Amar en tiempos de guerra puede llegar a convertirse en un acto de valentía. Aunque no por ello es misión imposible. El joven alicantino Luis Sala así lo demuestra en su nueva novela. Estudió Diseño de Moda, especializándose en Arte Moderno, Contemporáneo y Diseño en el MoMA de Nueva York. Pero, asegura a este diario, «lo que me gusta es escribir». Si bien ha firmado ensayos sobre moda, fue con «Sobre nosotros» (Lunwerg, 2025), cuando se atrevió con la novela, género en el que ahora se desarrolla con mayor profundidad y desde el punto de vista histórico. Publica «La última frontera» (Urano), una historia sobre el amor, la pérdida y la resistencia desarrollada en el convulsísimo siglo XX.. Asegura el autor que «el siglo XX me intrigaba a nivel creativo. Desde 1936 hasta el 89 pasan cosas bestiales en el mundo. Mis protagonistas pueden representar a muchísimas personas de esa época que se convirtieron en víctimas. Trato de darles voz», resume. Se trata de Hugo y Pablo. Ambos viven en Barcelona, en plena Guerra Civil, y están enamorados. Tras la caída de Cataluña, se ven obligados a huir hacia París, lo que se convierte en el inicio de un largo viaje por una Europa devastada. La guerra los separa, y deben atravesar algunos de los escenarios más oscuros y decisivos del pasado siglo, como es el caso de Londres, Kiev, Moscú, Berlín… y hasta Auschwitz.. Sala ha dedicado a estas páginas cinco años de trabajo, y a medida que se iba documentando iba descubriendo interesantes datos que ha empleado para una trama extensa y repleta de estímulos de nuestro pasado más reciente. «Vi unos papeles de Auschwitz, con cifras muy detalladas de las víctimas. El único número indeterminado era el de las personas homosexuales, quienes además fueron las últimas que dejaron salir de los campos cuando los liberaron los aliados». Ante esto, Sala no dudó a la hora de incluir en el relato histórico, de la mano de la ficción, a aquellas personas olvidadas o silenciadas, a través de dos personajes «basados en una realidad histórica. Los homosexuales, en los campos de concentración nazis, eran identificados con un triángulo rosa». Un detalle que funciona como uno de los ejes de una novela, aunque no el único.. El autor también se ha interesado por el papel del gorrión ruso. Se refiere a una antigua táctica de espionaje que se popularizó a través del KGB durante la Guerra Fría, y que consistía en utilizar agentes entrenados en el arte de la seducción para manipular, chantajear o extraer información valiosa. Un concepto que, a día de hoy, sigue existiendo, aunque bajo un programa que ha evolucionado con el tiempo. «Que sigan existiendo me parece alucinante», apunta Sala, y defiende que ver su novela «como una de temática LGTB me parece reduccionista. Es una novela histórica en la que pasan muchas cosas. No se trata sólo de mirar la sexualidad de los personajes. Vivimos en un mundo en el que se nos cuenta una pequeñísima parte de lo que pasa a nuestro alrededor».. Supervivencia, nostalgia y amor. Es interesante ver a una persona de la generación de Sala abordando un siglo que ni siquiera llegó a vivir. Es interesante pues, aún naciendo en el presente siglo, el interés por el pasado no desaparece entre los jóvenes. Quizá sea gracias a ellos que, en parte, se siga revisitando y hasta descubriendo. En el caso de «La última frontera», uno de los grandes impulsos para escribirla partió de algo tan sencillo como la escucha. Asegura el autor que parte de lo que aborda de la Guerra Civil «eran anécdotas y cosas que me contaba mi abuela. Ella siempre recordaba la guerra, aunque ella la vivió en Alicante, donde no había más refugio que el de resguardarse bajo el árbol de la casa de campo en la que vivían».. A ella le dedica esta novela histórica, articulada bajo el reto de, dice Sala, «arrojar luz sobre la supervivencia, la nostalgia y el amor» en una época que tantas terribles historias han dejado en la memoria. Y es precisamente manteniendo el recuerdo como no se pierde la esperanza: «Confío en el ser humano. Todos nacemos buenos. Confío en la educación, en la cultura. No entiendo tanto de política como de cultura, que es lo que he estudiado. Pero sí veo que hoy, con las redes sociales, hay oleadas de odio. Estamos perdiendo la cabeza. Quizá todo radica en esa polarización que interiorizamos en nuestro día a día. Hay que tener mucho cuidado con ello». Al fin y al cabo, el amor en tiempos de internet también es un acto de valentía.
