El mundo se desliza por la senda del rearme más peligrosa jamás vista desde el final de la Guerra Fría. Así lo pone de manifiesto el último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que denuncia la marcha acelerada de las nueve potencias nucleares hacia la modernización y ampliación de sus arsenales en lugar de apostar por el desarme como se venía haciendo desde el final de los años ochenta. Todo ello con el consiguiente peligro de «errores de cálculo» que podrían poner en riesgo la seguridad del planeta.. Los datos aportados por este prestigioso organismo indican que Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel trabajan en nuevos despliegues de sistemas nucleares mientras los mecanismos de control de armas pierden autoridad y eficacia. El SIPRI estima que en enero de 2026 existían unas 12.187 ojivas nucleares en el mundo. De ellas, unas 9.745 estaban almacenadas para un posible uso militar y unas 4.012 ya se encontraban desplegadas en misiles o aeronaves. En total existe ahora mismo entre 2.100 y 2.200 ojivas en estado de máxima alerta operativa, es decir, están preparadas para ser utilizadas en un muy corto espacio de tiempo.. Aunque Rusia y Estados Unidos siguen acaparando la mayor parte de las capacidades nucleares (el 83 % de todas las ojivas almacenadas del planeta), China se posiciona como el país que más ojivas nucleares ha sumado a sus arsenales con un total de 620 ojivas nucleares, con un aumento de unas 120 ojivas en un año. El dato más alarmante indica que Pekín están ampliado su infraestructura de lanzamiento con cientos de silos para misiles balísticos intercontinentales. El SIPRI calcula que podría alcanzar más de 1.000 ojivas antes de 2030.. China no está sola en esta carrera. India y Pakistán están ampliando sus capacidades militares atómicas en medio de una larga disputa fronteriza. Además, Corea del Norte habría ensamblado unas 60 ojivas y dispone de material fisible suficiente para fabricar al menos otras 30 bombas nucleares. Israel no se queda atrás. Pese a que nunca ha reconocido oficialmente poseer armas nucleares, también estaría modernizando sus capacidades estratégicas.. En Europa, Francia -la cuarta potencia nuclear mundial- anunció este año que iba a aumentar el número de ojivas nucleares de sus arsenales. París quiere que sus adversarios jamás llegue a albergar «cualquier posibilidad de atacar Francia sin tener la certeza de que sufrirían daños de los que no se recuperarán». Emmanuel Macron ha asegurado recientemente que Francia «se encuentra en un punto de inflexión geopolítico plagado de riesgos».. Sobre Irán, el SIPRI dedica un capítulo en el que pone de manifiesto una paradoja. Lejos de reforzar la no proliferación, los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes en 2025 -presentadas por EEUU e Israel como un intento de acabar con el programa atómico de los ayatolas- han debilitado la capacidad de supervisión internacional sobre el programa nuclear de Irán.. La disuasión. En los últimos años hemos visto como se han ido desvaneciendo los limites impuestos en el pasado a la proliferación nuclear. La reciente conferencia del Tratado de No Proliferación Nuclear concluyó sin consenso por tercera vez consecutiva. También el año pasado expiró el tratado Nuevo START entre Estados Unidos y Rusia. El SIPRI advierte de que esta combinación de rearme, opacidad de los países y las crecientes tensiones geopolíticas eleva los riesgos para la seguridad internacional.. Cabe recordar que Rusia desplegó armas nucleares tácticas en Bielorrusia como amenaza directa contra Ucrania. Cada vez son más las voces cercanas al Kremlin que piden un escarmiento a países europeos con el lanzamiento de armas nucleares.. El director de SIRPI, Karim Haggag, asegura que existen dos fenómenos con un impacto importante en la seguridad mundial. Uno es el resurgimiento de la guerra entre países tecnológicamente avanzados. El segundo es el debilitamiento de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados. «La confluencia de estos factores está volviendo la política de seguridad internacional cada vez más compleja y está profundizando la inseguridad en muchas partes del mundo», asegura Haggag en una nota de prensa del organismo. A su juicio, el rearme de estos países con la excusa de proteger su seguridad está generando el efecto contrario de aumentar la inseguridad. También sostiene que el comercio, herramienta clave en la prosperidad y la paz de las naciones, se ha vuelto un factor generador de incertidumbre al ser usado como instrumento condicionante, principalmente a través del control de las materias primas, la tecnología y las cadenas de suministro.. El anuario advierte del peligro de integrar la inteligencia artificial (IA) en la gestión directa de las armas nucleares. Lo que sí ha detectado este organismo es el creciente uso militar de la IA para la selección de objetivos, la planificación operativa y el análisis de inteligencia especialmente en las guerras de Gaza y Ucrania. El riesgo está ahí. La automatización de los procesos puede dejar en manos de la inteligencia artificial decisiones estratégicas cada vez más sensibles, como hemos visto recientemente en el la Guerra de Irán. El Pentágono utilizó la inteligencia artificial Claude de Anthropic, integrada en el sistema Maven de Palantir, para coordinar ataques contra Teherán. El uso de esta tecnología permitió al Ejército más poderoso del mundo procesar grandes volúmenes de datos y sugerir cientos de objetivos militares con coordenadas precisas.
