El diario de Jorge preparaba una reconciliación entre dos jóvenes mexicanos. Él, Lucas, ayudó a ella, Valentina, a escaparse de casa y encontrarse con esos amigos que tanto echaba de menos. Pero la pillaron. Y fue internada en un reformatorio. Su amigo se sintió culpable y, atormentado, decidió acudir al programa de Telecinco para reencontrarse con su ex amiga. La entrevista previa de Jorge Javier apuntaba a un final feliz en plató, pero Valentina le recibió con un bofetón. El plano indignado del público en la grada representó a la audiencia desde casa. Jorge Javier Vázquez llevándose la mano a la boca, también.. En otra época de la televisión, este momento se hubiera intentado sacar punta durante un buen rato por unas décimas de share. Ahora, lo rechazamos tajantemente. Jorge el primero, que actúa rápido y pide a la invitada a marcharse del estudio: «lo que te mereces es abandonar el plató, no te mereces estar aquí. Muy mal, Valentina». Su amigo se quedó pálido. Desconcertado, cogió un sugus que estaba en el suelo del plató y se lo metió a la boca. Al ver lo que hacía, Jorge, le agarró la mano y se le escapó un cómplice: «pobre». Lucas no era capaz de añadir demasiadas palabras. Solo masticaba. Como intentando desactivar la inquietud saboreando el sabor del caramelo blando. Se estaba comiendo los restos de la piñata que se había roto para recibir a Valentina, que también celebraba su cumpleaños. Jorge, preocupado, le pregunta al chico, por lo bajini, cómo está. «Su reacción ha sido terrible, nefasta, y no te la mereces bajo ningún concepto», le anima. Pero nadie hurga en la herida frente a la cámara, como aprovechaban otros programas de testimonios.. Aquí se ha pasado el gran límite y se ha frenado a tiempo la imprevisibilidad de un directo que parecía calmado y pacífico. Sin embargo, la mirada de Valentina se quedó maquinando al vacío cuando Jorge Javier presentó a su amigo y, entonces, decidió arrear tortazo como mejor forma de recibimiento televisivo. ¿Cómo se llega a tomar esta decisión? Quizá el problema venga de un tipo de culebronesca tele que triunfó al otro lado del océano, donde se normalizó la agresividad como fórmula habitual de los programas de testimonios. Incluso llegando a las manos cuando aparecían las sorpresas. Aunque allí, a menudo, fuera un pariré. Pero se vendía como verdad. Y el tosco teatrillo hasta se convirtió en meme. Una catástrofe de sensacionalismo que deshumanizaba a las personas y naturalizaba la violencia en los que miraban la pantalla.. En España, jamás adaptamos así estos programas de testimonios. De hecho, en nuestro país, los primeros espacios de estas características fueron protagonizados por Ana Garcia Lozano y Gemma Nierga, trasladando la dinámica nocturna de la radio de Hablar por hablar a la tarde de la tele. También harían versiones a la española María Teresa Campos (TVE), Ana Rosa Quintana (Antena 3), Jesús Vázquez (Telecinco y Telemadrid), Jaime Bores (TVE) y, especialmente, Patricia Gaztañaga (Antena 3), que fue quien persistió más en este género con éxito. Había más humor que drama. Había más color que pelea.. El humor y el color son parte del carácter de Jorge Javier que lleva dos años con su diario. Se nota que disfruta con el juego de dialogar con personas en una sociedad saturada de la opinión sobre los demás en las redes sociales. Y la empatía que nos permite descubrir gente autentica siempre será una de las grandes materias primas de la televisión, cambie hacia donde cambie. Cambiemos como cambiemos. De momento, en sensibilidades se ha evolucionado a mejor. Ya no titubeamos ante un tortazo. Ya no permitimos lo que antes a algunos hasta les daba risa cuando lo veían en la tele. Perversa risa. Ya tenemos claro que un tortazo nunca es un juego de niños.
