Analistas rusos cercanos al Kremlin creen que el ataque sobre Starobilsk ha marcado un punto de inflexión y piden aumentar la intensidad de los ataques a Ucrania e incluso apuntar militarmente contra países europeos. El fervor guerrero que sale de Moscú tiene que ver con el ataque ocurrido la noche del 22 de mayo, cuando varios drones impactaron contra un centro para estudiantes de ciclos superiores en Starobelsk, una ciudad en la región de Lugansk, en el este de Ucrania, territorio ocupado por Rusia desde 2022. En el momento del ataque había 86 jóvenes de entre 14 y 21 años dentro del edificio de cinco pisos, que quedó destruido. Según datos oficiales rusos, 21 personas murieron y 63 resultaron heridas.. El Estado Mayor ucraniano negó haber atacado a civiles y aseguró que el objetivo era el cuartel general de la unidad Rubicon, la principal organización del Ministerio de Defensa ruso dedicada al uso de drones en la guerra. La publicación independiente rusa «Meduza» señala que no hay pruebas de que hubiera militares en la residencia estudiantil atacada y apunta a que la explicación más probable es un error de inteligencia.. La reacción del Kremlin fue inmediata. Vladimir Putin calificó el ataque de «acto terrorista» y ordenó al ejército preparar una respuesta. Dos noches después, Rusia lanzó sobre Kiev uno de sus mayores ataques en semanas: 90 misiles y 600 drones que mataron a dos personas e hirieron a 87. La indignación rusa llegó también al Consejo de Seguridad de la ONU, donde se convocó una reunión de emergencia. El embajador ucraniano, Andriy Melnyk, rechazó las acusaciones de crímenes de guerra calificándolas de «puro espectáculo propagandístico», mientras varios países pidieron acceso independiente al lugar para investigar lo ocurrido.. Más allá de las instituciones políticos, en el ámbito civil y académico cada vez son más las voces que presionan al Kremlin para subir la intensidad de la respuesta contra Ucrania y Occidente. En declaraciones recogidas por el periódico ruso «Kommersant», Andrey Ilnitsky, del Consejo de Política Exterior y de Defensa, afirma que la masacre ha colmado «la copa de la paciencia» del Estado y defiende que Moscú debe pasar de la represalia puntual a una estrategia de «escalada controlada» cuyo objetivo no sea la venganza sino una «respuesta ineludible». En la misma línea, Vasily Kashin, de la Escuela Superior de Economía de Moscú, considera los bombardeos sobre Kiev «la consecuencia inevitable» de los ataques previos de Ucrania en suelo ruso, y sostiene que golpear la capital ucraniana con mayor intensidad no solo destruye arsenales y fábricas de drones sino que «aumentará la presión sobre las autoridades ucranianas para que inicien negociaciones».. Sergey Poletaev, cofundador del proyecto Vatfor, advierte de que Kiev sigue siendo «la ciudad más fortificada de Ucrania en términos de defensa aérea», pero concluye que las últimas incursiones demuestran que el escudo antimisiles ucraniano está suficientemente debilitado como para que los ataques sean operativamente viables, algo que califica como el «verdadero motivo del cambio de paradigma». El más alarmista es Dmitry Suslov, subdirector del Centro de Estudios Europeos, quien acusa a las élites europeas de usar a Ucrania para alargar el conflicto y lanza una advertencia explícita: si la retaguardia europea no frena su apoyo a Kiev, «el siguiente paso en la escalada consistirá en ataques directos contra objetivos dentro de los países de la UE y la OTAN».. Por su parte, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajárova, acusó a Occidente de difundir «mentiras descaradas» y retó públicamente a la BBC y a la CNN a enviar reporteros a Starobilsk. Según fuentes rusas, ambas cadenas declinaron participar en la visita organizada, a la que sí acudieron unos 50 periodistas de 19 países. El presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, aprovechó la tragedia para apuntar contra Elon Musk, afirmando que los satélites Starlink del empresario estadounidense fueron usados para guiar los drones.
