La discriminación siempre empieza en cómo dialogamos. Y las mujeres siguen recibiendo preguntas que nunca escuchan los hombres. También en las entrevistas de la tele y el resto de los medios de comunicación. Ellas, profesionales como ellos, todavía son empujadas a la felicidad asociada a cumplir las expectativas de los cuidados domésticos. Las chicas son arrinconadas en un tipo de sacrificio que jamás se considera en los chicos.. Sucede con claridad en el enfoque de la maternidad. El dilema de la renuncia a ser madre suele surgir cuando se entrevista a una mujer sin hijos. ¿Te arrepientes de no haber tenido hijos? Y si los ha tenido, tampoco hay escapatoria. Entonces, será pregunta por cómo compagina vida profesional y privada. La duda, en cambio, nunca sobresalta en ellos. La exigencia doméstica no se les pide. Como si nosotros no tuviéramos responsabilidades en nuestras casas, en nuestros afectos, en nuestras paternidades.. Porque los roles de género están bien marcados en la cultura de la que venimos. Lo contemplamos constantemente. Estos mismos días, Marta Pombo fue preguntada por «las ayudas» que tenía con los niños para poder salir un rato con sus amigas. «Tengo una suerte de marido, de verdad, es que no me lo creo», respondió. ¿Suerte? ¿Ayudas? ¿Los hijos no son de los dos? Algo gordo falla si se trata como «colaboración» extraordinaria las migajas de una crianza compartida. También, hace una semana, en otro photocall, Almudena Cid delató este tipo de enfoques de las preguntas cuando, cinco años después, fue de nuevo preguntada por su ex. Una deportista olímpica reconocida por sus logros. Ni siquiera muchos recuerdan quién fue su antigua pareja a la que rara vez se pregunta por la evolución profesional de ella. A Almudena, sí. Todo el rato. A las mujeres se las deja atrapadas en ese lazo de la pareja. Aunque sean profesionales independientes, conocidas y reconocidas por su oficio. Similar le pasó a Lara Álvarez. Los reporteros asfálticos celebraron que ya no se la preguntara por su ex y acto seguido la preguntaron qué tal la relación con él. Tras la contradicción, miró a cámara y recordó que no hemos evolucionado tanto como creemos.. Menos aún si se busca el titular del despecho, claro. Las revistas del corazón han sido expertas en este menester: a los señores se les excusa hasta de sus infidelidades sacando el cliché de “es un galán” que viene a ser sinónimo de «no lo puede remediar, como buen macho». Es más, a ellos cuando están “solos” se les regala el oido con «eres un seductor…». Mientras a las señoras se las intenta enquistar en el recuerdo de relaciones del pasado. Se las pretende dejar atrapadas en el «pobrecita». Ellas cuando están “solas” no lo superan. Y no encuentran la estabilidad emocional. Cuando lo sano es que las historias que no funcionan se terminen a tiempo.. Es el machismo que saca músculo en las preguntas que hacen dependiente a la mujer de lugares a los que jamás se estanca al hombre. Es la frustrante condescendencia que siempre nos aprisiona en un único carril de objetivos vitales poco igualitarios. Si te sales del molde de la expectativa de las chicas que nos contaron, te lo recordarán siempre. Y si no, pues también. ¿Para cuándo un bebé? ¿Por qué no fuiste mamá? ¿Te arrepientes? ¿Has realizado muchos sacrificios por tu trabajo? ¿Cómo compaginas la casa y el trabajo? ¿Te ayuda en casa? Interrogantes que ni si quiera se pasan por la mente al entrevistar a ellos. Por qué será.
¿Por qué no fuiste mamá? ¿Te arrepientes? ¿Te ayuda tu chico con los niños? ¿Has realizado muchos sacrificios por tu trabajo? ¿Cómo compaginas la casa y el trabajo?
20MINUTOS.ES – Televisión
La discriminación siempre empieza en cómo dialogamos. Y las mujeres siguen recibiendo preguntas que nunca escuchan los hombres. También en las entrevistas de la tele y el resto de los medios de comunicación. Ellas, profesionales como ellos, todavía son empujadas a la felicidad asociada a cumplir las expectativas de los cuidados domésticos. Las chicas son arrinconadas en un tipo de sacrificio que jamás se considera en los chicos.. Sucede con claridad en el enfoque de la maternidad. El dilema de la renuncia a ser madre suele surgir cuando se entrevista a una mujer sin hijos. ¿Te arrepientes de no haber tenido hijos? Y si los ha tenido, tampoco hay escapatoria. Entonces, será pregunta por cómo compagina vida profesional y privada. La duda, en cambio, nunca sobresalta en ellos. La exigencia doméstica no se les pide. Como si nosotros no tuviéramos responsabilidades en nuestras casas, en nuestros afectos, en nuestras paternidades.. Porque los roles de género están bien marcados en la cultura de la que venimos. Lo contemplamos constantemente. Estos mismos días, Marta Pombo fue preguntada por «las ayudas» que tenía con los niños para poder salir un rato con sus amigas. «Tengo una suerte de marido, de verdad, es que no me lo creo», respondió. ¿Suerte? ¿Ayudas? ¿Los hijos no son de los dos? Algo gordo falla si se trata como «colaboración» extraordinaria las migajas de una crianza compartida. También, hace una semana, en otro photocall, Almudena Cid delató este tipo de enfoques de las preguntas cuando, cinco años después, fue de nuevo preguntada por su ex. Una deportista olímpica reconocida por sus logros. Ni siquiera muchos recuerdan quién fue su antigua pareja a la que rara vez se pregunta por la evolución profesional de ella. A Almudena, sí. Todo el rato. A las mujeres se las deja atrapadas en ese lazo de la pareja. Aunque sean profesionales independientes, conocidas y reconocidas por su oficio. Similar le pasó a Lara Álvarez. Los reporteros asfálticos celebraron que ya no se la preguntara por su ex y acto seguido la preguntaron qué tal la relación con él. Tras la contradicción, miró a cámara y recordó que no hemos evolucionado tanto como creemos.. Menos aún si se busca el titular del despecho, claro. Las revistas del corazón han sido expertas en este menester: a los señores se les excusa hasta de sus infidelidades sacando el cliché de “es un galán” que viene a ser sinónimo de «no lo puede remediar, como buen macho». Es más, a ellos cuando están “solos” se les regala el oido con «eres un seductor…». Mientras a las señoras se las intenta enquistar en el recuerdo de relaciones del pasado. Se las pretende dejar atrapadas en el «pobrecita». Ellas cuando están “solas” no lo superan. Y no encuentran la estabilidad emocional. Cuando lo sano es que las historias que no funcionan se terminen a tiempo.. Es el machismo que saca músculo en las preguntas que hacen dependiente a la mujer de lugares a los que jamás se estanca al hombre. Es la frustrante condescendencia que siempre nos aprisiona en un único carril de objetivos vitales poco igualitarios. Si te sales del molde de la expectativa de las chicas que nos contaron, te lo recordarán siempre. Y si no, pues también. ¿Para cuándo un bebé? ¿Por qué no fuiste mamá? ¿Te arrepientes? ¿Has realizado muchos sacrificios por tu trabajo? ¿Cómo compaginas la casa y el trabajo? ¿Te ayuda en casa? Interrogantes que ni si quiera se pasan por la mente al entrevistar a ellos. Por qué será.
