A lo largo del último siglo, los mundiales han dado grandes momentos de tensión geopolítica. Maradona vengó la derrota de las Malvinas marcando un gol con la mano a Inglaterra en México 86. Mussolini utilizó Italia 1930 para hacer propaganda descarada del fascismo, presionando a su propio equipo nacional con un lema salvaje: “Vencer o morir”. Una eliminatoria entre Salvador y Honduras provocó una guerra real de cien días entre ambos países en la fase de clasificación para la copa de 1970. Y nada manos que una quincena de países africanos se retiraron de Inglaterra en 1966 porque el racismo imperante otorgaba una sola plaza al continente y además no se boicoteó a la Sudáfrica del apartheid.. Con Trump en la Casa Blanca, el mundial de 2026 también se presenta como explosivo. Destaco un dato: esta es la primera vez que el jefe de Estado ([[LINK:TAG|||tag|||6336141fecd56e3616931c8f|||Donald Trump]]) de un país anfitrión es responsable del asesinato del presidente de otro país participante (Irán), que finalmente queda excluida para evitar problemas. Por suerte para todos, ni Cuba ni Venezuela ni Israel se han clasificado, rebajando un poco la posibilidad de choques frontales. El punto más caliente para los encargados de la seguridad en la competición es la posibilidad de redadas del ICE —la polémica milicia antiinmigración del trumpismo—, que pueden liarla gorda en los estadios. Aunque, si lo pensamos mejor, es más probable que los problemas vengan de los cárteles mexicanos, todavía dominantes en otro de los países anfitriones, donde en muchas zonas el narco tiene más poder que la policía.. Trump lleva queriendo organizar esta copa desde su primer mandato en 2016. Le impresionó que [[LINK:TAG|||tag|||633618fd1e757a32c790c2bf|||Gianni Infantino]], presidente de la FIFA, le explicase que el mundial es el equivalente a celebrar tres finales diarias de la SuperBowl durante un mes. No está exagerando: mientras la gran noche del fútbol americano atrajo en 2025 unos 125 millones de espectadores, la final de la Copa del Mundo de Qatar 2022 obtuvo alrededor de 1.600 millones de audiencia. Además la FIFA terminó por convencer a Trump de que estaba ante un gran negocio, que creará 185.000 empleos y generará 5.000 millones de dólares en actividad económica, cifras orientativas y quizá optimistas en exceso. Está claro que la FIFA le dice a Trump lo que quiere escuchar: están tan volcados en complacerle que decidieron que su oficina en Estados Unidos había que alquilarla en la Trump Tower de Nueva York.. James Billot, del digital británico Unherd, publicó hace un mes un reportaje crucial para comprender la situación. “En este torneo habrá muchísimo patriotismo”, le dijo Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre la FIFA e hijo de Rudy, el famoso alcalde de Nueva York. “Hay quienes quieren politizar el patriotismo, pero debería ser apolítico”. Giuliani no especifica quiénes son estas personas, pero es difícil imaginar a Donald Trump portándose de manera neutral durante un mes entero. Más bien le vemos entrando al palco del partido inaugural con una gorra roja de Make America Great Again. Con la ausencia de China, Irán y Rusia, el Mundial de este año tendrá un aire imperial romano. “Los enemigos del emperador han sido derrotados o apartados, dejando a Trump para disfrutar de la gloria. Y cuando las masas sintonicen la final, será el inquilino de la Casa Blanca quien esté en el estrado, coronando a los vencedores”, señala Billot.. Por supuesto, no nos libraremos de las plañideras woke habituales. Los dos últimos mundiales se celebraron en Rusia y Catar, dos de las naciones más homófobas del planeta, pero parece que a algunos les da mucho más miedo la presunta intolerancia de Estados Unidos. “En los últimos meses, varias organizaciones, entre ellas la ACLU (Unión Estadounidense por las Libertades Civiles) y Amnistía Internacional, han emitido advertencias de viaje para quienes visiten Estados Unidos con motivo del Mundial. En ellas, avisan de que los inmigrantes, las minorías raciales y las personas LGBTQI+ han sido y siguen siendo objeto de discriminación y se ven afectadas de forma desproporcionada por las políticas del gobierno y, por lo tanto, son las más vulnerables a sufrir graves daños al viajar a Estados Unidos o dentro del país”, escribe el San Francisco Chronicle, cayendo en un alarmismo infantil.. La solución por la que han apostado los lobbies gays son las Casas del Orgullo (“Pride houses”), inspiradas en el modelo histórico de casas de hospitalidad olímpicas, que ofrecen un espacio acogedor para los aficionados, atletas y aliados LGBTQI+ durante los eventos deportivos. Originadas con el movimiento olímpico de Vancouver 2010, esta será la iniciativa woke más ambiciosa vinculada a una Copa Mundial, con presencia en las 16 sedes de Norteamérica. Estamos ante una de las redes de protección más innecesarias de la Historia, sobre todo en lugares como California y Nueva