Analistas rusos cercanos al Kremlin creen que el ataque sobre Starobilsk ha marcado un punto de inflexión y piden aumentar la intensidad de los ataques a Ucrania e incluso apuntar militarmente contra países europeos. El fervor guerrero que sale de Moscú tiene que ver con el ataque ocurrido la noche del 22 de mayo, cuando varios drones impactaron contra un centro para estudiantes de ciclos superiores en Starobelsk, una ciudad en la región de Lugansk, en el este de Ucrania, territorio ocupado por Rusia desde 2022. En el momento del ataque había 86 jóvenes de entre 14 y 21 años dentro del edificio de cinco pisos, que quedó destruido. Según datos oficiales rusos, 21 personas murieron y 63 resultaron heridas.. El Estado Mayor ucraniano negó haber atacado a civiles y aseguró que el objetivo era el cuartel general de la unidad Rubicon, la principal organización del Ministerio de Defensa ruso dedicada al uso de drones en la guerra. La publicación independiente rusa «Meduza» señala que no hay pruebas de que hubiera militares en la residencia estudiantil atacada y apunta a que la explicación más probable es un error de inteligencia.. La reacción del Kremlin fue inmediata. Vladimir Putin calificó el ataque de «acto terrorista» y ordenó al ejército preparar una respuesta. Dos noches después, Rusia lanzó sobre Kiev uno de sus mayores ataques en semanas: 90 misiles y 600 drones que mataron a dos personas e hirieron a 87. La indignación rusa llegó también al Consejo de Seguridad de la ONU, donde se convocó una reunión de emergencia. El embajador ucraniano, Andriy Melnyk, rechazó las acusaciones de crímenes de guerra calificándolas de «puro espectáculo propagandístico», mientras varios países pidieron acceso independiente al lugar para investigar lo ocurrido.. Más allá de las instituciones políticos, en el ámbito civil y académico cada vez son más las voces que presionan al Kremlin para subir la intensidad de la respuesta contra Ucrania y Occidente. En declaraciones recogidas por el periódico ruso «Kommersant», Andrey Ilnitsky, del Consejo de Política Exterior y de Defensa, afirma que la masacre ha colmado «la copa de la paciencia» del Estado y defiende que Moscú debe pasar de la represalia puntual a una estrategia de «escalada controlada» cuyo objetivo no sea la venganza sino una «respuesta ineludible». En la misma línea, Vasily Kashin, de la Escuela Superior de Economía de Moscú, considera los bombardeos sobre Kiev «la consecuencia inevitable» de los ataques previos de Ucrania en suelo ruso, y sostiene que golpear la capital ucraniana con mayor intensidad no solo destruye arsenales y fábricas de drones sino que «aumentará la presión sobre las autoridades ucranianas para que inicien negociaciones».. Sergey Poletaev, cofundador del proyecto Vatfor, advierte de que Kiev sigue siendo «la ciudad más fortificada de Ucrania en términos de defensa aérea», pero concluye que las últimas incursiones demuestran que el escudo antimisiles ucraniano está suficientemente debilitado como para que los ataques sean operativamente viables, algo que califica como el «verdadero motivo del cambio de paradigma». El más alarmista es Dmitry Suslov, subdirector del Centro de Estudios Europeos, quien acusa a las élites europeas de usar a Ucrania para alargar el conflicto y lanza una advertencia explícita: si la retaguardia europea no frena su apoyo a Kiev, «el siguiente paso en la escalada consistirá en ataques directos contra objetivos dentro de los países de la UE y la OTAN».. Por su parte, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, Maria Zajárova, acusó a Occidente de difundir «mentiras descaradas» y retó públicamente a la BBC y a la CNN a enviar reporteros a Starobilsk. Según fuentes rusas, ambas cadenas declinaron participar en la visita organizada, a la que sí acudieron unos 50 periodistas de 19 países. El presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, aprovechó la tragedia para apuntar contra Elon Musk, afirmando que los satélites Starlink del empresario estadounidense fueron usados para guiar los drones.
Académicos y expertos rusos presionan al Kremlin para pasar de la «represalia puntual» a una estrategia de guerra total contra Ucrania y sus aliados
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