“Cuándo llegamos, cuándo llegamos, cuándo llegamos”. Es la banda sonora de tantos viajes en coche desde que somos niños. Cántico que, con las cosas del crecer, se transforma en el suspiro de ver la hora de llegada que marca el GPS y desear fuerte que alguien, por fin, desarrolle una máquina de teletransportación.. Estamos en la sociedad de la impaciencia. Más aún si vas conduciendo a solas en un largo desplazamiento que te conoces al dedillo. El mío, desde Madrid hasta Cantabria. Entonces, toca buscar compañeros de viaje. Aunque sean en la distancia.. Está la radio (con mis queridos Julia Otero, Carles Mesa, Mara Torres, Diego Fortea o Javi Nieves), están los bucles de canciones que te gustan y que te recomienda Spotify (con Tina Turner a todo volumen), están las llamadas telefónicas con amigos a través de esos manos libres que en los ochenta solo tenía Michael Knight en su coche fantástico… «Kitt, te necesito» ahora es «Oye, Siri».. Pero, al final, el viaje solo se hace más corto si te encuentras con cómplices que conversan de tu vida desde la suya. Ahí es infalible La Ruina, podcast creado por Tomàs Fuentes e Ignasi Taltavull, con más de 200 capítulos donde humanos célebres y humanos anónimos -elegidos al azar, entre el público que asiste a cada show- cuentan los greatest hits de sus catástrofes cotidianas. Y lo monologuean con la inteligencia del sentido del humor que nos une. Incluso nos pone a salvo. Aunque sea un ratito.. En un escenario viral saturado de opinión sentando cátedra, La Ruina no pretende ir de nada y logra una catarsis de la convivencia. Lo favorecen las ironías de Tomás e Ignasi, que crean un hogar donde liberarte de tus pifias relatándolas al mundo.. La comedia es la revolución más democrática. Nos acoge hasta cuando no tenemos demasiado. La Ruina la ejerce. La Ruina alberga: es la celebración de reírse de uno mismo sin necesidad de burlarse de nadie, es la virtud de escuchar sin juzgar. Intentando entender hasta lo que creíste que jamás ibas a comprender.. No es de extrañar que este podcast tenga un público tan masivo y heterogéneo en la era de los predicadores sintiéndose trascendentes, pues nos saca de las trincheras de sometimiento ideológico y la moral ultraprocesada, tan protagónicas en la actualidad mediática, para darnos una gran herramienta: recordarnos que tomarse demasiado en serio no sirve de mucho. La vida se expande cuando aprendemos cómo cambia todo si invertimos en sonrisas. Sonrisas propias, compartidas e incluso retransmitidas. Quizá ahí está la explicación a ese conductor que descubres partiéndose de risa en la soledad de su coche. Tal vez esté sintiéndose menos raro escuchando La Ruina.
Las claves del éxito de ‘La Ruina’, uno de los podcasts más escuchados en España.
20MINUTOS.ES – Televisión
“Cuándo llegamos, cuándo llegamos, cuándo llegamos”. Es la banda sonora de tantos viajes en coche desde que somos niños. Cántico que, con las cosas del crecer, se transforma en el suspiro de ver la hora de llegada que marca el GPS y desear fuerte que alguien, por fin, desarrolle una máquina de teletransportación.. Estamos en la sociedad de la impaciencia. Más aún si vas conduciendo a solas en un largo desplazamiento que te conoces al dedillo. El mío, desde Madrid hasta Cantabria. Entonces, toca buscar compañeros de viaje. Aunque sean en la distancia.. Está la radio (con mis queridos Julia Otero, Carles Mesa, Mara Torres, Diego Fortea o Javi Nieves), están los bucles de canciones que te gustan y que te recomienda Spotify (con Tina Turner a todo volumen), están las llamadas telefónicas con amigos a través de esos manos libres que en los ochenta solo tenía Michael Knight en su coche fantástico… «Kitt, te necesito» ahora es «Oye, Siri».. Pero, al final, el viaje solo se hace más corto si te encuentras con cómplices que conversan de tu vida desde la suya. Ahí es infalible La Ruina, podcast creado por Tomàs Fuentes e Ignasi Taltavull, con más de 200 capítulos donde humanos célebres y humanos anónimos -elegidos al azar, entre el público que asiste a cada show- cuentan los greatest hits de sus catástrofes cotidianas. Y lo monologuean con la inteligencia del sentido del humor que nos une. Incluso nos pone a salvo. Aunque sea un ratito.. En un escenario viral saturado de opinión sentando cátedra, La Ruina no pretende ir de nada y logra una catarsis de la convivencia. Lo favorecen las ironías de Tomás e Ignasi, que crean un hogar donde liberarte de tus pifias relatándolas al mundo.. La comedia es la revolución más democrática. Nos acoge hasta cuando no tenemos demasiado. La Ruina la ejerce. La Ruina alberga: es la celebración de reírse de uno mismo sin necesidad de burlarse de nadie, es la virtud de escuchar sin juzgar. Intentando entender hasta lo que creíste que jamás ibas a comprender.. No es de extrañar que este podcast tenga un público tan masivo y heterogéneo en la era de los predicadores sintiéndose trascendentes, pues nos saca de las trincheras de sometimiento ideológico y la moral ultraprocesada, tan protagónicas en la actualidad mediática, para darnos una gran herramienta: recordarnos que tomarse demasiado en serio no sirve de mucho. La vida se expande cuando aprendemos cómo cambia todo si invertimos en sonrisas. Sonrisas propias, compartidas e incluso retransmitidas. Quizá ahí está la explicación a ese conductor que descubres partiéndose de risa en la soledad de su coche. Tal vez esté sintiéndose menos raro escuchando La Ruina.
