La misión Artemis II ya se encuentra en marcha y medio siglo después una nave tripulada está poniendo rumbo hacia la Luna. Esta fase, aunque no implique el alunizaje, ya implica un hecho histórico, pues es el lanzamiento que pone a prueba todos los sistemas necesarios para precisamente llegar a la misión que tiene como objetivo plantar una base humana lunar en el satélite. Entre muchas técnicas y tecnologías, uno de los puntos claves es el impacto de este viaje en la salud de los astronautas.. Viajar hasta la Luna conlleva traspasar las capas protectoras de radiación, por lo que desde la NASA plantearon también esta misión como un ensayo para el soporte vital. Dentro de este plan, se incluyen unos chips de órganos que tienen como objetivo llevar la medicina personalizada al espacio.. Un plan estratégico pionero bajo la investigación de Respuesta Análoga Virtual de Tejido de un Astronauta (AVATAR, por su acrónimo en inglés) con unos chips de órganos que permitirán conocer los efectos de la radiación y la microgravedad en los astronautas. Pero que en la Tierra ya los vienen usando los oncólogos en estudios sobre el cáncer.. Órgano en un chip: ¿qué es?. Los órganos en un chip, que también se pueden llamar chips de tejidos, son del tamaño de una unidad USB y permiten estudiar el impacto de los tejidos humanos ante factores de estrés extremos como puede ser la radiación, pero también para conocer los efectos de tratamientos terapéuticos.. Estos chips se forman a partir de las células humanas extraídas por analítica de sangre, células de la piel u otros cultivos celulares, en el caso de Artemis II, de los cuatro astronautas. Desde la NASA explican que «modelan las estructuras y funciones de tejidos y órganos humanos específicos, como los pulmones, el corazón, el páncreas y el hígado, y pueden conectarse entre sí para imitar sistemas fisiológicos completos, como el sistema circulatorio sanguíneo».. Esta fabricación a base de células humanas hace que los datos recopilados sean más «auténticos» para comparar y estudiar cómo el cuerpo reacciona a las condiciones extremas o vuelos espaciales. Hasta ahora, lo que se ha podido demostrar con la ciencia es que la microgravedad y la radiación provocan cambios acelerados en el cuerpo que se asocian con enfermedades como la aterosclerosis y la pérdida ósea, «que normalmente tardan muchos años en manifestarse en la Tierra», dicen desde la NASA.. Uno de los objetivos de Artemis II: la médula ósea. Los chips de órganos viajan en la nave Orion, resguardados en una carga útil personalizada por la empresa Space Tando. La NASA ha elaborado un plan para que estos puedan mantenerse durante la travesía de 10 días en perfectas condiciones ambientales y de administración energética. Durante la misión que orbitará la Luna, estos chips de órganos «creados con células madre y progenitoras que forman la sangre, las cuales se originan en la médula ósea» de la tripulación, marcarán una investigación pionera.. «Los estudios han demostrado que la microgravedad afecta el desarrollo de las células de la médula ósea», explican desde la NASA, incluso en órbita terrestre baja donde trabaja la Estación Espacial Internacional. Por tanto, un viaje hasta el espacio profundo podría tener mayores consecuencias, y descubrirlo es un punto clave para futuras misiones. Así pues, mediante las plaquetas y células madre y progenitoras donadas por los astronautas de Artemis II, se podrá investigar cómo la radiación afecta a la médula ósea.. Esta investigación, «puede proporcionar información sobre cómo la radioterapia y otros agentes que dañan el ADN, como los fármacos quimioterapéuticos, perjudican la formación de los glóbulos sanguíneos. Su importancia tanto para los vuelos espaciales como para la medicina en la Tierra hace que la médula ósea sea un órgano ideal para su estudio en el proyecto AVATAR de Artemis II», justifica la NASA.. Chips claves para el estudio del cáncer y sus efectos. Según cómo, también, puedo explicar la NASA, estos órganos en chip son hoy en día utilizados por oncólogos. Mediante la donación de células de voluntarios, los investigadores pueden estudiar opciones de tratamientos oncológicos y sus tasas de éxito.. Al imitar el funcionamiento de los órganos a escala microscópica, los científicos pueden anticiparse a los modelos terapéuticos según el tipo de tumor que presenten las células. Así pues, los oncólogos podrían comprobar la reacción del cáncer ante los tratamientos de radiación, o incluso la reacción a otros tipos de medicamentos, así como las transformaciones o cambios celulares.
Se trata de un experimento ya usado por oncólogos en Tierra, y ahora aplicado en Artemis II para conocer los efectos de la radiación y la microgravedad en los astronautas.
