¿Cuántas veces se pierde el sueño imaginando el peor escenario posible ante un problema que, al final, nunca llega a ocurrir? Ese mensaje del jefe un viernes por la tarde que te hace imaginar un despido inminente, ese dolor de cabeza que, tras buscarlo en Google, te convence de que tienes una enfermedad terrible, o esa charla pendiente que ensayas mentalmente cien veces con resultados horribles. La mente es una experta directora de cine especializada en películas de terror. Y aunque a día de hoy, tienen nombres como «ansiedad anticipatoria» o «sobrepensar», lo cierto es que este fallo del ser humano ya fue detectado hace casi 2.000 años.. Fue el filósofo Séneca, uno de los pensadores más significativos de la Antigua Roma, quien dio en la clave para este malestar en una simple frase: «Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad». Esta advertencia se encuentra en las Cartas a Lucilio, concretamente en la Epístola XIII, donde el filósofo intentaba enseñarle a su joven amigo a no adelantarse a las desgracias. Pero, ¿qué significa exactamente esta frase y por qué es más urgente que nunca entenderla hoy?. Lo que Séneca intentaba explicar, es que los seres humanos tienen una capacidad única para torturarse a ellos mismos antes de que los hechos ocurran. A diferencia de los animales, que huyen cuando ven al león, los humanos huyen de leones imaginarios todos los días. El sufrimiento real, el físico o el emocional causado por un evento trágico, es inevitable y tiene una duración determinado, sin embargo, el sufrimiento imaginario es infinito. Cuando nos adelantamos a la desgracia y empezamos con los «y si sale mal», «y si me equivoco», «y si me rechazan», estamos pagando por adelantado una deuda que quizá nunca lleguemos a contraer.. Séneca no decía que el dolor no existe o que se debe vivir en un optimismo ciego, lo que pedía es que no nos adelantemos a él. El dolor real suele ser más manejable que el fantasma del dolor que creamos en nuestra mente, porque cuando la desgracia real llega, solemos encontrar los recursos para hacerle frente. En la imaginación, por el contrario, estamos indefensos frente a nuestros propios monstruos.. El antídoto estoico contra la ansiedad moderna. En la actualidad, la mayoría vive bombardeada por estímulos diseñados para estar en alerta, entre crisis económicas, pandemias, notificaciones constantes y un ritmo de vida que no deja respirar, esto es lo que lleva a nuestra imaginación a que se ponga en lo peor.. La filosofía estoica, y en particular esta máxima de Séneca, propone un ejercicio radical para la mente: separar los hechos objetivos de las interpretaciones que hace cada uno, es decir, la próxima vez que uno sienta que la angustia le invade por algo que podría pasar, debe hacer un alto en el camino y preguntarse: ¿Esto está pasando ahora mismo o está pasando solo en mi cabeza? La mayoría de las veces te das cuenta de que estás sufriendo por un futuro que no existe.. Como bien recordaba el filósofo romano, «es una tontería ser infeliz ahora porque vas a serlo más adelante». Así que, cuando la mente empiece a rodar una película catastrófica, lo que hay que hacer es apagar la pantalla.
Aunque a día de hoy, tienen nombres como «ansiedad anticipatoria» o «sobrepensar», lo cierto es que este fallo del ser humano ya fue detectado hace casi 2.000 años
¿Cuántas veces se pierde el sueño imaginando el peor escenario posible ante un problema que, al final, nunca llega a ocurrir? Ese mensaje del jefe un viernes por la tarde que te hace imaginar un despido inminente, ese dolor de cabeza que, tras buscarlo en Google, te convence de que tienes una enfermedad terrible, o esa charla pendiente que ensayas mentalmente cien veces con resultados horribles. La mente es una experta directora de cine especializada en películas de terror. Y aunque a día de hoy, tienen nombres como «ansiedad anticipatoria» o «sobrepensar», lo cierto es que este fallo del ser humano ya fue detectado hace casi 2.000 años.. Fue el filósofo Séneca, uno de los pensadores más significativos de la Antigua Roma, quien dio en la clave para este malestar en una simple frase: «Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad». Esta advertencia se encuentra en las Cartas a Lucilio, concretamente en la Epístola XIII, donde el filósofo intentaba enseñarle a su joven amigo a no adelantarse a las desgracias. Pero, ¿qué significa exactamente esta frase y por qué es más urgente que nunca entenderla hoy?. Lo que Séneca intentaba explicar, es que los seres humanos tienen una capacidad única para torturarse a ellos mismos antes de que los hechos ocurran. A diferencia de los animales, que huyen cuando ven al león, los humanos huyen de leones imaginarios todos los días. El sufrimiento real, el físico o el emocional causado por un evento trágico, es inevitable y tiene una duración determinado, sin embargo, el sufrimiento imaginario es infinito. Cuando nos adelantamos a la desgracia y empezamos con los «y si sale mal», «y si me equivoco», «y si me rechazan», estamos pagando por adelantado una deuda que quizá nunca lleguemos a contraer.. Séneca no decía que el dolor no existe o que se debe vivir en un optimismo ciego, lo que pedía es que no nos adelantemos a él. El dolor real suele ser más manejable que el fantasma del dolor que creamos en nuestra mente, porque cuando la desgracia real llega, solemos encontrar los recursos para hacerle frente. En la imaginación, por el contrario, estamos indefensos frente a nuestros propios monstruos.. En la actualidad, la mayoría vive bombardeada por estímulos diseñados para estar en alerta, entre crisis económicas, pandemias, notificaciones constantes y un ritmo de vida que no deja respirar, esto es lo que lleva a nuestra imaginación a que se ponga en lo peor.. La filosofía estoica, y en particular esta máxima de Séneca, propone un ejercicio radical para la mente: separar los hechos objetivos de las interpretaciones que hace cada uno, es decir, la próxima vez que uno sienta que la angustia le invade por algo que podría pasar, debe hacer un alto en el camino y preguntarse: ¿Esto está pasando ahora mismo o está pasando solo en mi cabeza? La mayoría de las veces te das cuenta de que estás sufriendo por un futuro que no existe.. Como bien recordaba el filósofo romano, «es una tontería ser infeliz ahora porque vas a serlo más adelante». Así que, cuando la mente empiece a rodar una película catastrófica, lo que hay que hacer es apagar la pantalla.
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