéjar, Madrid blinda la memoria de un torero de culto caracterizado por la pureza de su concepto lidiador. El acto sirvió de prólogo a la corrida de la tarde, uniendo de este modo el recuerdo de las grandes faenas del pasado con la actualidad de un abono isidril que sigue consagrando a Las Ventas como el gran templo de la memoria histórica de la fiesta.
La Comunidad de Madrid rinde tributo al diestro de Linares en una abarrotada Sala Antonio Bienvenida; el cineasta Agustín Díaz Yanes y el consejero Carlos Novillo arropan al torero
La Plaza de Toros de Las Ventas. El acto, moderado por el periodista Gonzalo Bienvenida, se inició en una abarrotada Sala Antonio Bienvenida. Durante su alocución, el maestro analizó la exigencia de las diferentes épocas que le tocó vivir, compitiendo en sus inicios con figuras de la talla de Manuel Benítez «El Cordobés», Paco Camino, Diego Puerta o Santiago Martín «El Viti». Curro admitió que en los años 80, coincidiendo con la eclosión de la generación de Antonio Chenel «Antoñete», Manolo Vázquez o Dámaso González, él no tenía la capacidad física para afrontar cien corridas por temporada, pero se convirtió en el torero preferido de las empresas para la plaza de Madrid. La parte más cercana de la gala llegó con las intervenciones de sus allegados. Su hermano Antonio Vázquez desveló una anécdota de los años 70, recordando cómo un gestor de la plaza le advirtió que si el torero no triunfaba no regresaría al coso; una predicción fallida, ya que el espada terminó trenzando el paseíllo en Las Ventas en más de 70 ocasiones. El cierre institucional estuvo a cargo de Carlos Novillo. Con la colocación de esta placa cerámica en las galerías interiores del edificio neomudéjar, Madrid blinda la memoria de un torero de culto caracterizado por la pureza de su concepto lidiador. El acto sirvió de prólogo a la corrida de la tarde, uniendo de este modo el recuerdo de las grandes faenas del pasado con la actualidad de un abono isidril que sigue consagrando a Las Ventas como el gran templo de la memoria histórica de la fiesta.
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