El alicantino Luis Sala debuta en la novela histórica con una historia que atraviesa el convulso siglo XX, desde la Guerra Civil española hasta los espías rusos durante la Guerra Fría
Amar en tiempos de guerra puede llegar a convertirse en un acto de valentía. Aunque no por ello es misión imposible. El joven alicantino Luis Sala así lo demuestra en su nueva novela. Estudió Diseño de Moda, especializándose en Arte Moderno, Contemporáneo y Diseño en el MoMA de Nueva York. Pero, asegura a este diario, «lo que me gusta es escribir». Si bien ha firmado ensayos sobre moda, fue con «Sobre nosotros» (Lunwerg, 2025), cuando se atrevió con la novela, género en el que ahora se desarrolla con mayor profundidad y desde el punto de vista histórico. Publica «La última frontera» (Urano), una historia sobre el amor, la pérdida y la resistencia desarrollada en el convulsísimo siglo XX.. Asegura el autor que «el siglo XX me intrigaba a nivel creativo. Desde 1936 hasta el 89 pasan cosas bestiales en el mundo. Mis protagonistas pueden representar a muchísimas personas de esa época que se convirtieron en víctimas. Trato de darles voz», resume. Se trata de Hugo y Pablo. Ambos viven en Barcelona, en plena Guerra Civil, y están enamorados. Tras la caída de Cataluña, se ven obligados a huir hacia París, lo que se convierte en el inicio de un largo viaje por una Europa devastada. La guerra los separa, y deben atravesar algunos de los escenarios más oscuros y decisivos del pasado siglo, como es el caso de Londres, Kiev, Moscú, Berlín… y hasta Auschwitz.. Sala ha dedicado a estas páginas cinco años de trabajo, y a medida que se iba documentando iba descubriendo interesantes datos que ha empleado para una trama extensa y repleta de estímulos de nuestro pasado más reciente. «Vi unos papeles de Auschwitz, con cifras muy detalladas de las víctimas. El único número indeterminado era el de las personas homosexuales, quienes además fueron las últimas que dejaron salir de los campos cuando los liberaron los aliados». Ante esto, Sala no dudó a la hora de incluir en el relato histórico, de la mano de la ficción, a aquellas personas olvidadas o silenciadas, a través de dos personajes «basados en una realidad histórica. Los homosexuales, en los campos de concentración nazis, eran identificados con un triángulo rosa». Un detalle que funciona como uno de los ejes de una novela, aunque no el único.. El autor también se ha interesado por el papel del gorrión ruso. Se refiere a una antigua táctica de espionaje que se popularizó a través del KGB durante la Guerra Fría, y que consistía en utilizar agentes entrenados en el arte de la seducción para manipular, chantajear o extraer información valiosa. Un concepto que, a día de hoy, sigue existiendo, aunque bajo un programa que ha evolucionado con el tiempo. «Que sigan existiendo me parece alucinante», apunta Sala, y defiende que ver su novela «como una de temática LGTB me parece reduccionista. Es una novela histórica en la que pasan muchas cosas. No se trata sólo de mirar la sexualidad de los personajes. Vivimos en un mundo en el que se nos cuenta una pequeñísima parte de lo que pasa a nuestro alrededor».. Es interesante ver a una persona de la generación de Sala abordando un siglo que ni siquiera llegó a vivir. Es interesante pues, aún naciendo en el presente siglo, el interés por el pasado no desaparece entre los jóvenes. Quizá sea gracias a ellos que, en parte, se siga revisitando y hasta descubriendo. En el caso de «La última frontera», uno de los grandes impulsos para escribirla partió de algo tan sencillo como la escucha. Asegura el autor que parte de lo que aborda de la Guerra Civil «eran anécdotas y cosas que me contaba mi abuela. Ella siempre recordaba la guerra, aunque ella la vivió en Alicante, donde no había más refugio que el de resguardarse bajo el árbol de la casa de campo en la que vivían».. A ella le dedica esta novela histórica, articulada bajo el reto de, dice Sala, «arrojar luz sobre la supervivencia, la nostalgia y el amor» en una época que tantas terribles historias han dejado en la memoria. Y es precisamente manteniendo el recuerdo como no se pierde la esperanza: «Confío en el ser humano. Todos nacemos buenos. Confío en la educación, en la cultura. No entiendo tanto de política como de cultura, que es lo que he estudiado. Pero sí veo que hoy, con las redes sociales, hay oleadas de odio. Estamos perdiendo la cabeza. Quizá todo radica en esa polarización que interiorizamos en nuestro día a día. Hay que tener mucho cuidado con ello». Al fin y al cabo, el amor en tiempos de internet también es un acto de valentía.
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