La recurrencia en la elección de parejas que generan daño emocional no responde, según los expertos en salud mental, a una cuestión de mala fortuna. La psicóloga sanitaria Nela Osorio, quien ejerce en Oviedo (Asturias), señala que la clave reside en la codificación cerebral del afecto y la seguridad establecida durante la infancia. A menudo, las personas que atraviesan estos procesos se preguntan si poseen un magnetismo especial hacia las relaciones destructivas o si se trata de un factor meramente aleatorio. Sin embargo, la respuesta es mucho más profunda y está arraigada en mecanismos neurobiológicos de supervivencia.. La configuración del apego en la infancia. Osorio observa diariamente en su consulta a mujeres brillantes, inteligentes y plenamente capaces, quienes pese a sus competencias personales, se encuentran atrapadas en bucles emocionales de gran intensidad y negatividad. Según la especialista, el origen de este fenómeno no radica en una falta de capacidad lógica, sino en los cimientos del desarrollo temprano. El cerebro humano está diseñado principalmente para garantizar la supervivencia, y es precisamente en la etapa infantil donde se configura el estilo de apego basándose en la relación con los cuidadores principales.. Cuando el amor experimentado durante los primeros años de vida estuvo vinculado a situaciones de inestabilidad, frialdad emocional o a la exigencia constante de ganarse el afecto, el cerebro adulto tiende a interpretar erróneamente esas señales. Lo que para una persona con un desarrollo seguro representaría una «alarma», para quien creció en un entorno de carencias afectivas se convierte en un estímulo familiar. Es en este punto donde se genera la confusión: la mente interpreta la inestabilidad como amor genuino simplemente porque es el estándar de afecto que conoció en su etapa formativa.. El conflicto entre la mente lógica y el sistema límbico. Existe una brecha notable entre lo que el individuo desea conscientemente y lo que realmente ejecuta su biología. La mente lógica del paciente suele aspirar a establecer vínculos basados en la calma, la seguridad y la valoración mutua. No obstante, el sistema límbico, encargado de gestionar las emociones y la supervivencia, busca activamente la adrenalina que proporciona la inseguridad. La razón es sencilla: esa inestabilidad es lo que el cerebro reconoce como familiar.. Para romper este esquema, la psicóloga advierte que la mera fuerza de voluntad resulta insuficiente. No basta con enunciar el deseo de alejarse de parejas dañinas, ya que el patrón está grabado en redes de memoria profundas. La propuesta de Osorio implica la necesidad de reprocesar esta información almacenada mediante técnicas especializadas. En su práctica clínica, utiliza la Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR), un método que permite acceder a recuerdos tempranos de apego, a veces inconscientes, que dictan el posicionamiento emocional actual del individuo.. Al combinar el EMDR con la Hipnosis Clínica, Osorio busca acelerar el reprocesamiento de los traumas. El objetivo final no es realizar un análisis exhaustivo y prolongado de la infancia, sino permitir que el cerebro aprenda de manera eficiente que la calma es, en realidad, el estado más seguro para el ser humano.
La psicóloga sanitaria Nela Osorio explica cómo el sistema de apego configurado durante la infancia determina la elección de pareja adulta y por qué la lógica no siempre vence a la biología
La recurrencia en la elección de parejas que generan daño emocional no responde, según los expertos en salud mental, a una cuestión de mala fortuna. La psicóloga sanitaria Nela Osorio, quien ejerce en Oviedo (Asturias), señala que la clave reside en la codificación cerebral del afecto y la seguridad establecida durante la infancia. A menudo, las personas que atraviesan estos procesos se preguntan si poseen un magnetismo especial hacia las relaciones destructivas o si se trata de un factor meramente aleatorio. Sin embargo, la respuesta es mucho más profunda y está arraigada en mecanismos neurobiológicos de supervivencia.. La configuración del apego en la infancia. Osorio observa diariamente en su consulta a mujeres brillantes, inteligentes y plenamente capaces, quienes pese a sus competencias personales, se encuentran atrapadas en bucles emocionales de gran intensidad y negatividad. Según la especialista, el origen de este fenómeno no radica en una falta de capacidad lógica, sino en los cimientos del desarrollo temprano. El cerebro humano está diseñado principalmente para garantizar la supervivencia, y es precisamente en la etapa infantil donde se configura el estilo de apego basándose en la relación con los cuidadores principales.. Cuando el amor experimentado durante los primeros años de vida estuvo vinculado a situaciones de inestabilidad, frialdad emocional o a la exigencia constante de ganarse el afecto, el cerebro adulto tiende a interpretar erróneamente esas señales. Lo que para una persona con un desarrollo seguro representaría una «alarma», para quien creció en un entorno de carencias afectivas se convierte en un estímulo familiar. Es en este punto donde se genera la confusión: la mente interpreta la inestabilidad como amor genuino simplemente porque es el estándar de afecto que conoció en su etapa formativa.. El conflicto entre la mente lógica y el sistema límbico. Existe una brecha notable entre lo que el individuo desea conscientemente y lo que realmente ejecuta su biología. La mente lógica del paciente suele aspirar a establecer vínculos basados en la calma, la seguridad y la valoración mutua. No obstante, el sistema límbico, encargado de gestionar las emociones y la supervivencia, busca activamente la adrenalina que proporciona la inseguridad. La razón es sencilla: esa inestabilidad es lo que el cerebro reconoce como familiar.. Para romper este esquema, la psicóloga advierte que la mera fuerza de voluntad resulta insuficiente. No basta con enunciar el deseo de alejarse de parejas dañinas, ya que el patrón está grabado en redes de memoria profundas. La propuesta de Osorio implica la necesidad de reprocesar esta información almacenada mediante técnicas especializadas. En su práctica clínica, utiliza la Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares (EMDR), un método que permite acceder a recuerdos tempranos de apego, a veces inconscientes, que dictan el posicionamiento emocional actual del individuo.. Al combinar el EMDR con la Hipnosis Clínica, Osorio busca acelerar el reprocesamiento de los traumas. El objetivo final no es realizar un análisis exhaustivo y prolongado de la infancia, sino permitir que el cerebro aprenda de manera eficiente que la calma es, en realidad, el estado más seguro para el ser humano.
Noticias de Sociedad en La Razón