La misión Artemis II ya se encuentra en marcha y medio siglo después una nave tripulada está poniendo rumbo hacia la Luna. Esta fase, aunque no implique el alunizaje, ya implica un hecho histórico, pues es el lanzamiento que pone a prueba todos los sistemas necesarios para precisamente llegar a la misión que tiene como objetivo plantar una base humana lunar en el satélite. Entre muchas técnicas y tecnologías, uno de los puntos claves es el impacto de este viaje en la salud de los astronautas.. Viajar hasta la Luna conlleva traspasar las capas protectoras de radiación, por lo que desde la NASA plantearon también esta misión como un ensayo para el soporte vital. Dentro de este plan, se incluyen unos chips de órganos que tienen como objetivo llevar la medicina personalizada al espacio.. Un plan estratégico pionero bajo la investigación de Respuesta Análoga Virtual de Tejido de un Astronauta (AVATAR, por su acrónimo en inglés) con unos chips de órganos que permitirán conocer los efectos de la radiación y la microgravedad en los astronautas. Pero que en la Tierra ya los vienen usando los oncólogos en estudios sobre el cáncer.. Órgano en un chip: ¿qué es?. Los órganos en un chip, que también se pueden llamar chips de tejidos, son del tamaño de una unidad USB y permiten estudiar el impacto de los tejidos humanos ante factores de estrés extremos como puede ser la radiación, pero también para conocer los efectos de tratamientos terapéuticos.. Estos chips se forman a partir de las células humanas extraídas por analítica de sangre, células de la piel u otros cultivos celulares, en el caso de Artemis II, de los cuatro astronautas. Desde la NASA explican que «modelan las estructuras y funciones de tejidos y órganos humanos específicos, como los pulmones, el corazón, el páncreas y el hígado, y pueden conectarse entre sí para imitar sistemas fisiológicos completos, como el sistema circulatorio sanguíneo».. Imagen de archivo de chip médico.Getty Images. Esta fabricación a base de células humanas hace que los datos recopilados sean más «auténticos» para comparar y estudiar cómo el cuerpo reacciona a las condiciones extremas o vuelos espaciales. Hasta ahora, lo que se ha podido demostrar con la ciencia es que la microgravedad y la radiación provocan cambios acelerados en el cuerpo que se asocian con enfermedades como la aterosclerosis y la pérdida ósea, «que normalmente tardan muchos años en manifestarse en la Tierra», dicen desde la NASA.. Uno de los objetivos de Artemis II: la médula ósea. Los chips de órganos viajan en la nave Orion, resguardados en una carga útil personalizada por la empresa Space Tando. La NASA ha elaborado un plan para que estos puedan mantenerse durante la travesía de 10 días en perfectas condiciones ambientales y de administración energética. Durante la misión que orbitará la Luna, estos chips de órganos «creados con células madre y progenitoras que forman la sangre, las cuales se originan en la médula ósea» de la tripulación, marcarán una investigación pionera.. «Los estudios han demostrado que la microgravedad afecta el desarrollo de las células de la médula ósea», explican desde la NASA, incluso en órbita terrestre baja donde trabaja la Estación Espacial Internacional. Por tanto, un viaje hasta el espacio profundo podría tener mayores consecuencias, y descubrirlo es un punto clave para futuras misiones. Así pues, mediante las plaquetas y células madre y progenitoras donadas por los astronautas de Artemis II, se podrá investigar cómo la radiación afecta a la médula ósea.. Esta investigación, «puede proporcionar información sobre cómo la radioterapia y otros agentes que dañan el ADN, como los fármacos quimioterapéuticos, perjudican la formación de los glóbulos sanguíneos. Su importancia tanto para los vuelos espaciales como para la medicina en la Tierra hace que la médula ósea sea un órgano ideal para su estudio en el proyecto AVATAR de Artemis II», justifica la NASA.. Chips claves para el estudio del cáncer y sus efectos. Imagen archivo sobre investigación de la salud.Getty Images. Según cómo, también, puedo explicar la NASA, estos órganos en chip son hoy en día utilizados por oncólogos. Mediante la donación de células de voluntarios, los investigadores pueden estudiar opciones de tratamientos oncológicos y sus tasas de éxito.. Al imitar el funcionamiento de los órganos a escala microscópica, los científicos pueden anticiparse a los modelos terapéuticos según el tipo de tumor que presenten las células. Así pues, los oncólogos podrían comprobar la reacción del cáncer ante los tratamientos de radiación, o incluso la reacción a otros tipos de medicamentos, así como las transformaciones o cambios celulares.
