La vida deja tras de sí un rastro de imágenes. Si pudiéramos recorrerlas una a una, nos veríamos dando nuestros primeros pasos y también los últimos. En todas ellas estaríamos nosotros: una misma persona que, pese al paso de los años, sigue siendo la misma. Crecemos con el paso del tiempo y a través de las experiencias, exactamente igual que Odiseo hace casi 3.000 años. Quizá por eso el héroe que solo quería regresar a Ítaca nos ha fascinado durante milenios. Él pasa por las mismas experiencias que cualquiera de nosotros, convirtiendo su periplo en un viaje interior. El año que pasa Odiseo en la isla de Circe le sirve para olvidar, momentáneamente, su obsesión por regresar. Como ocurre tantas veces en la vida, el encuentro con personas distintas a nosotros y el paso del tiempo nos enriquecen y nos descubren en el error de las apariencias.. Algunas de las experiencias vitales que nos moldean como humanos –a algunos, por fortuna, les llegan más tarde– son las muertes de nuestros seres queridos. La pérdida de un amigo cercano o de un familiar nos hace entender, pese a que el duelo nunca desaparezca del todo, que nuestra existencia tiene fecha de caducidad, y que habría que haber aprovechado mejor el tiempo con los que ya no están. Cuando Odiseo desciende al Hades para consultar al adivino Tiresias, se encuentra con héroes troyanos como Aquiles y Patroclo, y con su gran amigo Elpénor, que vaga errante a la espera de una sepultura digna. Pero el encuentro que le causa más impresión es con su madre, Anticlea, a la que vio por última vez, viva, en Ítaca antes de partir hacia Troya, sin saber que nunca podría despedirse de ella.. Son las relaciones con los otros las que en buena parte nos definen como individuos. Odiseo es humano, no un ejemplo a seguir, y no siempre es el modelo de amigo que podrían haber esperado sus compañeros. Cuando logran escapar de la cueva de Polifemo gracias a su astucia, el de Ítaca, ya en la seguridad de su nave, no puede evitar darse la vuelta por un segundo, henchido de orgullo, para declararle al cíclope su verdadera identidad. Ante la atónita mirada de los marineros, una roca lanzada por Polifemo a punto estuvo de acabar con ellos cuando ya creían haber escapado. Sin embargo, el mayor castigo a la soberbia de Odiseo llegó en forma de profecía, aquella que vaticinaba que, si algún día llegaba a casa, sería tras haber visto morir a todos sus amigos.. El episodio de las sirenas. La humanidad de Odiseo se aprecia en el episodio de las sirenas: advertido por Circe, el héroe quiere, pese a todo, escuchar su canto seductor. La tentación ante los placeres y el deseo de descubrir son facetas intrínsecamente humanas, igual que lo es la capacidad de autocontrol y el debate interno que cada uno de nosotros tenemos entre lo que queremos y lo que debemos hacer. Odiseo es consciente de sus debilidades, y por ello se hace atar al mástil: porque conocerse a uno mismo no consiste en ignorar las tentaciones, sino en saber cómo enfrentarse a ellas.. Y, cuando al fin llega a Ítaca, sigue siendo Odiseo, el señor de la isla, pero también el Odiseo que batalló en Troya y que sobrevivió a la furia de los dioses. A los diez años que duró la guerra se sumaron otros diez de periplo, que se sintieron como más de cuarenta. Cuando llegamos al final de nuestro camino, ya no somos los mismos: hemos cambiado. Pero siempre habrá alguien que nos reconozca, como el perro Argos cuando, ya viejo, mueve la cola en un último soplo de felicidad al reconocer a su dueño, pese al disfraz que lleva para no ser reconocido. Argos puede morir tranquilo, recordándonos que siempre habrá alguien que nos espera.. Quizá la profunda humanidad de Odiseo sea la explicación de la extraordinaria vigencia del relato de Homero. Desde la antigua Roma hasta la película de Christopher Nolan nos hemos visto reflejados en el héroe de Ítaca. Odiseo ha sido guerrero, explorador, aventurero, símbolo político, modelo de superación personal… y seguirá transformándose con cada generación de lectores. Quizá por eso seguimos regresando a la Odisea. No porque nos hable de monstruos, dioses o héroes, sino porque nos recuerda algo esencial: todos emprendemos el viaje siendo una persona y regresamos siendo otra.. [[LINK:EXTERNO|||https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/arqueologa-e-historia-67-la-odisea-historia-mito-homero-odiseo-ulises/|||«La Odisea. Entre el mito y la historia»]]. DESPERTA FERRO n.º 67. 68 páginas,. 7,50 euros