York, que son cuna de la defensa de la diversidad sexual.. Ángel Badillo Matos, del Real Instituto Elcano, nos advierte de que la mayor amenaza para la armonía del fútbol internacional es la propia FIFA, enfangada como siempre en una densa corrupción. Todavía resuena la deshonra del Fifagate, escándalo de corrupción destapado en mayo de 2015 por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que acusó a la organización de recibir 150 millones de dólares en sobornos. Aquella denuncia “sigue manchando la institución, que ignora los Derechos Humanos al asignar sedes para sus acontecimientos, como ocurrió en 2022 con Catar y sucederá en 2034 con Arabia Saudí”. Aquel lodazal de corrupción costó su puesto al entonces presidente de la organización, Joseph Blatter.. Su cúpula tenía “todos los elementos de un sindicato del crimen organizado”, según resumió Andrew Jennings, periodista escocés especializado en corrupción deportiva. El sucesor de Blatter, Gianni Infantino, ha recibido duras críticas tras la creación y entrega del Premio FIFA de la Paz a Donald Trump en 2025, “un galardón cuyo comité de selección fue presidido por el empresario y expresidente de la federación de fútbol de Birmania, Zaw Zaw, con fuertes vínculos con la dictadura militar y la represión de la minoría rohinyá. Nunca se desvelaron ni el procedimiento ni los criterios de aquella elección”, recuerda Badillo Matos.. La selección española se presenta sin grandes conflictos a vista. Como es tradicional, nuestros máximos enemigos somos nosotros mismos, con cierta derecha empeñada en que Lamine Yamal y Nico Williams no son españoles por su color de piel (la nacionalidad no depende del ser negro o blanco, si hay que cuestionar a Yamal que sea por los gestos y declaraciones donde parece sentirse marroquí). También hay tensión interna por culpa de los nacionalistas vascos: recordemos que Oyarzabal hizo ademán de besar el escudo cuando marcó el gol que nos daba la Eurocopa 2024, pero a última hora se arrepintió por las consecuencias que pudiera tener en Euskadi. A pesar de estos tristes detalles, la selección sigue siendo el pegamento nacional que nos mejor ha funcionado desde la tragedia de la guerra civil. Ganar el mundial de 2010 ha hecho que dos generaciones de niños hayan crecido queriendo sin reservas a su país. Una contribución mayúscula a resucitar el patriotismo popular.
El poderío del presidente Donald Trump, un icono global tan amado como odiado, afecta al tipo de conflictos que pueden producirse en la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá. ¿Serán capaces de gestionarla sin incidentes?
A lo largo del último siglo, los mundiales han dado grandes momentos de tensión geopolítica. Maradona vengó la derrota de las Malvinas marcando un gol con la mano a Inglaterra en México 86. Mussolini utilizó Italia 1930 para hacer propaganda descarada del fascismo, presionando a su propio equipo nacional con un lema salvaje: “Vencer o morir”. Una eliminatoria entre Salvador y Honduras provocó una guerra real de cien días entre ambos países en la fase de clasificación para la copa de 1970. Y nada manos que una quincena de países africanos se retiraron de Inglaterra en 1966 porque el racismo imperante otorgaba una sola plaza al continente y además no se boicoteó a la Sudáfrica del apartheid.. Con Trump en la Casa Blanca, el mundial de 2026 también se presenta como explosivo. Destaco un dato: esta es la primera vez que el jefe de Estado (Donald Trump) de un país anfitrión es responsable del asesinato del presidente de otro país participante (Irán), que finalmente queda excluida para evitar problemas. Por suerte para todos, ni Cuba ni Venezuela ni Israel se han clasificado, rebajando un poco la posibilidad de choques frontales. El punto más caliente para los encargados de la seguridad en la competición es la posibilidad de redadas del ICE —la polémica milicia antiinmigración del trumpismo—, que pueden liarla gorda en los estadios. Aunque, si lo pensamos mejor, es más probable que los problemas vengan de los cárteles mexicanos, todavía dominantes en otro de los países anfitriones, donde en muchas zonas el narco tiene más poder que la policía.. Trump lleva queriendo organizar esta copa desde su primer mandato en 2016. Le impresionó que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, le explicase que el mundial es el equivalente a celebrar tres finales diarias de la SuperBowl durante un mes. No está exagerando: mientras la gran noche del fútbol americano atrajo en 2025 unos 125 millones de espectadores, la final de la Copa del Mundo de Qatar 2022 obtuvo alrededor de 1.600 millones de audiencia. Además la FIFA terminó por convencer a Trump de que estaba ante un gran negocio, que creará 185.000 empleos y generará 5.000 millones de dólares en actividad económica, cifras orientativas y quizá optimistas en exceso. Está claro que la FIFA le dice a Trump lo que quiere escuchar: están tan volcados en complacerle que