La negociación PP-Vox, una vez asumido el estruendoso aparataje pirotécnico del debate de investidura, se puede hacer larga como una charla de Bielsa. Los de Abascal, de corte canchero, y Juanma Moreno, más del tiki-taka, no acaban de encontrar un punto de encuentro, más allá de la pretensión proclamada en el Pleno de «ser un bastión» contra Pedro Sánchez y «no repetir elecciones». El presidente andaluz necesita «sólo» una mayoría simple –le valen dos abstenciones– y, como en el torneo del KO o en un Mundial, todo es posible: desde una improbable entente feliz a un matrimonio forzado, pasando por una legislatura breve como la migración del gallo de las Rocosas, de apenas 300 metros. También pudiera darse un mandato finalmente productivo, igual que han nacido estos días tres cabras montesas por fecundación in vitro obtenidas a partir de animales muertos. La otra migración, de la que avisó Juanma Moreno, se iría al invierno: elecciones el 25 de octubre, Gobierno para final de año. Todos los escenarios están abiertos. La inmigración y la llamada «prioridad nacional» no son tanto obstáculo. La primera, repitió hasta la saciedad Moreno en el Pleno, «es competencia del Estado». La segunda, eslogan electoral de Vox, la salvó el PP en anteriores pactos con el concepto de «arraigo». El gran escollo para el pacto está en la pretensión maximalista de Vox de hacerse con varias consejerías. Los de Abascal quieren entrar en San Telmo y gestionar dos o tres carteras, sin descartar vicepresidencia. Las cartas están marcadas en relación a los acuerdos ya suscritos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El portavoz de Vox, Manuel Gavira, lo repitió desde el primer momento con la misma insistencia con la que ha venido diciendo que «los sillones no son importantes sino las políticas y las garantías de cumplimiento». A la hora nona y con la experiencia primigenia de la primera legislatura de Moreno –en la que Vox suscribió un pacto parlamentario–, Vox ahora quiere «tocar BOJA», esto es, el Boletín Oficial de la Junta. El PP aceptaría puestos secundarios. Juanma Moreno, que está puesto en Emergencias de la mano del vicepresidente de facto Antonio Sanz, es consciente de que la transferencia del estrés estático de un tsunami tiene más fuerza que mil bombas atómicas como la de Hiroshima. La contención de Vox, semana tras semana de Consejo de Gobierno, se antoja imposible. Se lo dijo la portavoz del PSOE-A en el Pleno de investidura: «A usted no le preocupan las políticas que Vox quiere impulsar, lo que le preocupa es que no salgan en la foto del Consejo de Gobierno, lo que le preocupa es que en su permanente campaña de márketing no tenga sentado al lado el señor Gavira», señaló Montero. El líder popular ni mucho menos rehúye de una coalición… siempre que sea posible. En 2018, formó Gobierno con Cs. Juan Marín es gaditano de Sanlúcar de Barrameda y padre de dos hijos. Manuel Gavira es nac
La insistencia en un pacto similar a los de Extremadura, Aragón y Castilla y León enfría el acuerdo con los populares, que sí ven encaje al «arraigo» andaluz
La negociación PP-Vox, una vez asumido el estruendoso aparataje pirotécnico del debate de investidura, se puede hacer larga como una charla de Bielsa. Los de Abascal, de corte canchero, y Juanma Moreno, más del tiki-taka, no acaban de encontrar un punto de encuentro, más allá de la pretensión proclamada en el Pleno de «ser un bastión» contra Pedro Sánchez y «no repetir elecciones». El presidente andaluz necesita «sólo» una mayoría simple –le valen dos abstenciones– y, como en el torneo del KO o en un Mundial, todo es posible: desde una improbable entente feliz a un matrimonio forzado, pasando por una legislatura breve como la migración del gallo de las Rocosas, de apenas 300 metros. También pudiera darse un mandato finalmente productivo, igual que han nacido estos días tres cabras montesas por fecundación in vitro obtenidas a partir de animales muertos. La otra migración, de la que avisó Juanma Moreno, se iría al invierno: elecciones el 25 de octubre, Gobierno para final de año. Todos los escenarios están abiertos.La inmigración y la llamada «prioridad nacional» no son tanto obstáculo. La primera, repitió hasta la saciedad Moreno en el Pleno, «es competencia del Estado». La segunda, eslogan electoral de Vox, la salvó el PP en anteriores pactos con el concepto de «arraigo». El gran escollo para el pacto está en la pretensión maximalista de Vox de hacerse con varias consejerías. Los de Abascal quieren entrar en San Telmo y gestionar dos o tres carteras, sin descartar vicepresidencia. Las cartas están marcadas en relación a los acuerdos ya suscritos en Extremadura, Aragón y Castilla y León. El portavoz de Vox, Manuel Gavira, lo repitió desde el primer momento con la misma insistencia con la que ha venido diciendo que «los sillones no son importantes sino las políticas y las garantías de cumplimiento». A la hora nona y con la experiencia primigenia de la primera legislatura de Moreno –en la que Vox suscribió un pacto parlamentario–, Vox ahora quiere «tocar BOJA», esto es, el Boletín Oficial de la Junta. El PP aceptaría puestos secundarios.Juanma Moreno, que está puesto en Emergencias de la mano del vicepresidente de facto Antonio Sanz, es consciente de que la transferencia del estrés estático de un tsunami tiene más fuerza que mil bombas atómicas como la de Hiroshima. La contención de Vox, semana tras semana de Consejo de Gobierno, se antoja imposible. Se lo dijo la portavoz del PSOE-A en el Pleno de investidura: «A usted no le preocupan las políticas que Vox quiere impulsar, lo que le preocupa es que no salgan en la foto del Consejo de Gobierno, lo que le preocupa es que en su permanente campaña de márketing no tenga sentado al lado el señor Gavira», señaló Montero. El líder popular ni mucho menos rehúye de una coalición… siempre que sea posible. En 2018, formó Gobierno con Cs. Juan Marín es gaditano de Sanlúcar de Barrameda y padre de dos hijos. Man
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