Monstruos, dioses y naufragios son sólo el escenario. La verdadera Odisea narra algo mucho más cercano y, a la vez, universal: cómo el tiempo nos transforma
La vida deja tras de sí un rastro de imágenes. Si pudiéramos recorrerlas una a una, nos veríamos dando nuestros primeros pasos y también los últimos. En todas ellas estaríamos nosotros: una misma persona que, pese al paso de los años, sigue siendo la misma. Crecemos con el paso del tiempo y a través de las experiencias, exactamente igual que Odiseo hace casi 3.000 años. Quizá por eso el héroe que solo quería regresar a Ítaca nos ha fascinado durante milenios. Él pasa por las mismas experiencias que cualquiera de nosotros, convirtiendo su periplo en un viaje interior. El año que pasa Odiseo en la isla de Circe le sirve para olvidar, momentáneamente, su obsesión por regresar. Como ocurre tantas veces en la vida, el encuentro con personas distintas a nosotros y el paso del tiempo nos enriquecen y nos descubren en el error de las apariencias.. Algunas de las experiencias vitales que nos moldean como humanos –a algunos, por fortuna, les llegan más tarde– son las muertes de nuestros seres queridos. La pérdida de un amigo cercano o de un familiar nos hace entender, pese a que el duelo nunca desaparezca del todo, que nuestra existencia tiene fecha de caducidad, y que habría que haber aprovechado mejor el tiempo con los que ya no están. Cuando Odiseo desciende al Hades para consultar al adivino Tiresias, se encuentra con héroes troyanos como Aquiles y Patroclo, y con su gran amigo Elpénor, que vaga errante a la espera de una sepultura digna. Pero el encuentro que le causa más impresión es con su madre, Anticlea, a la que vio por última vez, viva, en Ítaca antes de partir hacia Troya, sin saber que nunca podría despedirse de ella.. Son las relaciones con los otros las que en buena parte nos definen como individuos. Odiseo es humano, no un ejemplo a seguir, y no siempre es el modelo de amigo que podrían haber esperado sus compañeros. Cuando logran escapar de la cueva de Polifemo gracias a su astucia, el de Ítaca, ya en la seguridad de su nave, no puede evitar darse la vuelta por un segundo, henchido de orgullo, para declararle al cíclope su verdadera identidad. Ante la atónita mirada de los marineros, una roca lanzada por Polifemo a punto estuvo de acabar con ellos cuando ya creían haber escapado. Sin embargo, el mayor castigo a la soberbia de Odiseo llegó en forma de profecía, aquella que vaticinaba que, si algún día llegaba a casa, sería tras haber visto morir a todos sus amigos.. La humanidad de Odiseo se aprecia en el episodio de las sirenas: advertido por Circe, el héroe quiere, pese a todo, escuchar su canto seductor. La tentación ante los placeres y el deseo de descubrir son facetas intrínsecamente humanas, igual que lo es la capacidad de autocontrol y el debate interno que cada uno de nosotros tenemos entre lo que queremos y lo que debemos hacer. Odiseo es consciente de sus debilidades, y por ello se hace atar al mástil: porque conocerse a uno mismo no consiste en ignorar las tentaciones, sino en saber cómo enfrentarse a ellas.. Y, cuando al fin llega a Ítaca, sigue siendo Odiseo, el señor de la isla, pero también el Odiseo que batalló en Troya y que sobrevivió a la furia de los dioses. A los diez años que duró la guerra se sumaron otros diez de periplo, que se sintieron como más de cuarenta. Cuando llegamos al final de nuestro camino, ya no somos los mismos: hemos cambiado. Pero siempre habrá alguien que nos reconozca, como el perro Argos cuando, ya viejo, mueve la cola en un último soplo de felicidad al reconocer a su dueño, pese al disfraz que lleva para no ser reconocido. Argos puede morir tranquilo, recordándonos que siempre habrá alguien que nos espera.. Quizá la profunda humanidad de Odiseo sea la explicación de la extraordinaria vigencia del relato de Homero. Desde la antigua Roma hasta la película de Christopher Nolan nos hemos visto reflejados en el héroe de Ítaca. Odiseo ha sido guerrero, explorador, aventurero, símbolo político, modelo de superación personal… y seguirá transformándose con cada generación de lectores. Quizá por eso seguimos regresando a la Odisea. No porque nos hable de monstruos, dioses o héroes, sino porque nos recuerda algo esencial: todos emprendemos el viaje siendo una persona y regresamos siendo otra.. «La Odisea. Entre el mito y la historia». DESPERTA FERRO n.º 67. 68 páginas,. 7,50 euros
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