El mundo se desliza por la senda del rearme más peligrosa jamás vista desde el final de la Guerra Fría. Así lo pone de manifiesto el último informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que denuncia la marcha acelerada de las nueve potencias nucleares hacia la modernización y ampliación de sus arsenales en lugar de apostar por el desarme como se venía haciendo desde el final de los años ochenta. Todo ello con el consiguiente peligro de «errores de cálculo» que podrían poner en riesgo la seguridad del planeta.. Los datos aportados por este prestigioso organismo indican que Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Corea del Norte e Israel trabajan en nuevos despliegues de sistemas nucleares mientras los mecanismos de control de armas pierden autoridad y eficacia. El SIPRI estima que en enero de 2026 existían unas 12.187 ojivas nucleares en el mundo. De ellas, unas 9.745 estaban almacenadas para un posible uso militar y unas 4.012 ya se encontraban desplegadas en misiles o aeronaves. En total existe ahora mismo entre 2.100 y 2.200 ojivas en estado de máxima alerta operativa, es decir, están preparadas para ser utilizadas en un muy corto espacio de tiempo.. Aunque Rusia y Estados Unidos siguen acaparando la mayor parte de las capacidades nucleares (el 83 % de todas las ojivas almacenadas del planeta), China se posiciona como el país que más ojivas nucleares ha sumado a sus arsenales con un total de 620 ojivas nucleares, con un aumento de unas 120 ojivas en un año. El dato más alarmante indica que Pekín están ampliado su infraestructura de lanzamiento con cientos de silos para misiles balísticos intercontinentales. El SIPRI calcula que podría alcanzar más de 1.000 ojivas antes de 2030.. China no está sola en esta carrera. India y Pakistán están ampliando sus capacidades militares atómicas en medio de una larga disputa fronteriza. Además, Corea del Norte habría ensamblado unas 60 ojivas y dispone de material fisible suficiente para fabricar al menos otras 30 bombas nucleares. Israel no se queda atrás. Pese a que nunca ha reconocido oficialmente poseer armas nucleares, también estaría modernizando sus capacidades estratégicas.. En Europa, Francia -la cuarta potencia nuclear mundial- anunció este año que iba a aumentar el número de ojivas nucleares de sus arsenales. París quiere que sus adversarios jamás llegue a albergar «cualquier posibilidad de atacar Francia sin tener la certeza de que sufrirían daños de los que no se recuperarán». Emmanuel Macron ha asegurado recientemente que Francia «se encuentra en un punto de inflexión geopolítico plagado de riesgos».. Sobre Irán, el SIPRI dedica un capítulo en el que pone de manifiesto una paradoja. Lejos de reforzar la no proliferación, los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes en 2025 -presentadas por EEUU e Israel como un intento de acabar con el programa atómico de los ayatolas- han debilitado la capacidad de supervisión internacional sobre el programa nuclear de Irán.. La disuasión. En los últimos años hemos visto como se han ido desvaneciendo los limites impuestos en el pasado a la proliferación nuclear. La reciente conferencia del Tratado de No Proliferación Nuclear concluyó sin consenso por tercera vez consecutiva. También el año pasado expiró el tratado Nuevo START entre Estados Unidos y Rusia. El SIPRI advierte de que esta combinación de rearme, opacidad de los países y las crecientes tensiones geopolíticas eleva los riesgos para la seguridad internacional.. Cabe recordar que Rusia desplegó armas nucleares tácticas en Bielorrusia como amenaza directa contra Ucrania. Cada vez son más las voces cercanas al Kremlin que piden un escarmiento a países europeos con el lanzamiento de armas nucleares.. El director de SIRPI, Karim Haggag, asegura que existen dos fenómenos con un impacto importante en la seguridad mundial. Uno es el resurgimiento de la guerra entre países tecnológicamente avanzados. El segundo es el debilitamiento de las relaciones de Estados Unidos con sus aliados. «La confluencia de estos factores está volviendo la política de seguridad internacional cada vez más compleja y está profundizando la inseguridad en muchas partes del mundo», asegura Haggag en una nota de prensa del organismo. A su juicio, el rearme de estos países con la excusa de proteger su seguridad está generando el efecto contrario de aumentar la inseguridad. También sostiene que el comercio, herramienta clave en la prosperidad y la paz de las naciones, se ha vuelto un factor generador de incertidumbre al ser usado como instrumento condicionante, principalmente a través del control de las materias primas, la tecnología y las cadenas de suministro.. El anuario advierte también del peligro de integrar la inteligencia artificial (IA) en la gestión directa de las armas nucleares, algo que de momento no se ha producido. Lo que sí ha detectado este organismo es el creciente uso militar de la IA para la selección de objetivos, la planificación operativa y el análisis de inteligencia especialmente en las guerras de Gaza y Ucrania. El riesgo está ahí. La automatización de los procesos puede dejar en manos de la inteligencia artificial decisiones estratégicas cada vez más sensibles, como hemos visto recientemente en el la Guerra de Irán. El Pentágono utilizó la inteligencia artificial Claude de Anthropic, integrada en el sistema Maven de Palantir, para coordinar ataques contra Teherán. El uso de esta tecnología permitió al Ejército más poderoso del mundo procesar grandes volúmenes de datos y sugerir cientos de objetivos militares con coordenadas precisas.
El SIPRI contabiliza 12.187 ojivas nucleares en el mundo, con más de 2.100 en estado de máxima alerta operativa
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