Una de cada 75 personas en España no come todos los días. Uno de cada diez hogares sufre inseguridad alimentaria, es decir, al menos uno de sus miembros no se alimenta lo suficiente. En este país viven 2,8 millones de personas que no pueden permitirse una dieta saludable y se ven obligadas a reducir la cantidad de alimentos o a saltarse alguna comida. Las cifras del último informe FOESSA y de la Memoria Confederal de Cáritas, ambos documentos relacionados con los servicios sociales de la Iglesia Católica, dibujan una radiografía de la pobreza en España, millones de historias de sufrimiento muchas veces invisible que desafían el triunfalismo de las cifras macroeconómicas. Y que exigen respuestas políticas, pues la mitigación de la pobreza no es solo un deber constitucional sino que es esencial para el funcionamiento de la democracia.Seguir leyendo
La cifra de 680.000 personas que pasan días sin alimentarse en España no es inevitable y exige respuestas políticas
editorialEs responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacionalLa cifra de 680.000 personas que pasan días sin alimentarse en España no es inevitable y exige respuestas políticasEl audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Comedor de Cáritas en Jaen. José Manuel Pedrosa (EFE)Una de cada 75 personas en España no come todos los días. Uno de cada diez hogares sufre inseguridad alimentaria, es decir, al menos uno de sus miembros no se alimenta lo suficiente. En este país viven 2,8 millones de personas que no pueden permitirse una dieta saludable y se ven obligadas a reducir la cantidad de alimentos o a saltarse alguna comida. Las cifras del último informe FOESSA y de la Memoria Confederal de Cáritas, ambos documentos relacionados con los servicios sociales de la Iglesia Católica, dibujan una radiografía de la pobreza en España, millones de historias de sufrimiento muchas veces invisible que desafían el triunfalismo de las cifras macroeconómicas. Y que exigen respuestas políticas, pues la mitigación de la pobreza no es solo un deber constitucional sino que es esencial para el funcionamiento de la democracia.Que en España, como señala Cáritas, haya 680.000 personas que pasan días enteros sin comer por falta de recursos no puede dejar a nadie indiferente. Los hogares donde mayor es la inseguridad alimentaria son, según el informe, aquellos encabezados por mujeres, por jóvenes, parados, personas monoparentales y familias numerosas. Ni siquiera el trabajo es garantía, por la fragilidad del empleo o los bajos salarios.Dos factores lastran las economías más pobres. Por un lado, la vivienda, cuyo crecimiento desaforado —en el primer semestre de 2026, el metro cuadrado en venta creció un 15,2%, mientras que los alquileres aumentaron en un 5,1%— devora gran parte de los presupuestos familiares. Por otro, la inflación, que pese a haber moderado su crecimiento sigue alejando cada vez más alimentos de las cestas de la compra. De ambos factores, el de mayor peso es la vivienda. La prioridad de las familias por tener un techo bajo el que vivir les obliga a recortar en todo lo demás, incluida la alimentación. Y esto tiene consecuencias sobre la salud, especialmente la de los niños. Los efectos de la pobreza de hoy las paga la sociedad durante generaciones, y la pobreza extrema se está volviendo estructural, por la insuficiencia de los mecanismos redistributivos y la creciente dificultad para acceder a la educación terciaria y profesional, según el informe.Nada de lo que estamos viendo era inevitable. España es la cuarta economía de la eurozona y la 14ª del mundo, y sin bien la población en riesgo pobreza ha bajado progresivamente en la última década, de un 22,3% a un 19,5%, según el INE, la cifra sigue siendo elevada. El peligro es que la consolidación de una nueva clase de
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