Cuando pensamos en las grandes distancias del universo solemos hablar de años luz, la distancia que la luz recorre en un año, es decir, el resultado de multiplicar 300.000 x la cantidad de segundos en 365 días. El problema es que la expresión se ha vuelto tan habitual que casi ha perdido su capacidad de asombro. Pero existe otra medida mucho más cercana a nuestra experiencia cotidiana: el día luz, la distancia que recorre la luz en 24 horas, casi 25.900 millones de kilómetros. O, dicho de otro modo, la distancia que nos separa de Plutón… 1500 veces.. Y dentro de poco la humanidad alcanzará un hito que parecía reservado a la ciencia ficción. Según los cálculos de la NASA, el próximo 18 de noviembre de 2026, la sonda Voyager 1 se convertirá en el primer objeto construido por nuestra especie situado a una distancia de un día luz completo de la Tierra. Dicho de otro modo: cualquier mensaje enviado desde nuestro planeta tardará exactamente un día en llegar hasta ella. La historia de Voyager 1 comenzó en 1977. Su misión inicial era explorar los gigantes gaseosos del sistema solar exterior. Sobrevoló Júpiter y Saturno, envió imágenes que transformaron nuestra comprensión de ambos mundos y, una vez completado su trabajo, continuó avanzando hacia el espacio interestelar.. Nadie esperaba entonces que siguiera funcionando casi cincuenta años después. Sin embargo, la nave continúa enviando datos científicos. Aunque sus instrumentos y sistemas funcionan con una energía cada vez más limitada, sigue siendo uno de los experimentos más extraordinarios jamás realizados por la humanidad. Actualmente viaja a unos 17 kilómetros por segundo, una velocidad suficiente para recorrer la distancia entre Madrid y Barcelona en menos de un minuto. Pero incluso a ese ritmo vertiginoso, las dimensiones del cosmos hacen que su progreso parezca casi insignificante.. Así, a partir de esa fecha, cuando los ingenieros de la NASA envíen una instrucción a Voyager 1, la nave no la recibirá de inmediato, lo hará 24 horas exactas después. Y la respuesta tardará ese mismo lapso en llegar a nosotros.. Es cierto que la Voyager 1 no transporta astronautas, ni motores de última tecnología y menos aún sistemas de inteligencia artificial. Es una máquina diseñada en los años setenta, con una capacidad informática inferior a la de muchos relojes inteligentes actuales. Y, sin embargo, sigue “viva”. Y, a bordo, lleva el célebre Voyager Golden Record, un disco de oro que contiene saludos en decenas de idiomas, sonidos de la Tierra, música y fotografías de nuestro mundo. Una botella lanzada al océano cósmico que esconde nuestro deseo de ser leída.. La estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, se encuentra a más de cuatro años luz de distancia. A la velocidad actual de Voyager 1, alcanzarla requeriría decenas de miles de años. Por eso este acontecimiento tiene algo de poético. No representa el final de un viaje, sino apenas el primer paso hacia escalas que desafían la imaginación. El 18 de noviembre de 2026 no veremos fuegos artificiales ni ceremonias espectaculares. No ocurrirá nada visible en el cielo. Pero ese día una pequeña nave construida hace casi medio siglo cruzará una frontera simbólica que ninguna creación humana ha alcanzado antes.
Ese día, una señal enviada desde la Tierra tardará exactamente 24 horas en alcanzar la Voyager 1, el objeto más distante construido por la humanidad.
Cuando pensamos en las grandes distancias del universo solemos hablar de años luz, la distancia que la luz recorre en un año, es decir, el resultado de multiplicar 300.000 x la cantidad de segundos en 365 días. El problema es que la expresión se ha vuelto tan habitual que casi ha perdido su capacidad de asombro. Pero existe otra medida mucho más cercana a nuestra experiencia cotidiana: el día luz, la distancia que recorre la luz en 24 horas, casi 25.900 millones de kilómetros. O, dicho de otro modo, la distancia que nos separa de Plutón… 1500 veces.. Y dentro de poco la humanidad alcanzará un hito que parecía reservado a la ciencia ficción. Según los cálculos de la NASA, el próximo 18 de noviembre de 2026, la sonda Voyager 1 se convertirá en el primer objeto construido por nuestra especie situado a una distancia de un día luz completo de la Tierra. Dicho de otro modo: cualquier mensaje enviado desde nuestro planeta tardará exactamente un día en llegar hasta ella. La historia de Voyager 1 comenzó en 1977. Su misión inicial era explorar los gigantes gaseosos del sistema solar exterior. Sobrevoló Júpiter y Saturno, envió imágenes que transformaron nuestra comprensión de ambos mundos y, una vez completado su trabajo, continuó avanzando hacia el espacio interestelar.. Nadie esperaba entonces que siguiera funcionando casi cincuenta años después. Sin embargo, la nave continúa enviando datos científicos. Aunque sus instrumentos y sistemas funcionan con una energía cada vez más limitada, sigue siendo uno de los experimentos más extraordinarios jamás realizados por la humanidad. Actualmente viaja a unos 17 kilómetros por segundo, una velocidad suficiente para recorrer la distancia entre Madrid y Barcelona en menos de un minuto. Pero incluso a ese ritmo vertiginoso, las dimensiones del cosmos hacen que su progreso parezca casi insignificante.. Así, a partir de esa fecha, cuando los ingenieros de la NASA envíen una instrucción a Voyager 1, la nave no la recibirá de inmediato, lo hará 24 horas exactas después. Y la respuesta tardará ese mismo lapso en llegar a nosotros.. Es cierto que la Voyager 1 no transporta astronautas, ni motores de última tecnología y menos aún sistemas de inteligencia artificial. Es una máquina diseñada en los años setenta, con una capacidad informática inferior a la de muchos relojes inteligentes actuales. Y, sin embargo, sigue “viva”. Y, a bordo, lleva el célebre Voyager Golden Record, un disco de oro que contiene saludos en decenas de idiomas, sonidos de la Tierra, música y fotografías de nuestro mundo. Una botella lanzada al océano cósmico que esconde nuestro deseo de ser leída.. La estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, se encuentra a más de cuatro años luz de distancia. A la velocidad actual de Voyager 1, alcanzarla requeriría decenas de miles de años. Por eso este acontecimiento tiene algo de poético. No representa el final de un viaje, sino apenas el primer paso hacia escalas que desafían la imaginación. El 18 de noviembre de 2026 no veremos fuegos artificiales ni ceremonias espectaculares. No ocurrirá nada visible en el cielo. Pero ese día una pequeña nave construida hace casi medio siglo cruzará una frontera simbólica que ninguna creación humana ha alcanzado antes.
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