Los denominados baños de sonido han dejado de ser una práctica marginal para consolidarse como una herramienta de relajación demandada por ciudadanos británicos que buscan alternativas frente al estrés cotidiano. Esta disciplina, que utiliza cuencos de cristal, gongs y tambores, se ha integrado en la oferta de estudios de yoga y hoteles de lujo, como el Down Hall Hotel en Essex, bajo la dirección de la experta Camilla Sheely.. La mecánica de esta terapia consiste en envolver el cuerpo mediante vibraciones sonoras diseñadas para inducir un estado meditativo mientras el participante permanece tumbado. Según explica Sheely: «El objetivo de un baño de sonido, al igual que otras prácticas holísticas, es fomentar el movimiento positivo en el cuerpo». La experta subraya que los efectos percibidos pueden incluir tanto una relajación profunda como respuestas físicas, tales como contracciones musculares repentinas que muchos asistentes interpretan como una liberación de tensiones acumuladas.. El marco energético de los chakras frente a la evidencia científica. El sustento teórico de esta práctica se apoya frecuentemente en la medicina ayurvédica india, que describe la existencia de centros energéticos conocidos como chakras. «Los chakras van desde la coronilla, pasando por la garganta, el corazón, el plexo solar y llegando hasta la raíz», detalla Sheely. La experta sostiene que situaciones de estrés, decepción o negatividad pueden desalinear estos centros, provocando una sensación de pesadez o bloqueo que el sonido trataría de corregir.. Para el sector más escéptico, esta visión puede resultar ajena, aunque el interés académico por la materia ha ido en aumento. Un estudio observacional realizado en 2016 por investigadores de la Universidad de California analizó los efectos de los cuencos tibetanos en 62 adultos. Los resultados indicaron reducciones significativas en los niveles de tensión, fatiga y ansiedad, además de una mejora en el bienestar espiritual de los participantes. No obstante, los autores del estudio puntualizaron que son necesarios ensayos controlados más extensos antes de establecer conclusiones definitivas sobre su eficacia clínica.. Un refugio contra el ruido en la vida moderna. El principal atractivo de esta modalidad reside en su capacidad para ofrecer un periodo de desconexión frente a las notificaciones constantes y las exigencias laborales. A pesar de que la práctica se ha popularizado en formatos digitales y en línea, Sheely insiste en que las sesiones presenciales permiten una experiencia superior debido a la atmósfera y la percepción directa de las vibraciones físicas en el espacio.. Asimismo, la experta destaca la importancia del entorno en la eficacia del proceso: «Estar al aire libre o en un entorno amplio y hermoso puede mejorar la experiencia». Ante la creciente popularidad de eventos realizados en catedrales o sitios históricos, esta tendencia parece responder a una necesidad social de quietud. En palabras de la propia Camilla Sheely: «Un baño de sonido les da permiso para detenerse, descansar y simplemente recibir», en un mundo caracterizado por una actividad frenética constante.
El auge de los baños de sonido conquista los centros de bienestar británicos al prometer una desconexión total mediante frecuencias vibratorias en entornos de relajación
Los denominados baños de sonido han dejado de ser una práctica marginal para consolidarse como una herramienta de relajación demandada por ciudadanos británicos que buscan alternativas frente al estrés cotidiano. Esta disciplina, que utiliza cuencos de cristal, gongs y tambores, se ha integrado en la oferta de estudios de yoga y hoteles de lujo, como el Down Hall Hotel en Essex, bajo la dirección de la experta Camilla Sheely.. La mecánica de esta terapia consiste en envolver el cuerpo mediante vibraciones sonoras diseñadas para inducir un estado meditativo mientras el participante permanece tumbado. Según explica Sheely: «El objetivo de un baño de sonido, al igual que otras prácticas holísticas, es fomentar el movimiento positivo en el cuerpo». La experta subraya que los efectos percibidos pueden incluir tanto una relajación profunda como respuestas físicas, tales como contracciones musculares repentinas que muchos asistentes interpretan como una liberación de tensiones acumuladas.. El marco energético de los chakras frente a la evidencia científica. El sustento teórico de esta práctica se apoya frecuentemente en la medicina ayurvédica india, que describe la existencia de centros energéticos conocidos como chakras. «Los chakras van desde la coronilla, pasando por la garganta, el corazón, el plexo solar y llegando hasta la raíz», detalla Sheely. La experta sostiene que situaciones de estrés, decepción o negatividad pueden desalinear estos centros, provocando una sensación de pesadez o bloqueo que el sonido trataría de corregir.. Para el sector más escéptico, esta visión puede resultar ajena, aunque el interés académico por la materia ha ido en aumento. Un estudio observacional realizado en 2016 por investigadores de la Universidad de California analizó los efectos de los cuencos tibetanos en 62 adultos. Los resultados indicaron reducciones significativas en los niveles de tensión, fatiga y ansiedad, además de una mejora en el bienestar espiritual de los participantes. No obstante, los autores del estudio puntualizaron que son necesarios ensayos controlados más extensos antes de establecer conclusiones definitivas sobre su eficacia clínica.. Un refugio contra el ruido en la vida moderna. El principal atractivo de esta modalidad reside en su capacidad para ofrecer un periodo de desconexión frente a las notificaciones constantes y las exigencias laborales. A pesar de que la práctica se ha popularizado en formatos digitales y en línea, Sheely insiste en que las sesiones presenciales permiten una experiencia superior debido a la atmósfera y la percepción directa de las vibraciones físicas en el espacio.. Asimismo, la experta destaca la importancia del entorno en la eficacia del proceso: «Estar al aire libre o en un entorno amplio y hermoso puede mejorar la experiencia». Ante la creciente popularidad de eventos realizados en catedrales o sitios históricos, esta tendencia parece responder a una necesidad social de quietud. En palabras de la propia Camilla Sheely: «Un baño de sonido les da permiso para detenerse, descansar y simplemente recibir», en un mundo caracterizado por una actividad frenética constante.
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