decidieron que su oficina en Estados Unidos había que alquilarla en la Trump Tower de Nueva York.. James Billot, del digital británico Unherd, publicó hace un mes un reportaje crucial para comprender la situación. “En este torneo habrá muchísimo patriotismo”, le dijo Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre la FIFA e hijo de Rudy, el famoso alcalde de Nueva York. “Hay quienes quieren politizar el patriotismo, pero debería ser apolítico”. Giuliani no especifica quiénes son estas personas, pero es difícil imaginar a Donald Trump portándose de manera neutral durante un mes entero. Más bien le vemos entrando al palco del partido inaugural con una gorra roja de Make America Great Again. Con la ausencia de China, Irán y Rusia, el Mundial de este año tendrá un aire imperial romano. “Los enemigos del emperador han sido derrotados o apartados, dejando a Trump para disfrutar de la gloria. Y cuando las masas sintonicen la final, será el inquilino de la Casa Blanca quien esté en el estrado, coronando a los vencedores”, señala Billot.. Por supuesto, no nos libraremos de las plañideras woke habituales. Los dos últimos mundiales se celebraron en Rusia y Catar, dos de las naciones más homófobas del planeta, pero parece que a algunos les da mucho más miedo la presunta intolerancia de Estados Unidos. “En los últimos meses, varias organizaciones, entre ellas la ACLU (Unión Estadounidense por las Libertades Civiles) y Amnistía Internacional, han emitido advertencias de viaje para quienes visiten Estados Unidos con motivo del Mundial. En ellas, avisan de que los inmigrantes, las minorías raciales y las personas LGBTQI+ han sido y siguen siendo objeto de discriminación y se ven afectadas de forma desproporcionada por las políticas del gobierno y, por lo tanto, son las más vulnerables a sufrir graves daños al viajar a Estados Unidos o dentro del país”, escribe el San Francisco Chronicle, cayendo en un alarmismo infantil.. La solución por la que han apostado los lobbies gays son las Casas del Orgullo (“Pride houses”), inspiradas en el modelo histórico de casas de hospitalidad olímpicas, que ofrecen un espacio acogedor para los aficionados, atletas y aliados LGBTQI+ durante los eventos deportivos. Originadas con el movimiento olímpico de Vancouver 2010, esta será la iniciativa woke más ambiciosa vinculada a una Copa Mundial, con presencia en las 16 sedes de Norteamérica. Estamos ante una de las redes de protección más innecesarias de la Historia, sobre todo en lugares como California y Nueva York, que son cuna de la defensa de la diversidad sexual.. Ángel Badillo Matos, del Real Instituto Elcano, nos advierte de que la mayor amenaza para la armonía del fútbol internacional es la propia FIFA, enfangada como siempre en una densa corrupción. Todavía resuena la deshonra del Fifagate, escándalo de corrupción destapado en mayo de 2015 por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que acusó a la organización de recibir 150 millones de dólares en sobornos. Aquella denuncia “sigue manchando la institución, que ignora los Derechos Humanos al asignar sedes para sus acontecimientos, como ocurrió en 2022 con Catar y sucederá en 2034 con Arabia Saudí”. Aquel lodazal de corrupción costó su puesto al entonces presidente de la organización, Joseph Blatter.. Su cúpula tenía “todos los elementos de un sindicato del crimen organizado”, según resumió Andrew Jennings, periodista escocés especializado en corrupción deportiva. El sucesor de Blatter, Gianni Infantino, ha recibido duras críticas tras la creación y entrega del Premio FIFA de la Paz a Donald Trump en 2025, “un galardón cuyo comité de selección fue presidido por el empresario y expresidente de la federación de fútbol de Birmania, Zaw Zaw, con fuertes vínculos con la dictadura militar y la represión de la minoría rohinyá. Nunca se desvelaron ni el procedimiento ni los criterios de aquella elección”, recuerda Badillo Matos.. La selección española se presenta sin grandes conflictos a vista. Como es tradicional, nuestros máximos enemigos somos nosotros mismos, con cierta derecha empeñada en que Lamine Yamal y Nico Williams no son españoles por su color de piel (la nacionalidad no depende del ser negro o blanco, si hay que cuestionar a Yamal que sea por los gestos y declaraciones donde parece sentirse marroquí). También hay tensión interna por culpa de los nacionalistas vascos: recordemos que Oyarzabal hizo ademán de besar el escudo cuando marcó el gol que nos daba la Eurocopa 2024, pero a última hora se arrepintió por las consecuencias que pudiera tener en Euskadi. A pesar de estos tristes detalles, la selección sigue siendo el pegamento nacional que nos mejor ha funcionado desde la tragedia de la guerra civil. Ganar el mundial de 2010 ha hecho que dos generaciones de niños hayan crecido queriendo sin reservas a su país. Una contribución mayúscula a resucitar el patriotismo popular.
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