Cómo hemos cambiado. Y cómo no podemos cambiar.
20MINUTOS.ES – Televisión
El diario de Jorge preparaba una reconciliación entre dos jóvenes mexicanos. Él, Lucas, ayudó a ella, Valentina, a escaparse de casa y encontrarse a esos amigos que tanto echaba de menos. Pero la pillaron. Y fue internada en un reformatorio. Su amigo se sintió culpable, y atormentado, decidió acudir al programa de Telecinco para reencontrarse con su ex amiga. La entrevista previa de Jorge Javier apuntaba a un final feliz en plató, pero Valentina le recibió con un bofetón. El plano de indignado del público en la grada representó a la audiencia desde casa. Jorge Javier Vázquez llevándose la mano a la boca, también.. En otra época de la televisión, este momento se hubiera intentado sacar punta por unas décimas de share. Ahora, lo rechazamos tajantemente. Jorge el primero, que actúa y pide a la invitada abandonar el estudio: «lo que te mereces es abandonar el plató, no te mereces estar aquí. Muy mal, Valentina». Su amigo se quedó pálido. Desconcertado, cogió un sugus que estaba en el suelo del plató y se lo metió a la boca. Al ver lo que hacía, Jorge, le agarró la mano y se le escapó un cómplice «pobre». Lucas no era capaz de añadir demasiadas palabras. Solo masticaba. Como intentando desactivar la inquietud saboreando el sabor del caramelo blando. Se estaba comiendo los restos de piñata que se había roto para recibir a Valentina, que celebraba su cumpleaños. Jorge, preocupado, le pregunta, por lo bajini, por cómo está. «Su reacción ha sido terrible, nefasta, y no te la mereces bajo ningún concepto». Pero nadie hurga en la herida de más frente a la cámara, como aprovechaban otros programas de testimonios.. Aquí se ha pasado el gran límite y se ha frenado a tiempo la imprevisibilidad de un directo que parecía calmado y pacífico. Sin embargo, la mirada de Valentina se quedó como mirando al vacío cuando Jorge Javier presentó a su amigo y, entonces, decidió arrear tortazo como mejor forma de recibimiento televisivo. ¿Cómo se llega a tomar esta decisión? Quizá el problema venga de un tipo de culebronesca tele que triunfó al otro lado del océano y donde se normalizó la agresividad como fórmula habitual de los programas de testimonios. Incluso llegando a las manos cuando aparecían las sorpresas. Aunque allí, a menudo, fuera un pariré. Pero se vendía como verdad. Una catástrofe de sensacionalismo porque deshumanizaba a las personas y naturalizaba la violencia en los que miraban la pantalla.. En España jamás adaptamos así estos programas de testimonios. De hecho, en nuestro país, los primeros espacios de estas características fueron protagonizados por Ana Garcia Lozano y Gemma Nierga, trasladando la dinámica nocturna de la radio de Hablar por hablar a la tarde de la tele. Después, harían versiones más a la española María Teresa Campos (TVE), Ana Rosa Quintana (Antena 3), Jesús Vázquez (Telecinco y Telemadrid), Jaime Bores (TVE) y, especialmente, Patricia Gaztañaga (Antena 3), que fue quien persistió más en este género con éxito. Había más humor que drama. Había más color que pelea.. El humor y el color son parte del carácter de Jorge Javier que lleva dos años disfrutando de su diario. Se nota que disfruta con el juego de dialogar con personas en una sociedad saturada de la opinión hacia los demás en las redes sociales. Y la empatía que nos permite descubrir gente autentica siempre será una de las grandes materias primas de la televisión, cambie hacia donde cambie. Cambiemos como cambiemos. De momento, en sensibilidades ha evolucionado a mejor. Ya no titubeamos ante un tortazo. Ya no permitimos lo que antes a algunos hasta les daba risa cuando lo veían en la tele. Perversa risa. Ya tenemos claro que un tortazo nunca es un juego de niños.
